Por Pedro Paunero
Cierto idealismo y cierta esperanza que creíamos tener se extinguió
Warren Beatty
La era, como teorizó un autor, era post todo y pre nada
Jodie Foster
Introducción
El documental “Crisis: 1975” (Breakdown, Morgan Neville, 2025), sostiene una tesis tan endeble como fascinante, que supone al año 1975 como un parteaguas para el cine y el pico más alto en el estado mental de toda una nación. Si hemos de estar de acuerdo con su planteamiento, debemos señalar que, en este, a través de un montaje preciso y una estructura que combina entrevistas, fragmentos de archivo y análisis crítico, se explora convincentemente cómo el cine estadounidense -de hace 50 años exactos- se convirtió en espejo y síntoma de una sociedad fracturada por la Guerra de Vietnam, el escándalo de Watergate y el desmoronamiento de los grandes mitos nacionales. El heroico, pero solitario personaje de Ethan (John Wayne), todavía podía salir hacia el desierto que lo aguardaba, en el célebre plano final de “Centauros del desierto” (John Ford, 1956), pero otras criaturas, no menos solitarias, colocadas en el lado totalmente opuesto de la imaginería americana, irrumpían a fuego, sangre y con una desazón brutal, en el devenir nacional. Y Travis Bickle, el taxista psicópata interpretado por Robert de Niro, en “Taxi Driver” (Martin Scorsese, 1976), anunciaban que dichas leyendas tenían pies de barro.
El documental no solo revisa un año supuestamente clave en la historia del cine estadounidense -el país se prepara para las fiestas de su bicentenario, tan espectaculares como prefabricadas- y por extensión, gracias a su poder de penetración popular en el planeta, en la filmografía de otras latitudes, sino que plantea una pregunta más profunda, si el cine de 1975 no sería sino un reflejo crudo de la atormentada alma estadounidense, precipitada en una crisis existencial que se venía gestando desde tiempo antes. Para responderla, “Crisis: 1975”, se sumerge en el corazón del Nuevo Hollywood (1), un movimiento poderoso, artístico, heredero de las formas de hacer cine heredadas de las vanguardias europeas, con planteamientos de ruptura y autoconsciente que, entre finales de los años sesenta y mediados de los setenta, trastocó los cimientos del sistema de estudios y dio voz a una generación de cineastas y actores (Coppola, Scorsese, Jack Nicholson) dispuestos a desafiar las convenciones narrativas, morales y políticas de su tiempo.
En el contexto de la Guerra de Vietnam
El año 1975 marca el final oficial de la Guerra de Vietnam, un conflicto que durante más de una década dividió a los Estados Unidos en los planos político, social y emocional. Las imágenes de la caída de Saigón, transmitidas por televisión a millones de hogares, simbolizaron la derrota no solo militar sino también moral de una potencia que había creído en su excepcionalismo (su percepción de superioridad moral y económica), y su hundimiento en un abismo psicológico del cual se arrastran las consecuencias (el movimiento MAGA, por ejemplo). Simultáneamente, el trauma del escándalo Watergate y la renuncia de Richard Nixon en 1974, habían dejado una profunda desconfianza hacia las instituciones, y “Crisis: 1975” retrata este clima de desilusión colectiva con una sobriedad que evita el sensacionalismo, a través de un montaje hábilmente construido. El filme construye una narrativa coral en la que críticos, historiadores, figuras clave de la historia y cineastas —entre ellos Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Peter Biskind, autor del preclaro ensayo “Moteros tranquilos, toros salvajes”, sobre el Nuevo Hollywood o empresarios como Bill Gates, gran reconfigurador de la cotidianidad— dialogan sobre el impacto del contexto político en la producción cultural de la que forman parte, con lo cual se establece una relación directa entre la crisis de legitimidad política y la crisis de representación cinematográfica, la cual, al identificar la pérdida de fe en el gobierno, se traduciría en la pérdida de finales felices de Hollywood.
El Nuevo Hollywood como ruptura estética y moral
El documental sitúa a 1975 como un punto de inflexión dentro del Nuevo Hollywood, movimiento que había comenzado casi una década antes con filmes como “Bonnie and Clyde” (Arthur Penn, 1967), película reconocida como inicio del movimiento, “Easy Rider” (Dennis Hopper, 1969), la película emblemática de la contracultura, o “The Graduate” (Mike Nichols, 1967), título que se divorciaba de los culebrones y el falso amor romántico de los años cuarenta, recordándonos que estas películas —y otras como la citada “Taxi Driver” o “The Conversation” (Francis Ford Coppola), del año anterior— expresaban una profunda desconfianza hacia la autoridad, la alienación del individuo y la violencia estructural del sistema.
En 1975, el movimiento alcanzó un momento de ambivalencia. Por un lado, el triunfo comercial de “Tiburón” (Jaws, Steven Spielberg) anunció el nacimiento del blockbuster moderno, con su lógica de espectáculo y mercado masivo, siempre que Spielberg, una especie de “adjunto” del grupo que tendría en Coppola a su gurú, frecuentaba las reuniones de los iniciados, pero sin pertenecer del todo, comenzando una labor de fractura en su seno (2). Por otro, películas como “Tarde de perros” (Dog Day Afternoon, Sidney Lumet), “Atrapado sin salida” (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Miloš Forman) o “Nashville” (Robert Altman) mantuvieron el espíritu crítico y experimental del agonizante Nuevo Hollywood. El documental analiza este contraste como una especie de batalla interna por el alma del cine estadounidense, entre el arte y la industria, entre la introspección y la evasión.
“Crisis: 1975”, se detiene en “Nashville” como símbolo de la multiplicidad y el caos que definían a Estados Unidos en ese momento. Altman, dice la narración en off de Jodie Foster, “filmó el ruido de una nación que ya no podía escucharse a sí misma”. Las veinticuatro historias entrecruzadas, carentes de unidad central, los diálogos superpuestos y el uso coral de la música country se convierten, en la lectura del documental, en una metáfora del desconcierto ideológico y moral del país tras Vietnam.
Entre las otras películas, “Chinatown” (Roman Polanski, 1974), aparece como una pieza esencial para comprender la desintegración moral del sueño americano. Aunque estrenada un año antes del eje cronológico del documental, se incluye como preludio indispensable para entender el tono de 1975. A través de su estética de cine negro y su argumento en torno a la corrupción política, la violencia sexual y el dominio económico sobre el agua -recurso vital y metáfora del poder-, “Chinatown” condensa la desconfianza hacia las instituciones y la pérdida de toda inocencia (inolvidable la revelación que le hace Evelyn, el personaje que interpreta Faye Dunaway, al detective Jake Gittes, interpretado por el ícono de la década, Jack Nicholson, sobre el incesto) como si de una auto fagocitosis nacional se tratara. El documental señala que la mirada desencantada de Polanski, forjada en la Europa de la posguerra, ofreció un espejo implacable de la decadencia estadounidense en una fábula sobre la imposibilidad de la justicia en un sistema podrido desde sus cimientos. Como indica uno de los entrevistados: “Chinatown no era Chinatown, era Estados Unidos”. “El mensaje, se añade, era que los tipos malos solían ganar”.
El cine como espejo de la paranoia y la desilusión
“Crisis 1975” dedica un segmento esencial al análisis de la paranoia como rasgo dominante del cine estadounidense de mediados de los setenta, un cine eminentemente masculino, de violencia bruta, de trepidante acción. La obsesión por la vigilancia, la manipulación mediática y las conspiraciones internas se vuelve recurrente en filmes como “The Parallax View” (1974), segundo, tras “Klute” (1971), de la trilogía de Alan J. Pakula sobre paranoia política, que culmina con la relevante “All the President´s Men”, bastante mencionado en el documental, al lado de títulos como “Three Days of the Condor” (Sydney Pollack, 1975) o el ya mencionado “The Conversation”, para los cuales se recuperan testimonios de guionistas que hablan de un clima en el que “todo parecía posible y nada confiable”.
A través de su cuidada edición, el documental yuxtapone imágenes de helicópteros sobre una Saigón en vías de vaciarse por parte de los estadounidenses, con el desmembramiento de uno de los caballeros en “Monty Python and the Holy Grail” (Terry Jones y Terry Gilliam) y la visión anti Nixon de Warren Beatty, protagonista de “The Parallax View”, creando un paralelismo entre el colapso político y la ansiedad estética cinematográfica. El efecto es hipnótico, aunque artificioso, y el espectador comprende que el cine no era solo reflejo, sino también catalizador de una paranoia compartida.
Entre las películas analizadas en dicho contexto, “The Stepford Wives” (Bryan Forbes), se destaca a través de su lectura feminista. “Crisis: 1975” examina cómo este filme, basado en uno de los tantos éxitos literarios de Ira Levin, (autor de “La semilla del diablo”, que adaptaría Roman Polanski en “El bebé de Rosemary”), refleja los miedos masculinos ante el avance del movimiento feminista y la redefinición de los roles de género en la década de los setenta. A través de entrevistas con especialistas, el documental argumenta que esta cinta anticipa la crítica a la domesticación tecnológica del cuerpo femenino y al ideal suburbano como cárcel ideológica. Se sugiere que la película, más allá de su apariencia de sátira de ciencia ficción, concreta una alegoría del deseo patriarcal de borrar la autonomía femenina justo cuando el feminismo comenzaba a transformar el imaginario cultural estadounidense.
El documental también dedica un segmento a las películas que dieron origen al movimiento Blaxploitation (3), fenómeno que emergió a inicios de los años setenta con títulos como “Sweet Sweetback’s Baadasssss Song” (Melvin Van Peebles, 1971), “Shaft” (Gordon Parks, 1971) y “Super Fly” (Gordon Parks Jr., 1972). “Crisis: 1975”, aborda este ciclo no como simple curiosidad de mercado, sino como una reacción política al racismo estructural y a la exclusión de los cuerpos negros en el relato dominante de Hollywood, valiente en un principio, pero continuado en el wokismo del Siglo XXI. A través de entrevistas con críticos afroamericanos y cineastas contemporáneos, el documental rescata el valor contradictorio del Blaxploitation a saber, por un lado, como empoderador de las audiencias negras mediante héroes autónomos y violentos; por otro, reproduciendo estereotipos de masculinidad y consumo impuestos por la industria blanca, subrayando que estas películas supondrían un hito de independencia estética y una búsqueda de representación que reflejaba, al igual que otros movimientos, emanados del Nuevo Hollywood, el deseo de reapropiarse de la narrativa nacional desde los márgenes.
El estado mental de una nación: entre el desencanto y la autocrítica
Una de las virtudes mayores del documental es su capacidad para leer las películas de 1975 como documentos psicológicos de una nación traumatizada. La narración se apoya en testimonios de psicoanalistas culturales para sostener que el cine se convirtió en un espacio de proyección de un duelo de carácter colectivo, que no tardaría en materializarse en tiroteos de civiles contra civiles, en escuelas, calles o restaurantes de hamburguesas, anticipados por la película sobre “vigilantes” por antonomasia, “El vengador anónimo” (Death Wish”, Michael Winner, 1974) con Charles Bronson haciendo justicia por cuenta propia ante la ineficacia policíaca, una película “desechable”, enmarcada en un subgénero que un crítico catalogaría como de “venganza-mática”. La violencia, el cinismo y el desencanto que impregnan las películas del periodo serían, así, expresiones de un intento por procesar una derrota que Estados Unidos negaba asumir abiertamente. El director señala que la “crisis” de 1975 no fue solo política o cinematográfica, sino ontológica. Estados Unidos perdió su relato fundacional de heroísmo y progreso y Oliver Stone asumiría el rol de su mayor exponente, con sus futuras indagaciones en el enigma del asesinato de Kennedy y el resquebrajamiento de los ídolos fundacionales (“Platoon”, “J.F.K.” y “Born on the Fourth of July”). En este sentido, el documental propone una lectura del cine de aquel año como un espejo roto, fragmentado en múltiples reflejos. “Dog Day Afternoon”, con su antihéroe marginal enfrentado a la policía corrupta, y “One Flew Over the Cuckoo’s Nest”, con su rebelión contra la autoridad institucional, funcionan como alegorías de una nación encerrada en un manicomio propio, que trascendería sus límites y desbordaría al mundo.
La crítica cultural: el fin de la inocencia
El tono del documental —y del análisis que de él se desprende— recuerda al de algunos ensayos culturales que interconectan arte y política sin caer en el determinismo. En este, no se acusa ni se absuelve, sino que se observa, interpreta y sugiere. En los segmentos finales, “Crisis: 1975”, revisa la transición del Nuevo Hollywood al Hollywood corporativo de las décadas subsiguientes, dominado por franquicias, secuelas y un regreso al escapismo. Spielberg y George Lucas aparecen como figuras liminares, genios creativos que, sin proponérselo, abrieron la puerta a una nueva lógica de producción que terminaría diluyendo el impulso subversivo de sus predecesores. Desde entonces, comprendemos, el infantilismo (exaltado en los años ochenta) a través de un prodigioso cine fantástico, pero inmaduro en esencia, dominaría la pantalla. La madurez del Nuevo Hollywood, dotada de pinceladas de insensatez creativa y una demencia personificada, había sido derrotada. En el documental no se oculta su ambivalencia: “”Tiburón” fue una obra maestra, pero también un punto de no retorno. Después de ese verano, el riesgo y la ambigüedad dejaron de ser rentables”. La crítica implícita se dirige tanto a la industria como al público, que eligió la comodidad del entretenimiento sobre la incomodidad de la reflexión.
La persistencia del trauma
“Crisis: 1975”, no es solo un documental sobre cine, sino una radiografía del trauma estadounidense, aunque para la consecución de su tesis recurra a un cierto montaje forzado y no se limite a la cita de películas de dicho año. Su virtud consiste en hacer visible la relación entre las imágenes proyectadas en la pantalla y las imágenes que el país se proyectaba a sí mismo. Al revisitar las películas de aquel año, propone un espejo que, medio siglo después se nos tiende con la misma pregunta ¿Qué ha sido de la inocencia perdida?
El documental bien podría cerrar con una cita de “Nashville”: “You may say that I ain’t free, but it don’t worry me.” Esa canción que resuena nihilista, despreocupada, mientras desfilan fragmentos de noticieros, protestas y primeros planos de personajes desolados. Sería un cierre poético que resumiría el espíritu de todo el filme. La conciencia de una libertad erosionada, pero cantada con una mezcla tanto de ironía como esperanza, aunque parezca cínica en su trasfondo.
En última instancia, “Crisis: 1975”, invita a reconsiderar el lugar del cine como archivo emocional de una época. La cámara, se sugiere, fue el único instrumento capaz de registrar la fractura de una nación-imperialista que se suponía eterna. Como si cada plano de “Dog Day Afternoon” o “One Flew Over the Cuckoo’s Nest” hubiera sido un intento de comprender no solo el presente, sino el derrumbe de su futuro, por lo cual es sintomático que, en 1976, “Rocky” (John G. Avildsen), se haya llevado el Premio de la Academia a Mejor película, sobre “Taxi Driver” o “All the President´s Men”. No fueron los mejores filmes de la década los que perdieron. Habría ganado, si se lee de esa forma, el hombre común, el estadounidense de la calle que se abre camino, literalmente a golpes, no el premio Oscar, sino su paso a la trascendencia y su autocomprensión como ser moral y cotidiano.
Para saber más:
Citas
- Auge y caída del Nuevo Hollywood por Pedro Paunero https://praxisrevista.com/2024/05/19/auge-y-caida-del-nuevo-hollywood/
- Biskind, Peter. (1999). Moteros tranquilos, toros salvajes: Cómo la generación del sexo, las drogas y el rock ‘n’ roll salvó a Hollywood (Trad. José Luis Piquero). Barcelona: Anagrama.
- El Blaxploitation y otras visiones de la Negritud por Pedro Paunero
Bibliografía
Cook, David A. Lost Illusions: American Cinema in the Shadow of Watergate and Vietnam, 1970–1979. University of California Press, 2000.

