Por Lorena Loeza
Daniel Gímenez Cacho, elige contar esta historia para su ópera prima como director, y no deja de llamar la atención la audacia en el tono y el estilo con que lo hace. Un thriller con tonos surrealistas que no pocas veces provocan angustia y terror en quien sigue esta historia dramática con tintes de pesadilla
Juana es una historia ambientada en la Ciudad de México que sigue el día a día de una periodista marcada por una existencia solitaria y traumas que ha intentado sepultar para seguir adelante durante más de una década. Trabaja en el archivo de periódico y visita con frecuencia a su madre, quien vive con demencia en una casa de retiro fuera de la ciudad. Su rutina se quiebra cuando reaparece un nombre que desata recuerdos dolorosos: un político corrupto vinculado a una red de pornografía infantil y sospechoso de los asesinatos de Armando —su novio— y Joaquín —su colega— quienes investigaban junto con ella el caso.
La reaparición de Núñez despierta en Juana una fuerza que creía perdida. A pesar del peligro, decide enfrentarlo y buscar justicia, aun cuando ello implique confrontar sus propios fantasmas, su propia historia de violencia y las heridas que el machismo patriarcal ha dejado en su vida desde que era una niña.
La película entrelaza temas como violencia familiar, feminicidios, agresiones contra periodistas y la lucha por la verdad, construyendo un relato íntimo, social y político a la vez. Esta intimidad, es lo que roza con el surrealismo, al punto de confundir la ensoñación y los recuerdos con lo que pasa en la realidad.
Este recurso narrativo hace a la película compleja seguir en ocasiones, ya que el relato es difícil de comprender a la primera, a la vez que se va develando con lentitud. Eso puede confundir al público mientras espera los elementos que le hagan deducir la trama por sí mismo, ya que nunca se cuenta de manera lineal ni explícita.
También hay algunos cabos sueltos que no amarran del todo al final., historias alternas que no se desarrollan, y que pueden quedarse como asuntos pendientes en la narración.
Sin embargo, ello no le resta fuerza ni validez al planteamiento central: Juana es una película que articula lo íntimo y lo político. No sólo cuenta la historia de una mujer que enfrenta a su agresor, sino que expone cómo las violencias patriarcales, la corrupción y la impunidad se entrelazan para moldear vidas enteras. Juana no es una heroína clásica: es una sobreviviente que decide actuar aun sabiendo que el costo puede ser altísimo.
Otro aspecto destacado en la película son las actuaciones. Gracias a su experiencia como director teatral además de su propia trayectoria actoral, Giménez Cacho, logra interpretaciones sobrias, intimistas, profundas y sobrecogedoras. No sólo la de Diana Sedano que interpreta a Juana, personaje central y que sostiene toda la historia, también destaca Margarita Sanz, que interpreta a la madre de Juana, un personaje complejo, entre la demencia y la fragilidad que sin duda requirió de mucho enfoque y valentía para interpretarla. Completan el cuadro otras actrices destacadas como Nailea Norvind y Ángeles Cruz, además de Arturo Ríos, Antonio Fortier y Francisco Denis.
La película propone una reflexión sobre la memoria como acto de resistencia, la verdad como forma de justicia y la valentía cotidiana de quienes, como Juana, se niegan a desaparecer recordándonos que la lucha no termina mientras existan voces dispuestas a desafiar el silencio y la impunidad.

