Por Pedro Paunero

Cuando Alisdair murió, su hija Helen, investigadora del Jesus College, de Cambridge, adquirió un azor, un ave de presa usado desde la antigüedad en cetrería, para ocuparse de una actividad que le hiciera sobrellevar el duelo. Sus experiencias las pondría por escrito en el libro “H is for Hawk” (2014), que se haría acreedor del Samuel Johnson Prize y el Costa Book of the Year. En este trabajo autobiográfico, leemos sobre la mancuerna íntima que había entre padre e hija, una complicidad basada en la comprensión mutua y el amor. Durante constantes escapadas con Alisdair, Helen fue testigo, por ejemplo, de su temeraria actitud ante la oportunidad de captar el momento exacto en una fotografía. Los intereses de ambos en el mundo natural complementaron una dupla que se divertía, y aprendía uno de la otra, y al revés, siempre al margen del resto de la familia. En una entrevista a The Guardian, Helen expresó sobre esa fusión de géneros de un libro catártico que, a la vez, le sirvió como indagación artística, y que la llevó a ganar el premio Samuel Johnson:

Si bien el eje central del libro son las memorias del año en que perdí a mi padre y entrené a un halcón, también hay otros elementos entrelazados en esa historia que no son memorias. Existe una biografía paralela de T. H. White (el autor de La espada en la piedra y de El azor, donde narra sus intentos de entrenar un azor), y también mucha literatura sobre la naturaleza. Intentaba que estos diferentes géneros dialogaran entre sí.   

El británico Alisdair Macdonald trabajó como fotógrafo para el Daily Mirror durante casi tres décadas. Entre sus trabajos más reconocidos se cuentan la serie que tomó durante la gira Olympia, de los Beatles, en 1963. Pero Macdonald también fotografió tanto la humana cotidianidad de Margaret Thatcher, de Mick Jagger o de Michael Cane como la de un obrero que había perforado, sin quererlo, una tubería de agua en Pilmico, en la cual se le ve visiblemente apenado, caminando con un martillo neumático arrastrado tras de sí, escoltado por policías, y que se hiciera acreedora del primer lugar del World Press Photo, en la Categoría de Humor, en 1989. Alisdair murió inesperadamente en 2007, víctima de un infarto. Cuando Helen se enteró paulatinamente cayó en un estado de depresión, contra el cual luchó intentando entrenar un azor hembra, a quien nombró Mabel (cuyo significado en latín es “adorable”), por esa superstición entre cetreros de que, entre más dulce el nombre, el ave resulte más fiera.  

En 2024, las productoras Film4 y Plan B Entertainment compraron los derechos para adaptar el libro. La película sería dirigida por Philippa Lowthorpe, especializada en telefilmes y series de televisión, entre las que destacan “Jamaica Inn” (2014), una nueva (y pésima) adaptación de la novela de Daphne du Maurier que Hitchcock ya había llevado a la pantalla mucho mejor, en el lejano 1936, pero que se resarciría con “Swallows and Amazons” (2016), adaptación de un clásico infantil escrito por Arthur Ransome, que supera a la serie de la BBC de 1963. En la película, que fue escrita por Emma Donoghue, autora irlandesa finalista del Premio Booker, es Claire Foy quien interpreta a Helen con convicción, mientras Brendan Glesson a Alisdair, de una manera divertida y conmovedora, y a quien conocemos mediante flashbacks, que se traducen como escapadas mentales de una Helen cada vez más afectada mentalmente.

La escena en la cual Helen adquiere el azor, acompañada de Christina (Denise Gough), su nueva cómplice de aventuras y amiga incondicional, se nos presenta como una transacción clandestina, a la cual Christina se refiere como a un acto fuera de la ley (“parece que vamos a intercambiar drogas”), con el vendedor cargando dos enormes cajas de madera, a las que se les han practicado agujeros para transportar las aves en la parte trasera de su vehículo y que entrega, a cambio de la cantidad de dinero pedido, unos papeles arrugados, ofrece una idea del tráfico de especies, acto al que Helen se enfrentará cuando unos jóvenes la cuestionen durante una conferencia ecologista, como a una persona que “lleva la muerte” al utilizar al ave para cazar. Helen, sin ambages, responderá como sólo un biólogo podría hacerlo: “la muerte nos rodea, los animales que Mabel caza son aprovechados, porque los consumimos”.  

Producida por Brad Pitt, y con una fotografía naturalista digna de mención, con unas tomas a ras de suelo que realmente vuelven al espectador un compañero del azor durante sus momentos de cacería, por parte de la cámara de la danesa Charlotte Bruus Christensen (“Submarino”, de Thomas Vinterberg, “La chica del tren”, de Tate Taylor), adscrita al movimiento del Dogma 95, la película se inclina hacia el filme documentalista -que no documental-, cuya técnica se supedita a la trama, sin opacar al resto del drama.

“H is for Hawk” podrá pasar por otro filme biográfico sentimentaloide, pero los pocos detalles sobre el arte fotográfico, la cetrería, (mejor desarrollados en el libro, aligerados para efectos dramáticos en la película), o el arte mismo de narrar del cual prescinde (los capítulos dedicados a T. H. White), lo hacen entrañable y hasta catártico, como lo hacía la insatisfactoria “Hacia rutas salvajes” (aka. Camino Salvaje, Into the Wild, Sean Penn, 2007), cuyo libro fuente constituye un extraordinario alegato en pos del reconocimiento de un peregrino moderno. En una palabra, “H is for Hawk” cumple con su cometido al retratar -con cierta ligereza-, los motivos de la depresión por el duelo y la pérdida de un ser amado, y las increíbles maneras de luchar contra ello.    

Por Pedro Paunero

Pedro Paunero. Tuxpan, Veracruz, 1973. Cuentista, novelista, ensayista y crítico de cine. Pionero del Steampunk y Weird West. Colabora con diversos medios nacionales e internacionales. Votante extranjero de los Golden Globe Awards desde 2022.