Por Ali López

Lo primero que habrá que entender es que la historia genérica de Super Mario (tanto en la pantalla como en ese origen de videojuego) no es una historia romántica. Su trama se centra el orden. Es verdad que hay que salvar a la princesa del dragón, pero el final no es la boda, ni siquiera el ‘vivieron felices para siempre’. Todo culmina con la restauración del deber ser: la realeza al castillo, las tortugas a la ponzoña y los fontaneros al brazo fuerte del servicio público.

Esto, incluso, podemos verlo en la anterior película, Super Mario Bros.: La película (2023), de la hoy saga cinematográfica de Nintendo. El villano Bowser buscar contraer matrimonio con la princesa Peach, que no solo rechaza la fealdad del susodicho, sino el concepto mismo del matrimonio, de la unión de mundos que están destinados a estar separados. Hay tentación, claro, hay una intención de romance y cursilería, pero no es un fin por sí mismo.

Así, podemos entender cómo funciona la extensión de una historia simple en diversos ambientes de fondo. El mcguffin será la damisela, pero el propósito no es solo estar con ella, es que todo vuelva a ser como antes era; antes que un invasor externo trastocara lo establecido y formado por tantos años (alusiones a la expedición Perry aparte). Esta segunda entrega, Super Mario Galaxy: la película (Aaron Horvath, Michael Jelenic,Pierre Leduc | 2026) va un poco por más de eso mismo.

Con Bowser minimizado, el orden parece haber regresado al Reino Champiñón. Sin embargo, un legado vil del rey de los koopas, nada más y nada menos que Bowser Jr., hará lo posible por restablecer a su padre como el villano máximo de ese universo de ficción. Así, Mario, Luigi y la princesa Peach se verán otra vez forzados a abandonar las delicias de lo cotidiano para no dejar que la galaxia sucumba ante el mal que la amenaza.

Esta cinta está hecha y derecha para el fanático, no solo de esta saga de videojuegos, sino de toda la cultura geek que comenzó a forjarse hace casi 50 años, con el estreno de Star Wars: A New Hope (George Lucas | 1977). No es gratuito el paralelismo que hay entre esta trama y la del episodio IV. Un arma amenazante que destruye planetas y una princesa que no se limita a ser recompensa. Más allá de todo lo que pueda decirnos el señor Campbell, y de la calca de historias heroicas que nos encantan.

Porque la atribución de las mitologías de la cultura pop, como las de los antiguos griegos, ya escapan a un sistema de autor, de alguna forma, nos pertenecen. Necesitan, no solo de nuestros gastos en taquilla, sino de nuestra participación. Hay una lectura bífida desde la pantalla, ya que aquí se toma, tal vez como nunca antes, la presencia del espectador de cine desde el otro lado. Puro y simple Fan Service, sí, como en el punto más bajo del UCM.

Más allá de lo que pueda beneficiar o perjudicar esto al séptimo arte, hay que entender que este cine es otro cine. Es uno estridente, donde todo sucede al mismo tiempo, donde hay una lectura semiótica intensa, que no solo contiene los signos propios de su trama, sino la de todos los hilos que guían ese momento estético. Por fin, la historia ha dejado de ser lineal para volverse dialéctica. No nos es posible entender un simple cuadro sin la lectura de otras tantas capas de información que, además, ya no habitan nada más en el plano de la pantalla cinematográfica. Lo está en todo soporte audiovisual que, sobra decirlo, son cada vez más.

¿Es entonces Super Mario Galaxy: La película, una buena cinta? No del todo. Porque más allá de más condiciones estrambóticas de su estética, a mi parecer, falla en lo que acertó su predecesora. Allá, la puesta en escena fue similar, la historia, también fue guiando un guiño tras otro hasta que hilvano una historia simple, pero coherente; con una estructura dramática que cumplió; así de simple.

En esta secuela, sin embargo, la trama se pierde en los gags. En las atracciones que uno ve montado en la montaña rusa. Hay otra historia, igual de llana y simple, pero sus pretextos están colocados al servicio de la máxima potencia. Es muy bueno ver las referencias a otras referencias de Nintendo, sin duda, pero la inclusión de Fox Mcloud no es más que un hypeo sin sentido; el personaje se pierde y no logra encantar ni dentro ni fuera de la pantalla. Lo cual es una lástima, porque sin duda es una saga que necesita un revival; pero hasta los pikmin tiene más sentido que el piloto galáctico que bien, y mejor, pudo haber sido una versión multiversal de Han Solo.

Emociona, claro, los personajes encantan y se convierten en temas de conversación (aún dentro de la sala de cine) pero se diluyen en un flujo de cultura pop que ya se presentó en el tráiler y demás artilugios promocionales. Y ese es el mayor pecado, no hay algo más, ni una sorpresa (por más que la escena postcréditos nos lo quiera vender), ni un gancho, ni un deseo de saber que más habrá.

Porque habrá tercera y cuarta parte, por supuesto. Pero si algo debían de aprender de Marvel es que: la emoción de las promesas sin cumplir tiene fecha de caducidad. Y en este mundo tan deslumbrante, tan fugaz y tan corto de memoria; uno tiene el riesgo de perderse en su propio laberinto de luces neón.