Por Hugo Lara Chávez
Hillary (Julia Roberts) es una mujer vulgar e inculta de clase baja y de poca fortuna amorosa. Aspirando a ocupar el puesto que aparece en el periódico solicitando una joven con conocimientos de enfermería, Hillary es contratada por Víctor (Campbell Scott), un brillante joven millonario enfermo de leucemia. La pareja empieza a conocerse, aprenden cosas nuevas uno del otro y se enamoran, pues Víctor no está dispuesto ha seguir atado a su posesivo padre y desea anhelosamente vivir intensamente lo poco que le queda.
El director Joel Schumacher, después de algunas interesantes películas como “St. Elmost fire” o “Los muchachos perdidos” ya había enseñado el cobre con su dudosa cinta “Línea mortal” (1990). Pero con “Todo por amor” de plano se saltó la barda. Si la historia peca de previsible y melosa, no debe olvidarse también la poca sutileza de Schumacher para tratar la anécdota de un personaje enfermo y su ímpetu por vivir. En cambio el director lo esboza de un modo torpe, que convierte al personaje en un sospechoso Edipo. El guionista y el director se van por lo fácil y a lo largo de la trama van de chantaje en chantaje, en una historia de amor que no trae nada atrás.
Schumacher está marcado ya por su ligereza, su superficialidad y su sentido de la emoción distorsionado por la sensiblería barata.
“Todo por amor” (“Dying young” EU 1991) Dir: Joel Schumacher. Con: Julia Roberts, Campbell Scott, Vincent D’Onofrio, Colleen Dewhurst, David Selby, Mus:James Newton Howard . Montaje: Robert Brown. Director de arte: Guy J Comtois. Foto: Juan Ruiz Anchía. Guión. Richard Friedemberg basad en la novela de Marti Lembah. Prod: Sally Field y Kervin MacCormick.

