Por Hugo Lara Chávez
Instalada en La Merced la carpa del “Circo Gringo”, el tan musculoso como salvaje lanzador de cuchillos, Orgo, en pleno cachondeo con la mujer tatuada, es sorprendido por su esposa Concha (Blanca Guerra), la trapecista, seguidora de un grupo de fanáticos religiosos que adoran a Santa Lirio, una santa violada a quien sus victimarios le arrancaron los brazos. Por despecho, Concha le quema los testículos a Orgo, y éste, rabiando y agonizando, le amputa los brazos a su esposa. Fénix, el niño mago hijo de Orgo y Concha, presencia toda la escena y queda traumatizado.
Años después, el joven Fénix (Alex Jodorovsky) es rescatado por su madre del manicomio al que ha sido confinado. Fénix, es a partir de enonces, los brazos de su progenitora, brazos que sirven para matar a todas las mujeres qe se le acercan.
El añejo director Alejandro Jodorowsky relata con “Santa sangre” la extraña relación entre madre e hijo, una relación sórdida y alucinante. Con el conocido estilo del director, donde es llevada al extremo una situación, en medio de un ambiente grotesco, escatológico, donde la miseria humana se impone a las virtudes, “Santa sangre” es una historia fantástica que aprovecha visceramente estas características, donde se exponen las desviaciones, los temores y las inquietudes.
El joven Fénix, prisionero de la voluntad de su madre, debe responder y obedecer a los desquiciados deseos de su madre, como lo harían los brazos al cuerpo. Su desesperada situación, su sueño de convertirse en el hombre-invisible, están regidos por la terrible experiencia de su madre, por el fanatismo de ésta y por su misoginia. “Santa sangre” es una historia que no permite la inhibición o el ocultamiento del estercolero humano, sino que al contrario, lo exhacerba, ya en un modo surreal, ya fantástico, ya grotesco o ya cotidiano.
Las putas gordas, la estridente combinación de sonidos, de múisica popular, de ambientes viciados y sórdidos, están en la búsqueda drámática de incomodar, de inquietar y de angustiar. El thriller, la serie de asesinatos misteriosos, llevan a Fénix por un largo y espinozo camino hacia la liberación, hacia la purificación emocional que guía una joven muda: copado por la policía, Fénix se entrega, reconociendo por fin sus manos como tales, y no como extremidades de Concha. Un final que, comparativamente al resto de la anécdota, es feliz. Una felicidad tan engañosa como sarcástica.
Aunque sea vistosa la coordinación entre brazos-cuerpos, hijo-madre respectivamente, y aunque el énfasis de una delirante historia de crímenes esté matizada por cierto esteticismo, cierto rubor de, ambiguamente, delicadeza y catástrofe, Jodorovsky navega por la espectacularidad y la grandilocuencia, por los esuquemas desviados del humano que no se subliman, que se atascan barrocamente, como la secuencia del cortejo de un elefente, sepultado en una barranca para que los miserables lo deboren salvajemente. No es una destilación de surrealismo, cine gore y episodio fantástico, es un performance que lapida a la armonía, que harta, que hostiga visceralmente a los sentidos del espectador.
Jodorovsky reexperimenta los elementos comunes de su obra. No es una renovación de su propuesta vanguardista de años atrás. Se trata de una reincidencia, un reencuentro con sus preocupaciones, con sus asquerosas obsesiones.
“Santa sangre” sabe capturar y amontonar una vasta serie de elementos del cine de suspenso (aunque usando una forma maquillada de la “Psicosis” de Hitckcock), al ambiente macabro y putrefacto se le agregan los símbolos, los objetos de culto, y a sus personajes se les baña con patologías. La crítica es tan rabiosa, tan alucinante como terriblemente impactante. Un efecto desagradable, obseno. Finalmente, como toda la obra, el delirio se mezcla con la realidad, se confunde y se define todo como una ilusión, se describe todo como una gran pesadilla.
“Santa sangre”, ganadora del Gran Premio de Cine Fantástico de París, no da para medias tintas: una película interesante que tiene una colosal cifra de elementos, pero que atrae o es repelida desde su primera secuencia. Lo único común en ambos casos es que provoca una misma sensación: pestilencia. Se exhibirá en la Cineteca Nacional.
SANTA SANGRE (Italia, l989) Director: Alejandro Jodorovsky. Productor: Claudio Argento. Guión: Alejandro Jodorovsky, Roberto Leoni y Claudio Argento. Fotografía: Danniele Nannuzi. Música: Simon Boswell. Edición: Mauro Bonnanini. Con: Alex Jodorovsky, Blanca Guerra, Guy Stochkwell, Thelma Tixou.

