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Tras el más bien olvidable inicio con la fría y convencional superproducción en 3D “Everest”, este jueves arrancó la carrera veneciana por el León de Oro de la mano de dos títulos anglosajones, “Beasts of No Nation”, de Cary Fukunaga, un duro drama sobre un “niño soldado” que cae en manos de un “Señor de la Guerra” (Idris Elba), y la episódica tragicomedia coral australiana “Looking for Grace”, de Sue Brooks, dos títulos interesantes pero no del todo redondos, sobre todo el segundo.

Las fronteras, antes sagradas, entre cine y televisión, son cada vez más ténues. La multinacional plataforma audiovisual en internet Netflix compró “Beasts of No Nation” como su primera apuesta directa en la producción cinematográfica. En buena lógica, quiso adjudicarse su propio estreno simultáneo al de las salas, para que sus clientes pudieran verla en casa, con lo que obtuvieron el inmediato rechazo de las principales cadenas de exhibición estadounidenses que se negaron a exhibirla. Finalmente, la película de Fukunaga se estrenará en los cines de la cadena Landmark Theaters, el próximo octubre, lo que le dará opción para las nominaciones a los Oscars.

Esta tercera película del californiano que debutó con el drama inmigrante “Sin nombre”, es la adaptación del libro de Uzodinma Iweala, sobre el adolescente Agu (Abraham Attah), que cuando la guerra civil envuelve a su país del Africa Occidental se ve obligado a unirse a una unidad de combatientes mercenarios, tras la muerte de su padre y la desaparición de su madre y su hermana. Junto a un nuevo amigo, un niño mudo llamado Strika, Agu tendrá que sobrevivir en medio de la brutalidad de la guerra. Idris Elba interpretará el papel principal del Comandante del grupo armado, que no duda en reclutar forzosamente a estos niños soldados y los manipula para convertirlos en máquinas de matar.

Necesaria, pero a la vez nada fácil de ver por la dureza y crueldad de los hechos relatados, “Beasts of No Nation” es un alegato contra una de las muchas realidades que no queremos ver ni en el salón de casa ni en el cine de un centro comercial, pero que siguen ahí, recordándonos la parte más oscura de la naturaleza humana. En este sentido, es de agradecer la apuesta de Fukunaga, también autor del guión, y de Netflix, por asumir un riesgo que un estudio de Hollywood hoy no correría. Es del dominio general que la mejor ficción dramática está hoy en las pequeñas pantallas, sobre todo anglosajonas, donde se tratan temas más profundos, originales y en las antípodas del cine reiterativo, anodino, aparentemente grandioso pero en el fondo vacío que nos brinda Hollywood. Además, el propio medio permite que lo que aparente es minoritario alcance a un gran número de espectadores en todo el mundo. Ojalá ocurra esto con el film de Fukunaga, al que sólo se puede poner el pero de su un tanto excesivo metraje.

Por su parte, “Looking For Grace”, parte de la huída de casa de una adolescente, la Grace del título, que a los 16 años decide correr aventuras junto a una amiga. Sus padres, con la ayuda de un detective jubilado, parten en su busca. El periplo de esta road movie australiana se complica cuando el guión, de la propia directora, se vuelve episódico y empieza a introducir historias paralelas, a modo de spin-offs, introduciendo nuevos personajes con sus propias cuitas, diferentes tonos entre el drama y la comedia, y embarullándolo todo. La intención confesa de Sue Brooks es hablar de la vida en todas sus dimensiones, una ambición tal vez desmesurada y que acaba superándola, diluyendo el interés del espectador.