Por Hugo Lara Chávez

“Conquista sangrienta” (Flesh+Blood) es la séptima película del cineasta holandés Paul Verhoven. Filmada en 1985, su estreno resulta tardío pero aún interesante, aunque para verla haya que meterse en cualquiera de las infames salas donde se exhibe, o bien buscar la copia en video. “Conquista sangrienta” fue la última cinta de este realizador rodada en Europa (aunque con capital estadounidense), y significó para Verhoven el trampolín que lo lanzó de lleno a Hollywood, donde ya hizo dos películas de gran éxito: “Robocop” (1987) y “El Vengador del Futuro” (1989).

“Conquista sangrienta” se ubica en la época medieval, en vísperas del renacimiento. El conde Arnolfini con el fin de recuperar territorios perdidos, contrata a unos mercenarios encabezados por el violento Martin (Rutger Hauer) prometiéndoles atractivas recompensas. Una vez logrado este propósito, Arnolfini traiciona a dichos mercenarios, desterrándolos y amenazándolos de muerte. En revancha, estos secuestran a la prometida del hijo de Arnolfini, Agnes (Jenifer Jason Leight). Después de unos encarnizados encuentros, el grupo de guerreros se refugian con su víctima en un castillo. Martin viola a Agnes, entonces, una extraña relación se establecerá entre ambos: una relación contradictoria, violenta y sentimental.

Despojado del glamour impreso por Hollywood en sus películas sobre la Edad Media, “Conquista sangrienta” posee en cambio un tono desolado, sucio y salvaje del medioevo. No es la ordinaria representación del cuento de hadas, es una versión que se apega más a la desagradable violencia de aquella época y de aquellos hombres primitivos y violentos. De este modo, resulta inteligente el tratamiento que Verhoven hace a sus personajes: Martin es un sujeto ambiguo y contradictorio, su personalidad cambiante lo llevan de ser un despiadado villano a un objeto vulnerable por el amor, manipulado ocultamente por Agnes. Esta, por su parte, deja la imagen que en un principio establece: una doncella casta e inocente, para tornarse en una mujer que sabe cómo usar su condición y cómo manipular su entorno. Los personajes no sufren el maniqueísmo esperado, no existe una clara diferencia entre ellos para determinar tajantemente al bueno del malo, sino que todos están permeados por la misma ambigüedad.

“Conquista sangrienta” responde además a la óptica de Verhoven sobre su presente, como sucede también con “Robocop” o “El vengador del Futuro”. Si estas dos en su versión futurista son un retrato del mundo actual, un mundo deshumanizado y alienado, “Conquista sangrienta” hace la misma extrapolación, pero reconstruyendo una época pasada, una era de oscurantismo y estancamiento que sufre su agonía, porque pronto vendrá una nueva época y unos nuevos hombres. Por eso, Martin está más cerca de las características de un personaje medieval, que es salvaje y visceral,  pero que también deberá exterminarse pronto, ante el aviso de una nueva época.

Verhoven se ha erigido como una figura muy atractiva dentro de la cinematografía actual. Sus cintas son un desgarrador retrato de la violencia humana, una imperiosa búsqueda de los valores y de las preocupaciones del autor: la fe. Pero además destaca su lucidez técnica, capaz de acompañar la anécdota en su real y ancho dramatismo, buscando encuadres y movimientos que funcionen lo suficiente no para deslumbrarnos con la reconstrucción de época, sino para definir con mayor exactitud a sus personajes y a sus emociones.

Con una buena producción y una realización bien lograda, “Conquista sangrienta” es una cinta que despierta una serie de emociones encontradas. De ningún modo la contradicción queda como una pieza suelta, Verhoven hace encajar esta característica en las acciones de sus personajes como un síntoma de su humanidad, libre de un código moral determinado, pero aplicable y justificado por la caótica existencia de estos personajes, tan desastrosa como aceptada, tan violenta como necesaria, un lugar ejemplar para un idilio amoroso.

Por Hugo Lara Chávez

Investigador, escritor y cineasta, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Artes (2023). Egresado de la Licenciatura en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Ha producido el largometraje Ojos que no ven (2022), además de dirigir, escribir y producir el largometraje Cuando los hijos regresan (2017) y el cortometraje Cuatro minutos (2021). Fue productor de la serie televisiva La calle, el aula y la pantalla (2012), entre otros. Como autor y coautor ha publicado los libros Pancho Villa en el cine (2023), Zapata en el cine (2019) en calidad de coordinador, Dos amantes furtivos: cine y teatro mexicanos (2016), Ciudad de cine (2011), *Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011* (2011), Cine y revolución (2010) como editor, y Cine antropológico mexicano (2009). En el ámbito curatorial, fue curador de la exposición La Ciudad del Cine (2008) y co-curadór de Cine y Revolución presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso (2010).En el ámbito periodístico, ha desarrollado crítica de cine, investigación y difusión cinematográfica en diferentes espacios. Desde 2002 dirige el portal de cine CorreCamara.com. Es votante invitado para The Golden Globes 2025.