*Con este artículo, abrimos en Corre Cámara un espacio para los especialistas del Centro de Documentación de la Filmoteca de la UNAM para que compartan con nuestros lectores las exposiciones en las que participan, con el fin de que más gente se acerque a ese lugar y conozcan, tanto su acervo, como a diversas figuras de nuestro cine.

Por Thelma E. Martínez y Ximena Pérez

Miroslava Šternová Beková, más conocida como Miroslava Stern, nació el 26 de febrero de 1926 en Praga, Checoslovaquia (hoy República Checa). Alrededor de 1939, debido a la ocupación nazi en su país durante la Segunda Guerra Mundial, ella y su familia huyen y recorren diversos países hasta llegar a México en 1941.

Alternando su formación académica y artística entre Estados Unidos y México, estudió actuación, pintura y diseño de alta costura, así como clases de teatro con el director japonés, Seki Sano, uno de los artistas más influyentes en Latinoamérica. Gracias a que su padre era miembro del Club Campestre Churubusco, asistió a su concurso anual “Blanco y Negro” de 1945, donde ganó como reina del mismo. Esto la catapultó a las miradas de los productores de cine de la época como Salvador Elizondo Pani, dueño de la casa productora Clasa Films Mundiales, quien la llevó a participar en su primera película, Bodas trágicas (1946).

Aunque tuvo una carrera actoral relativamente corta, fue una de las más sobresalientes dentro del Cine de Oro mexicano, principalmente en películas de tinte melodramático, representando a mujeres en diversos escenarios: la esposa que desea escapar del matrimonio por conveniencia y consecuentemente castigada en Trotacalles (1951), dirigida por Matilde Landeta; o, por ejemplo, en Cárcel de mujeres (1951), con una interpretación que permitió ver la complejidad social e injusticias que viven las presidiarias.

No todo fueron lágrimas, su versatilidad la llevó a realizar también comedias ligeras y divertidas, como ¡A volar joven! (1947) y Escuela de vagabundos (1955), junto a Mario Moreno “Cantinflas” y Pedro Infante, respectivamente. También, en Música, mujeres y amor (1952), interpreta a la hija de un magnate que, al irse de viaje en un crucero, presenta un número musical, sin caer en el papel común de bailarina o vedette.

Asimismo, trabajó de cerca con el diseñador de vestuario Armando Valdez Peza, quien influyó para moldear su estilo visual dentro y fuera de la pantalla grande. En La Muerte enamorada (1951), vemos una evolución de su personaje que se ve reflejado en la vestimenta: si bien utiliza ostentosos sombreros, vestidos negros ajustados y zapatillas altas, conforme avanza la película, los colores se vuelven tenues y más relajados, sin perder la elegancia de aquella Muerte capaz de experimentar sentimientos de empatía y amor.

 Así, la distinción de su vestimenta se volvió una constante visual en su trabajo como actriz. En Sueños de Gloria (1953), donde su personaje busca el éxito profesional por sus propios medios sin que el amor sea prioridad, luce en traje de baño strapless, faldas amplias, suéteres de cuello alto y vestidos con escote fuera del hombro que le permiten lucir hermosos collares, destacándola de entre las demás intérpretes. Resaltó siempre su esbelta figura con encajes, vestidos fastuosos y entallados, aretes, pulseras de brillantes y abrigos de piel en cintas como La Bestia Magnifica (1953), la primera película del género de lucha libre, caracterizando a una auténtica seductora de cejas arqueadas, lunar en la mejilla y un cabello muy estilizado. Y, como cualquier diva de la época, combinó el estilo con perfumes como Chanel No. 5, Miss Dior o Dix de Balenciaga. Aún en papeles de personas con deseos de una vida más modesta, como en Cinco rostros de mujer (1947) y Dos caras tiene el destino (1952), la moda permeó siempre en su imagen cinematográfica como una mujer glamurosa, debido en gran medida a su porte europeo.

En un periodo de poco más de diez años, actuó en más de veinte películas de algunos de los directores más destacados de la época: Gilberto Martínez Solares, Julio Bracho, Agustín P. Delgado, Rogelio A González, Chano Urueta y Roberto Gavaldón, consiguiendo con este último, una nominación al premio Ariel en 1954 por mejor coactuación femenina en la película Las tres perfectas casadas (1953), muestra del legado de su talento.

Aún más, trabajó bajo la dirección de Luis Buñuel, siendo su última cinta Ensayo de un crimen (1955), donde su personaje es el objeto del crimen deseado, pero constantemente escurridiza, mostrando a una mujer que no busca seducir, sino atraer y burlar al supuesto asesino.

Miroslava fue encontrada sin vida el 10 de marzo de 1955, a los veintinueve años de edad, dejando una sensación de vacío en un momento estelar de su carrera. Tras su muerte, fue objeto de polémica y prejuicios de la época, un morbo periodístico excesivo sobre las causas de su fallecimiento alentó teorías y supuestos motivos, opacando su carrera actoral, haciéndolo un tema central de su existencia y cayendo en la deshumanización. Considerada desafortunada en el amor, triste, solitaria y sólo relevante por su físico, sus amistades más cercanas han desmentido esa versión a través de entrevistas, dando pie a distintas retrospectivas sobre su vida, siendo la cinta Miroslava (1992), de Alejandro Pelayo, un ejemplo de la influencia que ha dejado hasta el día de hoy.

A cien años del nacimiento de Miroslava Stern, el Centro de Documentación de la Filmoteca de la UNAM homenajea su gran legado en la pantalla grande con la primera exposición fotográfica trimestral del año, desde su incursión en el cine mexicano, compartiendo su talento con distinguidas personalidades de la época y elogiando su vida y obra artística. Esta exhibición se puede visitar en sus instalaciones de lunes a viernes, de 8:30 a 18:00 h, en Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, entre Tienda UNAM y la ENAC; cuenta además con biblioteca, hemeroteca y videoteca de consulta interna, así como orientación para el acceso a documentos fotográficos e iconográficos que se enfocan en la cinematografía nacional.

Producción: Centro de Documentación de la Filmoteca de la UNAM
Texto: Thelma E. Martínez, Ximena Pérez
Bibliografía: Somos, revista mensual, número 181, año 9, marzo de 1999. 104 p.
Selección de Imágenes: Pablo D. García, Thelma E. Martínez, Ximena Pérez, Allyson Arellano, Hanny García, Diego Rodríguez
Montaje: Ximena Pérez, Héctor Mateo