Por Hugo Lara Chávez
Desde París
En su evolución, el cine animado se ha puesto a sí mismo cada vez retos más difíciles: técnicamente pretende alcanzar la utopía de la perfección; y narrativamente, el aplauso al unísono de chicos y grandes. Nos referimos al cine animado que busca al público familiar, el mismo que encumbró a Disney desde Blanca Nieves y los siete enanos (1937) y que luego revolucionó Pixar a partir de Toy Story (1995). En esta brecha se halla Mi villano favorito (Despicable me, 2010), un filme que tiene la consigna de divertir a los niños y sus padres, por igual.
Mi villano favorito es dirigido al alimón por Pierre Coffin y Chris Renaud, aunque otro crédito destacado pertenece al productor Christopher Meledandri, un viejo lobo de mar que fue el jefe de la división de cine animado de la 20th Century Fox, y quien presume en su curriculum títulos tan taquilleros como La Era del Hielo (Ice Age, 2002).
Después de esa experiencia, Meledandri ha comenzado su propio camino, a través de llumination Entertainment, la compañía que respalda junto a Universal Studios a Mi villano favorito, una fábula sobre Gru, un personaje que ambiciona consagrarse como el más malvado del mundo, y con tal fin urde un descabellado plan para robarse la Luna. Para ello, se ve obligado a adoptar tres pequeñas huérfanas —Agnes, Edith y Margo— que, a la larga, le cambian la perspectiva de la vida. Encima, tiene que enfrentar la desleal competencia de un joven villano estrambótico, Vector, y el desprecio de su propia madre.
Como marca la tendencia, Mi villano favorito es un filme producido en 3D, con la tecnología digital más avanzada, para generar animación por computadora (CGI). Cinemanía tuvo la oportunidad de visitar los estudios de esta producción, en París, para conversar con los responsables creativos, además de entrevistarse en la Ciudad de México con Meledandri.
Un universo de supervillanos
Quizá lo más difícil de una película de animación —y de cualquier otro género— es crear con solidez su propio universo, es decir, “su estilo”, los códigos visuales y, sobre todo, los narrativos, que harán que el espectador no los cuestione, o bien los acepte con agrado, por más disparatados que sean. En Mi villano favorito esta apuesta está basada en la concepción de un mundo habitado por supervillanos que compiten entre sí, echando mano de ingeniosos gadgets, naves fabulosas e inventos estrafalarios, en la tradición de James Bond, con una abundante carga de psicodelia en la creación de los ambientes.
“Frente a una película de animación, creo que la audiencia responde más que nada a la riqueza de los personajes –asegura Meledandri— que sean capaces de hacerlos reír y llorar. Y la experiencia de esta película, más que el espectáculo visual, en realidad proviene de qué tan conmovedores, divertidos e interesantes son los personajes”.
La numeralia de la producción, como casi todas las de esta índole, puede parecer impresionante: 200 especialistas que han trabajado en el diseño de unos 80 sets y 150 personajes, objetos o vehículos, que exigen cada uno no sólo atención en el aspecto de la animación, sino en la forma de crear y aplicar las adecuadas texturas, colores e iluminación, o bien para darle consistencia a la anatomía y ergonomía de los movimientos.
Esta labor ha exigido la mayor creatividad de los directores de Mi villano favorito, el tándem Coffin–Renaud, ambos debutantes en un largometraje, aunque con experiencia previa en la animación, además de contar con un ejército de dibujantes, diseñadores y artistas de varias especialidades que ocupan dos pisos del edificio donde se encuentran los estudios MacGuff, en una zona céntrica de París, a un kilómetro de la Torre Eiffel. Dentro de ese colectivo participan en tareas destacadas el director de arte Eric Guillon y el especialista en efectos visuales Pierre Vilette.
“La idea original vino de Sergio Pablos — explica Renaud— que tiene una reconocida experiencia dentro de la animación. Él nos trajo un argumento acerca de un villano megalómano y tres pequeñas huérfanas. El guión fue desarrollado posteriormente en varios tratamientos, por Ken Daurio y Cinco Paul. Hay cosas que nunca estuvieron en el guión, como los minions, así como la contribución que hicieron los propios actores, en particular Steve Carell (quien hace la voz de Gru, en la versión original), durante la grabación de las voces, que se realizó previamente al proceso de la animación”
Los minions, en efecto, son un grupo de personajes que más entusiasman a los realizadores del filme. Se tratan de unas chaparras y simpáticas criaturas que sirven como ayudantes de Gru y quienes establecen un vínculo tierno y amistoso con las tres huérfanas. “Me siento orgullo de los minions –comenta Guillon, director de arte— porque son creaciones originales, tienen mucha gracia y cada uno tiene detalles particulares que les dan una identidad individual a cada uno”.
Para el grupo, la originalidad es un aspecto que subrayan de Mi villano favorito, porque les ha permitido imaginar alternativas inéditas para contar una historia que guste a niños y grandes, con la complejidad que eso representa. “Creo que la película es visualmente muy diferente y original –asegura Meledandri—, gracias a la aportación de creativos como Eric Guillon, que diseñó todos los escenarios, o de Carter Goodrich, que concibió los personajes. No es una historia que venga de un remake o una secuela. Además, visualmente es muy llamativa, pero creo que lo mejor de todo son los personajes mismos, entrañables y simpáticos. Cuando fui visitado por Sergio Pablos, quien me narró esta historia de Gru, inmediatamente me di cuenta de que era excepcional. Fue la respuesta más veloz que he dado para comprometerme con una idea, en 20 años de estar en este negocio. El resultado fue una producción de unos tres años, que para los estándares de animación es muy rápida”.
La villanía como protagonista
Es una curiosidad de Mi villano favorito el hecho de que, justamente, sea un villano el protagonista de la historia, bajo la idea de darle un giro de tuerca a estos personajes, que para muchos espectadores resultan más interesantes y complejos que, incluso, los héroes mismos.
“Parte de los villanos es que suelen ser personajes muy interesantes — reflexiona Coffin— como Darth Vader o el Guasón. Uno de los retos del filme era enfocarse en un villano pero convertirlo en un héroe atractivo para el público familiar”. Aunque desde cierto ángulo, Gru no sólo recibe la herencia de aquellos grandes malvados del cine, sino que también guarda semejanzas con personajes como el inspector Clouseau, o incluso con Mr. Bean, que se balancean entre lo intrépido, lo inocente y lo enternecedor.
Bajo esta luz, guionistas y realizadores trabajaron para hacer funcionar los resortes de la trama, a partir de la transformación de un personaje que comete actos criminales descabellados, pero que en el fondo inspiran simpatía, sobre todo cuando se comienzan a descubrir lo que simbolizan las relaciones humanas alrededor de él, sea con su madre, y luego con las pequeñas huérfanas. “Queríamos centrarnos en algún tipo de acto criminal que fuera ridículo —comenta Coffin— y como es una película familiar,no tenía que ser realmente violento o cruel. Por eso el filme se basa en la idea de que Gru quiere robarse la Luna, que es más bien una metáfora, como el mejor trofeo que alguien pueda conseguir. Quisimos tomar cierta distancia de la destrucción, y más bien jugar con situaciones metafóricas, un tanto absurdas, como suele ser la mecánica de las animaciones”.
Para Meledandri, una de las claves del filme consiste en la transformación del personaje principal, que empieza como un supervillano que quiere poner su nombre en la historia, aunque en realidad lo que está buscando es otra cosa, algo que le dé sentido a su existencia, que le permita ganarse el cariño de su madre y el respeto de los demás. “En el fondo lo que busca es llenar el vacío de su corazón —comenta Meledandri— y lo único que puede hacerlo es el amor. Así que su transformación sucede cuando se abre a ese sentimiento”.
Puede observarse que la película plantea, además de una aventura llena de emociones y sorpresas, una reflexión sobre la definición de familia, que el propio Meledandri había explorado anteriormente en La Era del Hielo. Esta consiste en el azar que lleva a personajes solitarios e incluso diferentes a conectarse e involucrarse sentimentalmente, y que de pronto, encuentran sentido colectivo en una especie de familia que rompe con el estereotipo. “Una familia es muy fuerte cuando todos están conectados y deciden permanecer juntos”, asegura Meledandri.
Mi villano favorito es una producción que ha reunido el talento de varias partes del mundo, como Francia, Estados Unidos, Canadá, España, Gran Bretaña, Alemania. Además, para Meledandri, este proyecto le ha permitido impulsar a nuevos talentos, en particular en la dirección, como antes lo hizo en La Era del Hielo (2002) y Horton (2008), que le dieron grandes frutos y que le han permitido, ahora en Mi villano favorito, darle continuidad a un aspecto clave de su actividad como productor, que consiste en identificar el talento adecuado y reunirlo en un equipo. “Creo que la magia de esta película, donde se nota que tiene chispa y se disfruta —dice Meledandri— no viene desde mí, sino de toda la gente que intervino desde Paris, Los Angeles o Mineapolis”.
El look retro
La película tiene un estilo retro, incluso en la música, a cargo del célebre Hans Zimmer. Los edificios, los vehículo y naves, los vestuarios de los personajes, corresponden a una propuesta con referencias a la estética psicodélica, de los años sesentas. Para Guillon se trata de una propuesta donde ha volcado su mayor creatividad, asumiendo la dificultad de imaginar un mundo único, aunque desde luego, sin negar la influencia de cierta estética del comic, como tampoco de algunos cineastas que lo han inspirado aunque sea indirectamente, como Jacques Tati, según nos revela, el célebre cineasta francés que se distingue por su elegante humor y su narrativa despojada de artificios.
“Hemos querido realizar una película que fuera impresionante visualmente –afirma Guillon— pero al mismo tiempo de fácil lectura para el público. El trabajo de arte intenta contribuir para que la narración sea ágil y entretenida. De ahí que los personajes y los ambientes tengan cierta esencia de un comic, como también el diseño de los sets aun cuando tienen muchos detalles, pues por ejemplo, los colores de los escenarios están pensados para ayudar a identificar a los personajes”
La labor de Guillon como director de arte, si bien está enfocada a construir el estilo visual de Mi villano favorito, también incide en aspectos narrativos, como sucede en la gestación de algunos gags en particular. Guillon nos revela que algunas escenas de la película vienen directamente de algunos dibujos que realizó, a partir de la forma que fue cobrando Gru, en ciertas actitudes, o en algunas escenas donde interactúa con los minions.
De Steve Carell al Güiri-Güiri
Uno de los recursos que han probado su éxito en los filmes de animación es el reparto de las voces donde suelen participar actores de primer nivel. Mi villano favorito no es la excepción y se ha incluido, en la versión original en inglés, a figuras estelares como Steve Carell, a cargo de la voz de Gru, y a la legendaria Julie Andrews, quien da vida a la madre del protagonista.
Las voces son determinantes para la realización de una película animada, toda vez que es lo primero que se produce y, a partir del cual, se desarrolla la animación y los personajes. De esta forma, los actores no solo prestan su voz, sino marcan la pauta con su actuación, sobre los movimientos y actitudes que tendrán los personajes. “Carell nos pareció el más apropiado desde el principio —afirma Renaud— y su trabajo fue brillante, mediante una voz que es una especie de cruce entre Ricardo Montalbán y Bela Lugosi, que logra definir con plenitud la identidad ambivalente de Gru”.
Por su parte, Andrews hace una colaboración curiosa, un tanto alejada de su consabida simpatía que la hizo famosa desde Mary Poppins, y que en Mi villano favorito rompe con ese molde, al darle vida a la madre de Gru, una señora malhumorada pero que, en alguna parte, también esconde buenos sentimientos.
En lo que respecta al doblaje en español, Andrés Bustamante, mejor conocido como el Güiri Güiri, ha sido el responsable de darle voz al protagonista, además de que también intervienen Aleks Syntek, que hace la voz de Vector, y Carlos Loret de Mola, en un pequeño papel especial, que quedará más bien como un dato para la trivia.
Bustamante —quien se hiciera muy popular como comediante gracias a personajes como el Dr. Chunga y otros— aceptó el reto de ponerle voz a un personaje preconcebido, y buscar hacerlo convincente para el público mexicano.
“He tratado de encontrar una voz cómoda —nos asegura Bustamante— donde pueda hacer inflexiones adecuadas, según la forma en que uno entiende al personaje, la escena en inglés, la creación original de Steve Carell. Uno también actúa junto al personaje, hace los movimientos y levanta la mano, por decir algo, para sentir el impulso y transmitirlo. A final de cuentas en el cine, los personajes están compuestos por un 50 por ciento de su imagen y un 50 por ciento de su voz.
“Aunque yo no hice la adaptación, necesariamente aporto cierto ritmo, ciertos modismos, en varias expresiones soy yo mismo y de repente, también añado algunas cosas tropicalizadas, para que el público las disfrute más. Igualmente, hay algunos guiños de mis personajes, como el doctor Chunga, siempre cuando corresponda al movimiento, a la lógica de la situación y de la película”.

