Con esta primera entrega de la pluma de Paulo Ramírez, iniciamos la serie «Lo que vendrá»: 90 aniversario», convocada y coordinada por Pedro Paunero, uno de los autores pioneros del Weird West y el Steampunk en México. Esta serie está dedicada a analizar la película Lo que vendrá (Things to Come, 1936), dirigida por William Cameron Menzies, la primera superproducción de ciencia ficción cinematográfica. Basada en el guion y supervisión personal del legendario H. G. Wells, la película no solo predijo los bombardeos sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial, sino que imaginó un futuro utópico posapocalíptico donde la ciencia trascendería los límites humanos hacia las estrellas. Concebida con una ambición épica y un diseño visionario, sentó las bases estéticas y filosóficas para que el género fuera tomado en serio, influyendo en obras icónicas como 2001: Una odisea del espacio y Blade Runner. A lo largo de esta serie, publicaremos artículos, ensayos y reflexiones que explorarán su impacto, su legado visual y su papel como piedra angular de la ciencia ficción moderna.

Por Paulo Ramírez*

Introducción

En 1936, Things to Come no solo imaginó el futuro: lo organizó conceptualmente. Basada en The Shape of Things to Come y supervisada línea por línea por H. G. Wells, la película dirigida por William Cameron Menzies articuló por primera vez una visión total del porvenir humano en la que la ciencia ficción dejaba de ser una curiosidad narrativa para convertirse en proyecto cultural, en arquitectura del futuro, en modelo de civilización posible.

Desde una perspectiva contemporánea —y particularmente desde el estudio de los retrofuturismos— Things to Come puede leerse como una obra fundacional que anticipa no solo estéticas posteriores, sino una estructura mental del progreso: un futurismo industrial racional, planificado y esperanzador. Este ensayo propone que dicha estructura constituye el antecedente directo de lo que décadas más tarde se conceptualizaría como dieselpunk ottensiano esperanzador.

¿Qué son los retrofuturismos?

Los retrofuturismos son corrientes estéticas y conceptuales que exploran los futuros imaginados en el pasado o construyen futuros alternativos utilizando lenguajes tecnológicos, culturales y simbólicos históricos. No se limitan a la nostalgia visual; funcionan como una arqueología de expectativas, revelando cómo cada época pensó el progreso, la máquina y el destino humano (Guffey, 2014).

Steampunk, Dieselpunk, Atompunk y Clockpunk son expresiones de este impulso, cada una anclada en un momento histórico específico. Things to Come puede entenderse como una obra retrofuturista antes de que el término existiera, pues imagina un futuro construido explícitamente desde los supuestos ideológicos de la modernidad industrial temprana.

¿Qué es el dieselpunk y cuáles son sus corrientes?

El dieselpunk es una corriente retrofuturista centrada en el periodo 1920–1950, marcado por el auge del motor diésel, la electrificación, la aviación, el art déco y la industrialización a gran escala. A diferencia del steampunk, el dieselpunk se sitúa en una modernidad ya consciente de su poder tecnológico y de sus riesgos.

Desde sus primeras teorizaciones, el dieselpunk ha sido entendido como un campo plural. Autores como Nick Ottens y Larry Amyett Jr., citados en El Investigador N.º 13 (marzo de 2012), distinguen dos grandes sensibilidades:

  • Dieselpunk piecraftiano, de tono oscuro, centrado en la guerra perpetua, la decadencia y el colapso del proyecto moderno.
  • Dieselpunk ottensiano (esperanzador), que imagina futuros alternativos donde la modernidad industrial se reorganiza de forma positiva, enfatizando el diseño, la ingeniería y la planificación racional como fuerzas civilizatorias.

Esta distinción resulta clave para comprender el vínculo entre Things to Come y el dieselpunk esperanzador.

Things to Come como proyecto futurista integral

La ambición de Things to Come no es meramente narrativa, sino civilizatoria. La obra traza un arco que va de la guerra total al renacimiento mediante el conocimiento científico. En la visión wellsiana, el colapso no es el final, sino una etapa de depuración que permite la emergencia de una sociedad organizada por la razón.

El futuro que propone Wells no es mágico ni espontáneo: es diseñado. La tecnología aparece como infraestructura del orden social y la estética modernista —ciudades monumentales, maquinaria visible, vestimenta funcional— opera como lenguaje simbólico del progreso. Este enfoque establece un precedente fundamental: el futuro como responsabilidad cultural, no como accidente histórico.

Del futurismo wellsiano al dieselpunk ottensiano esperanzador

Aunque el término “dieselpunk” surgiría décadas después, Things to Come anticipa con claridad la lógica del dieselpunk ottensiano. Ambas visiones comparten una hipótesis central: que el siglo XX pudo haber generado un futuro mejor si la modernidad industrial hubiera sido reorganizada en lugar de colapsar.

Esta continuidad puede observarse en obras culturales posteriores que, sin remitirse explícitamente a Wells, reproducen su estructura imaginaria. Películas como The Rocketeer (1991) o Sky Captain and the World of Tomorrow (2004) no son relevantes aquí por su técnica cinematográfica, sino porque reactivan el mismo futurismo industrial esperanzador: aviación heroica, tecnología visible, diseño art déco y una fe explícita en la capacidad humana para habitar el progreso.

Estas obras funcionan como ecos culturales de Things to Come, demostrando que el imaginario wellsiano no quedó clausurado en 1936, sino que siguió reapareciendo como modelo de futuro alternativo. En este sentido, el dieselpunk ottensiano no inventa un lenguaje nuevo, sino que nombra y reorganiza una tradición preexistente.

Legado narrativo, estético y cultural

El impacto de Things to Come trasciende el cine y se extiende a la literatura especulativa, el diseño conceptual y la moda retrofuturista. La preferencia por líneas limpias, referencias art déco y funcionalidad industrial —rasgos centrales del dieselpunk esperanzador— refleja una continuidad simbólica con el futurismo wellsiano (BFI, 2016).

Para quienes escribimos ciencia ficción, este legado resulta especialmente significativo: Wells no solo imaginó máquinas, sino un método para pensar el futuro. Ese método —basado en planificación, ética y diseño— sigue siendo operativo en narrativas retrofuturistas contemporáneas.

Conclusión

Things to Come no es únicamente una película visionaria; es un acto fundacional del pensamiento futurista moderno. Al concebir el futuro como un proyecto racional y estéticamente coherente, H. G. Wells estableció una tradición que décadas más tarde sería reconocible en el dieselpunk ottensiano esperanzador.

Revisitar esta obra hoy no implica nostalgia, sino recuperar una pregunta crítica: ¿qué futuros fueron abandonados cuando la modernidad industrial perdió la fe en sí misma? En un panorama saturado de distopías, Things to Come sigue recordándonos que imaginar futuros diseñados colectivamente no es ingenuidad, sino una forma de responsabilidad cultural.

Fuentes y lecturas

  • Wells, H. G. The Shape of Things to Come (1933).
  • Things to Come (1936), dir. William Cameron Menzies.
  • Guffey, Elizabeth. Retro: The Culture of Revival (2006).
  • Ottens, Nick. Dieselpunk: An Introduction (2010).
  • El Investigador, N.º 13, “Dieselpunk” (marzo 2012).
  • El Investigador, N.º 34, “Atompunk” (enero 2014).
  • British Film Institute (BFI), ensayos sobre Things to Come (2016).
  • The Rocketeer (1991).
  • Sky Captain and the World of Tomorrow (2004).

*Paulo César Ramírez Villaseñor es autor mexicano de ficción especulativa, con más de doce años de publicación continua en México y el extranjero. Su obra explora los retrofuturismos industriales y preindustriales —como el clockpunk, steampunk, dieselpunk y atompunk— desde una perspectiva cultural latinoamericana. Ha desarrollado universos narrativos de largo aliento y una producción marcada por la construcción de mundos y la reflexión sobre identidad, tecnología e historia. Fue editor de las revistas El Investigador y Quinta Raza. Ha compilado diversas antologías, entre ellas Steampunk Writers Around the World Vol. I, nominada a los BSFA Awards. Su trabajo abarca narrativa, ensayo y divulgación cultural, y ha sido publicado en España, Escocia, Estados Unidos, México y Chile.