Por Hugo Lara Chávez

La nueva versión francesa del célebre personaje de la gran nariz, Cyrano de Bergerac, fue realizada por el cineasta Jean Paul Rappenau. Desde su estreno internacional, “Cyrano de Bergerac” ha acumulado una gran cantidad de lauros: 10 Césares que otroga la Academia Francesa (el equivalente del Oscar);  el Globo de Oro a la mejor película extranjera, premio de la crítica estadunidense; y el Oscar al mejor vestuario. Además, Gèrard Depardieu, el famosos actor galo que lleva el papel protagónico en esta cinta, sumó un trofeo más para sus vitrinas: el premio al mejor actor en el festival de Cannes.

Con estos precedentes, la película se vuelve un apetitoso manjar para los cinéfilos seguidores de los premios, o también para el numeroso público que conoce la brillante carrera de Depardieu. “Cyrano de Bergerac” es una película que no defrauda ni a unos ni a otros, y ni tampoco a los desentendidos de estos dos asuntos.

La historia de Cyrano es ampliamente conocida. Francia, siglo XVIII. El noble y valiente militar Bergerac, bien conocido en París por su temperamento  por su notable ingenio en la poesía y sobre todo por su enorme nariz, sirve de mediador en el romance de su prima Roxana (la hermosa Anne Brochet) y el joven cadete Christian (Vincent Pérez). El narigón, para ayudar a su amigo, escribe cartas de amor a Roxanne bajo la firma de Christian. Sin embargo, Cyrano siempre ha estado enamorado de su prima, e incluso, la ayuda que proporciona a Christian, tiene una traducción: para él, Christian es el complemento que le falta para poder enamorar a Roxanne: belleza; del mismo modo que Cyrano posee cualidades de las que carece Christian: elocuencia. De este modo, se establece un extraño triángulo amoroso. Cyrano es el amante oculto, subrepticio, es el apasionado que siente y que se manifiesta a través del amor rústico de Christian.

La obra es del autor francés Edmond Rostand, escrita en verso. Jean Paul Rappenau, también guionista de este film junto a Jean Claud Carriere, siguieron fielmente la obra original, incluso respetando el relato en verso, uno de sus aciertos. Y el resultado es una cinta espléndida, deslumbrante y cuidada en  el aspecto ambiental, y rigurosamente narrada, con solidez y buen ritmo.

“Cyrano de Bergerac” es el estallido de sentimientos que se gestan y se fermentan en su interioridad. La clara definición de sensaciones (amor, pasión, odio), que se entre cruzan, se mezclan en la figura deforme, grotesca, y enjundiosa de Cyrano, y se traducen en el noble amor que profesa a su prima, en las nítidas convicciones de lealtad, en lucha con sus rivales: “la mentira, los pactos, la cobradía: mis grandes enemigos” como afirma Cyrano cuando está al borde de su muerte. Bergerac es su narizota y lo grotesco de ella, pero es y antes que nada, la nobleza, la justicia, el honor.

Las acciones de Cyrano están sometidas y regidas por una consigna: el amor de Roxanna, un amor idílico y furiopsamente apasionado. Es esto lo que lo hace vulnerable y lo determina, pero es también el timón de su vida: Cyrano puede interrumpir una espectacular representación teatral, retar a las autoridades y a las altas jerarquías, herir y matar, pelear contra cien hombres juntos y vencerlos; Cyrano, incluso, puede sacrificar su propio amor en beneficio de su prima Roxanne.

Rappenau redondea su obra, no deja recovecos desatinados. El director y su staff consiguen dar una dimensión epopéyica a la obra, en el sentido dramático Cyrano está a la altura de sus proezas, de su pasión. Y esa dimensión es la que la fotografía capta, y la que el montaje construye y mantiene a lo largo de toda su duración. “Cyrano de Bergerac” es una gran película que no debe dejarla pasar.

“Cyrano de Bergerac” (Francia 1990). Dir: Jean Paul Rappenau. Prod: Rene Cleitman Y Michael Seydoux. Guión: Jean Paul Rappenau y Jean Claud Carriere. Música: Jean Claude Petit. Foto: Pierre Lohmme. Montaje: Noelle Boisson. Con: Gèrard Depardieu, Anna Brochet, Vincent Pérez, Jacques Weber, Roland Bertin, Phillipe Morier-Genoud.

Por Hugo Lara Chávez

Investigador, escritor y cineasta, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Artes (2023). Egresado de la Licenciatura en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Ha producido el largometraje Ojos que no ven (2022), además de dirigir, escribir y producir el largometraje Cuando los hijos regresan (2017) y el cortometraje Cuatro minutos (2021). Fue productor de la serie televisiva La calle, el aula y la pantalla (2012), entre otros. Como autor y coautor ha publicado los libros Pancho Villa en el cine (2023), Zapata en el cine (2019) en calidad de coordinador, Dos amantes furtivos: cine y teatro mexicanos (2016), Ciudad de cine (2011), *Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011* (2011), Cine y revolución (2010) como editor, y Cine antropológico mexicano (2009). En el ámbito curatorial, fue curador de la exposición La Ciudad del Cine (2008) y co-curadór de Cine y Revolución presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso (2010).En el ámbito periodístico, ha desarrollado crítica de cine, investigación y difusión cinematográfica en diferentes espacios. Desde 2002 dirige el portal de cine CorreCamara.com. Es votante invitado para The Golden Globes 2025.