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2021-01-31 00:00:00

Crítica: «Druk. Otra ronda»: Suave licor, dulce tormento

Por Lorena Loeza

Es casi imposible no asociar una copa de vino, u otra bebida con alcohol, con un momento o pasaje de nuestras vidas que no sea agradable, placentero o festivo. En todo el mundo, el consumo de alcohol es parte de un rito colectivo y hedónico de cómo aprender a disfrutar la vida.

Esta cinta parte de este razonamiento también. ¿Qué hay en una copa de vino que nos devuelve las ganas de reír, disfruta y sonreír? Thomas Vinterberg, decide contarlo en “Druk. Otra ronda más” (Dinamarca, 2020), alrededor de cuatro personajes comunes, y de una historia que a ratos es una comedia, a ratos un drama y en algunos momentos una cínica farsa de las cosas que pretendemos esconder para no ocuparnos conscientemente de ellas.

“Druk.", es una alucinante película danesa que vuelve a conjugar el talento de Vinterberg con el de su actor amuleto, Mads Mikkelsen, que se encuentra en un afortunado momento de madurez en su carrera, mismo que le permite construir este personaje cargado de matices y de transformaciones asombrosas.

Al igual que en sus trabajos anteriores juntos (“La Caza”, 2012; “La Celebración”, 1998) el nivel de comprensión y complicidad entre ambos, se hace más que evidente para ofrecer una narrativa interesante y cuestionadora.

“Druk” nos muestra a cuatro hombres en la crisis de la edad madura, mientras tratan de lidiar con batallas personales en diferentes rubros: crisis de matrimonio, trabajo poco estimulante, soledad, familias demandantes, entre otros.

Como casi una revelación, a los amigos se les ocurre un día experimentar con el consumo de alcohol, tratando de encontrar un punto de consciencia entre la sobriedad y la embriaguez para mejorar el modo en que enfrentan la vida cotidiana.

Y si al llegar a este punto, usted lector o lectora dibujó una sonrisa en su rostro, es quizás porque la idea no nos parece descabellada, y en realidad la encontramos muy divertida. Vinterberg no hace otra cosa, en realidad, que confrontarnos con nuestras propias actitudes frente al alcohol, y con esa necesidad de evasión y escape que la bebida momentáneamente nos ofrece, obligándonos a preguntarnos: ¿De qué nos evadimos realmente usando como pretexto el alcohol?

Sin embargo y siendo al fin un juego, de inicio, la cinta transita entre esta divertida idea que daría para una comedia ligera, hacia el drama y la introspección. Y es justo en este punto donde Mads Mikkelsen recorre con las y los espectadores la angustia por el fracaso en todos los tonos dramáticos posibles, sin guardarse nada por mostrar frente a la cámara.

El resultado es más que sorprendente, una auténtica montaña rusa de emociones, entre deslumbrante y agridulce que no deja a nadie indiferente.

Lo más interesante de todo, es la ausencia del juicio moralizante, de intentar con algún propósito oculto sentenciar o juzgar a quien busca otras formas de evadir su realidad. Al final, lo que tenemos es la vida misma, la necesidad de afrontarla, de buscar la felicidad y la compañía, y si es posible, salir con vida después de todo eso.

“Druk” es una joya narrativa, realizada en el mejor momento creativo de un monstruo de la actuación como es Mikkelsen y en un momento de la historia contemporánea que nos recuerda que teníamos una vida compartida y con todo, nos gustaba vivirla. Eso, vale la pena recordarlo ahora, y si es posible, mejor hacerlo con una copa de vino en la mano.