Por Hugo Lara

Allá por 1991 tuve el gusto de conocer a la querida Busi Cortés, cineasta fundamental de su generación y representante de una camada de mujeres directoras muy aguerridas, que eran las primeras egresadas de las escuelas de cine que comenzaban a abrir paso a las películas hechas por mujeres en México, después de décadas en las que solo muy de vez en cuando aparecía una mujer con el crédito de directora, como la legendaria Matilde Landeta.

A Busi yo la conocí gracias a que la revista Dicine convocó al Primer Concurso de Crítica de Cine, del cual fui el ganador de primer premio con una crítica a su película más emblemática, “El secreto de Romelia”. Poco tiempo después tuve oportunidad de intercambiar puntos de vista con ella y establecer una relación amistosa en lo sucesivo. A días de su lamentable fallecimiento y como homenaje a Busi Cortés, me permito reproducir la crítica de aquel concurso. Cabe anotar que al leer esta reseña después de más de 30 años, me genera una sensación extraña, pues ahora escribiría sobre ella de otra forma y con otros argumentos, pero debo decir que la película me sigue gustando en varios sentidos y me parece muy valiosa dentro de su momento en el cine mexicano.

Es una pena que nos haya dejado Busi y también es triste que no haya podido filmar más que tres largometrajes, pues en lo personal siempre me quedé con ganas de ver más de su talento. Descanse en paz.

«El secreto de Romelia»

¿Cástula, si pudieras vengarte del hombre que te abandonó, lo harías? inquiere Román a su fiel sirvienta momentos antes de morir mientras redacta su solicitud de perdón a Romelia.

Ay, señor, yo soy mujer. Esas cosas son para los hombres.

La directora Busi Cortés lo tornará en asunto de mujeres, de mujeres de dos épocas: de madre e hija. Después de un largo tiempo de haber abandonado su pueblo en la juventud, Romelia Orantes (Dolores Beristáin) regresa con su hija única, Lola (Diana Bracho), y sus tres nietas para recibir la extraña herencia dejada por su marido, el doctor Carlos Román (Pedro Armendáriz). Sin embargo, Lola siempre creyó que su padre había muerto antes de que ella naciera, antes incluso de que él supiera que Romelia, su segunda esposa, estaba embarazada.

Transitamos en un viaje que a primera vista nos llevará de la supuesta simpleza de recibir una herencia hacia el develamiento de las intimidades de Romelia, de sus secretos de mujer y de madre, secretos que la sometieron y determinaron su vida a partir de que Román la devolvió a su familia al día siguiente de su noche de bodas.

Se establece en principio la diferencia generacional entre Romelia, la tradicional madre con firmes y rígidas convicciones morales, en contraste con Lola, una mujer actual, profesionista, politizada, divorciada y, finalmente, con sus nietas. Esta brecha generacional determina la variación en la percepción de una realidad que empuja a estas mujeres, incluso a la propia Romelia, a querer descubrir y aclarar el pasado; la inquietud de las nietas por explorarlo difiere exclusivamente en el método: curiosidad para ellas, incertidumbre filial en Lola, y en Romelia es ansiedad por despojarse del tortuoso secreto.

Busi Cortés, también autora del guion basado en el cuento “El viudo Román” de Rosario Castellanos, nos permite husmear inadvertidamente, toparnos con misteriosas notas, espiar a hurtadillas y atrevernos a hurgar en documentos velados. La historia y la dirección van hilvanando con los vestigios del pasado las razones por las que Romelia fue confinada a una vida dedicada al resguardo de un secreto, un secreto además condenado a ser divulgado y cuya poseedora, ella misma, tendrá la capacidad de madre y el valor de mujer para encararlo. La confrontación a la que se ve arrimada Romelia consigo misma y con su hija se debe a la invulnerabilidad del destino, a la consecución de hechos, a la constante causa-efecto a partir de un acontecimiento aparentemente ajeno que repercute en otras vidas, en este caso, el amor llevado hasta la muerte entre Rafael Orantes, hermano de Romelia, y Elena, primera esposa de Román. Casi como un proceso prevaleciente en esta sucesión, se establece el lineamiento que lleva del amor al perdón y por el cual se tropieza con el rencor y la venganza.

La confrontación no se detiene en la reflexión, aunque esta es muy importante. Hábilmente, Cortés centra el conflicto en la relación de Lola y Romelia, un conflicto entre madre e hija que no se estanca en los excitados reproches filiales, que impugna entre la razón y los sentimientos, que finalmente conciliados encaminan a la comprensión. Si bien la tarea de reparar los desperfectos emocionales es mucho más ardua debido a la edad del secreto y a la variedad de enfoques personales sobre el mismo, las soluciones posibles, como en el caso de Lola, solo a través del entendimiento femenino sobre un conflicto femenino. Gracias a ello resulta tan conmovedor que Romelia haya conservado la sábana manchada de su noche de bodas, prueba contundente que sin embargo no logró conjurar el desquite de Román a la mañana siguiente de su matrimonio, la prueba que su padre consideró insuficiente para desconfiar de la palabra de Román. La tragedia se había consumado y la familia Orantes se llevó la peor parte de las vergüenzas. La verdad era otra: tras la ignominia estaba Carlos Román, que al fin se bañaba de un hombre muerto.

La narración fílmica va adquiriendo matices de misterio, salpicados por elementos irreales, incluso fantásticos de tiempo y espacio. Esto es determinado por el ambiente en el que se incuba el secreto y también por el que se devela, cuya fuerza se ejercerá sutilmente entre los involucrados en él. Los fantasmas del secreto se tienen ante la memoria de Romelia, retando a ser descubiertos frente a su hija y como palpando el advenimiento del final. “Nadie muere hasta que uno también se muere“, advierte Romelia a Lola bajo el extraño influjo de presagiante locura y de sincera tristeza.

En “El secreto de Romelia”, Busi Cortés conforma un conglomerado descriptivo de emociones en constante interacción que se filtran entre todos los personajes, que por el juego de presente y pasado en base a constantes flashbacks anulan el tiempo. Lo que para unos es un amor que apasiona, que mata, para otros es un producto altamente inflamable de rencor o de tragedia que estigmatiza. Lo que hace semejantes y a la vez distintas esas emociones es su propia intensidad, sin que ninguna sea menor ni mayor que otra.

En la serie de flashbacks se fortalece la posibilidad de enfrentamiento entre la Romelia abuela, de vuelta en su pueblo, con la Romelia joven, proveniente de una familia tradicional provinciana en pleno cardenismo, empapada del severo código moral de los años 30. Se hilan dos historias de una misma persona diferenciada por los años: la joven, cuya etapa es la única relatada en el cuento original de Castellanos, y la abuela, puesta sobre distintas circunstancias de confrontación sustraídas de dos tiempos e integradas en un mismo espacio.

Con medios de dilación de la trama, aunque con peso secundario y como elementos de recreación ambiental, se hace uso de detalles simbólicos. El relicario de Romelia, que es un obsequio de Rafael, tiene una importancia fundamentalmente emotiva. En cambio, una mariposa negra contiene un sentido mágico contextualizado como elemento entre la fortuna y la desventura. Finalmente, el mayor de todos: la virginidad.

La complicación natural del género al que se mueve la película exige el mayor regateo posible antes de descubrir plenamente el secreto en cuestión. Sin embargo, Cortés escatima información, por lo que finalmente surgen confusiones. El peso de algunas claves es inconsistente y cae en el error de no enfatizar certeramente los pesos y contrapesos del enigma. Hay personajes que carecen de suficiente definición, como Rafael, que tiene suma importancia para el drama. Otros, en cambio, se enfatizan desatinadamente, como Cástula, que sufrió un desdibujo en el traspaso del texto original a la adaptación cinematográfica, pero a veces uno no deja de pensar que esto es atribuible a la torpeza de algunos actores (sobre todo la menor de las nietas), cuando dicen sus diálogos. “El secreto de Romelia” se vuelve un rumoreo escandaloso que no acaba de cuajar; se torna confuso y vago por momentos.

Sin embargo, la película no se enfrasca exclusivamente en dilucidar un enigma. A diferencia del cuento original de Castellanos, el personaje de Busi Cortés no es Román sino Romelia, y no en un afán gratuito condescender con ella. La película no nos chantajea con la desgracia de una mujer, sino que se sirve de ella para impregnarnos de un cálido ambiente femenino. Basta ver la cantidad de mujeres en el reparto, no en un tono trivial ni en un discurso pretencioso, sino patente a través de las diversas actitudes, como si fuera un diario íntimo caído en las manos de un extraño al que se logra conmover e inquietar, al que se le plantea una feminidad muy mexicana. No se trata de enmendar errores ni de refutar reproches filiales, sino de contemplar cómo se manifiestan y cómo dos almas femeninas se encuentran plenamente. La tragedia nos la dejan a media tinta y en una apiadada secuencia final nos hace entender que, de acuerdo al proceso de sus sentimientos, Romelia pasa del rencor al perdón. Después de todo, se merecía un poco más de felicidad.

“El secreto de Romelia” fue una coproducción del Centro de Capacitación Cinematográfica con el Cine, el gobierno africana, además de otras instituciones y el apoyo de varias firmas comerciales. Es destacable que contó con un importante respaldo colectivo de estudiantes del CCC, iniciando así este instituto un esfuerzo más por ingresar a los circuitos comerciales.

El secreto de Romelia

(México, 1988, Dur.: 109 mins.)

Director: Busi Cortés Guión: Busi Cortés, basada en la novela El viudo Román de Rosario Castellanos.. Dir. Fotografía: Francisco Bojórquez  Fotografía: Color  Música original: José Amozurrutia. Edición: Federico Landeros. Con: Diana Bracho (Dolores de Román), Pedro Armendáriz Jr. (viudo Román), Dolores Beristáin (Romelia Orantes), Arcelia Ramírez (Romelia, joven), Alejandro Parodi (don Rafael Orantes), Josefina Echánove (Cástula), Nuria Montiel (Romi).  Productor: Eduardo Maldonado. Productora: CCC, Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica, CONACINTE Dos, Coordinacion de Radio, Cine y Tv. del Estado de Tlaxcala, Universidad de Guadalajara.. Clasificación: B.

Por Hugo Lara Chávez

Cineasta e investigador. Licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana. Director-guionista del largometraje Cuando los hijos regresan (2017). Productor del largometraje Ojos que no ven (2022), entre otros. Director del portal Correcamara.com y autor de los libros “Pancho Villa en el cine” (2023) y “Zapata en el cine” (2019), ambos con Eduardo de la Vega Alfaro; “Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos” (coordinador) (2015), “Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-201” (2011) con Elisa Lozano, “Ciudad de cine” (2010) y"Una ciudad inventada por el cine (2006), entre otros.