Por Lorena Loeza

Hasta hace algunos años, las películas, series y k-dramas de manufactura coreana rara vez llegaban a México de manera accesible o masiva, y cuando lo hacían, muchas veces pasaban desapercibidos. El cine oriental nos parecía lejano al público de habla hispana y, más allá de algunos ejemplos muy universales, formaba parte de una experiencia cultural con pocos elementos comunes a nuestra idiosincrasia.

Sin embargo, en los últimos años, el cine y en general, la industria coreana de entretenimiento ha ganado gran popularidad en nuestro país y en América Latina, gracias a las plataformas de streaming, festivales de cine y la recomendación boca a boca, sobre todo entre el público joven.  Ejemplos destacados de ello son “Parásitos” (Bong, 2019), “Estación Zombie: Tren a Busan” (Yeon, 2016), “Burning” (Lee, 2018), Drive My Car (Hamaguchi, 2021) y “La decisión de partir” (Park, 2022), que han captado la atención del público tanto por sus historias, como su calidad cinematográfica.

En particular, el interés por el trabajo de Park Chan-wook ha crecido hasta consolidarlo como uno de los directores coreanos más conocidos y apreciados en el mundo. Sus películas destacan por su estilo visual distintivo, tramas complejas y exploraciones profundas de la moralidad humana, encontrando eco en una audiencia que busca propuestas alternativas a las que ofrece el cine hollywoodense. Títulos como “Oldboy” (2003) – hoy considerada de culto- “Sympathy for Lady Vengeance” (2005) y “La decisión de partir” (2022) han consolidado a Park como uno de los creadores más influyentes de la actualidad.

Su más reciente cinta, “No Other Choice” (No hay otra opción, 2025), se ha convertido en una de las producciones más destacadas del año por su mezcla de comedia negra, thriller y crítica social. La historia sigue a Yoo Man-su, un trabajador con más de 25 años de experiencia en la industria papelera que, tras ser despedido por una compra corporativa, enfrenta la desesperación por no saber cómo mantener a su familia a partir de este momento. Al fracasar persistentemente en sus intentos de conseguir empleo, maquina un plan tan audaz como desgarrador: decide eliminar a sus competidores para asegurar un puesto sin competencia, lo que convierte la trama en una sátira muy oscura acerca de la precariedad laboral y la competencia laboral deshumanizada.

La historia logra impresionar al público al proponer nuevas conversaciones acerca del miedo colectivo hacia una nueva era, dominada por la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías que amenazan con desplazar habilidades en los centros de trabajo. Esta capacidad de mostrar en tono satírico un temor tan actual y universal es, sin duda, uno de los mayores aciertos del guion, que es una adaptación de la novela “The Ax de Donald Westlake”.

La dirección de Park Chan-wook por su parte, aporta su estilo visual característico y una narrativa que combina tensión y humor ácido. El elenco está encabezado por Lee Byung-hun, actor muy conocido internacionalmente gracias a su participación en populares k-dramas y la serie El Juego de Calamar (Netflix), acompañado de Son Ye-jin, Park Hee-soon, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran, Cha Seung-won y Yoo Yeon-seok, quienes refuerzan la intensidad dramática de la historia en distintos momentos, de esta singular aventura.

Si bien podría decirse que se trata de una comedia, la verdad es que es muy difícil no salir de la sala con el corazón encogido por haber conocido a un personaje tan intensamente trágico. Es justo esa intensidad lo que hace que esta película permanezca en tus pensamientos mucho después de haberla visto. Y no sólo eso: que la reconozcas en tu entorno y hasta que empatices con esta “solución” tan brutal como desesperada ante la falta de empleo.

En definitiva, “No hay otra opción” es mucho más que una simple película: es un espejo incómodo que refleja la ansiedad contemporánea frente a la incertidumbre laboral y la erosión de la empatía en una sociedad regida por la competencia. Park Chan-wook logra, una vez más, conmover y provocar la reflexión, invitando al espectador a cuestionar no sólo la realidad coreana, sino también la propia. Así, la cinta se convierte en una obra relevante y necesaria, capaz de dialogar con quienes han sentido alguna vez que las circunstancias los orillan a lo impensable, y que en su desesperación, están dispuestos a pagar cualquier precio, con tal de sobrevivir.