Por Hugo Lara
“Proyecto fin del mundo” (Project Hail Mary, 2026) es una película de ciencia ficción que integra aventuras y comedia. Dirigida por la mancuerna formada por Phil Lord y Christopher Miller (“The Lego Movie“, 2014; “Spider-Man: Un nuevo universo“, 2018, entre otras), está basada en un guion de Drew Goddard y Andy Weir (autor de la novela original publicada en 2021), que narra la amenaza que vive la Tierra por unos organismos que devoran al sol, por lo que la comunidad internacional organiza una misión a un planeta de otra galaxia donde se ha detectado que existe una forma de contrarrestar a los llamados “astrófagos” que, por otra parte, son fuente de una potente energía capaz de propulsar naves a los confines del universo.
Para ello, reclutan a un joven desparpajado y brillante científico, Ryland Grace (Ryan Gosling), quien contra su voluntad es enviado en la nave expedicionaria, la Hail Mary, junto a otros astronautas. Sin embargo, es el único que sobrevive al viaje y, en la soledad del espacio, encuentra para su sorpresa a un extraterrestre, Rocky, que tiene idéntica misión y que también es el único que ha sobrevivido en su nave. Así, los dos unen fuerzas para cumplir sus objetivos y regresar a salvar sus respectivos planetas.
El filme está narrado con flashbacks y flashforwards, lo que nos permite conocer al personaje protagonista gradualmente, Grace, quien ejerce como maestro de secundaria aunque su talento visionario es detectado por la cabeza de la misión espacial, la alemana Eva Stratt (Sandra Hüller). EL planteamiento, algo enredado, cede su lugar al cabo de los minutos iniciales al corazón del filme, cifrado en la amistad que, hacia la segunda parte del metraje, desarrollan Grace y Rocky, un ser vivo inteligente con forma de cangrejo de piedra. Los dos personajes tienen que encontrar la forma primero de comunicarse y luego de poder adaptarse uno al ambiente del otro, toda vez que sus condiciones biológicas no les permiten estar bajo las mismas condiciones.
Así, el filme va encontrando la forma para que estos dos náufragos del cosmos puedan vincularse, unirse y complementarse dentro de una entrañable camaradería, como Robinson Crusoe y Viernes o, mejor, como las películas “E.T.” (Spielberg, 1982) y, especialmente, “Enemigo mío” (Enemy Mine, 1985), estupenda película de Wolfgang Petersen, la referencia más directa con una premisa similar. Además, como película de supervivencia en el universo, algo abreva de otras cintas como “Gravedad” (Gravity, 2013) de Alfonso Cuarón y “Marte” (The Martian) de Ridley Scott, entre otras.
Asimismo, “Proyecto fin del mundo” tiene el acierto de mantenerse en un tono antisolemne, al que aporta la simpatía y gracia de Gosling, que reafirma sus reflejos naturales para la comedia. Así, la película resulta amable y ligera, conmovedora en un buen tramo, basada en la fórmula del bromance, es decir, una trama de amistad entre dos personajes diferentes. La narración se enriquece con una eficaz banda sonora con la partitura original de Daniel Pemberton y exitosos temas populares a cargo de un abanico ecléctico de intérpretes: Harry Styles, Mercedes Sosa, The Beatles y otros. Igualmente, el director de fotografía Greig Fraser y el equipo de diseño de producción logran capturar la grandeza de esta aventura interestelar, a través del retrato de los personajes y de elementos como la nave humana y la del extraterrestre, que posee un diseño alucinante y monumental de estructuras de bronce.
En suma, “Proyecto fin del mundo” resulta una película divertida y entretenida, armada con buena solvencia técnica y creativa, que tiene aspiraciones modestas pero bien sazonadas para dejar en el público un grato sabor de boca.

