Por José de Jesús Chávez Martínez

La pregunta acerca de la necesidad de hacer una nueva película sobre el monstruo del siglo XIX y su creador Victor Frankenstein no tiene respuesta concreta. Lo más inmediato está en la explicación de Guillermo del Toro argumentando una concepción y maquinación de tres décadas. Y viéndolo desde el lado artístico, es pertinente esta versión dada la sensibilidad de cada director porque las anteriores versiones de la historia de Mary Shelley difieren un tanto entre sí.

Para empezar, la criatura en otras versiones se mueve con torpeza y no habla, solo balbucea y dice algunas palabras. Así mismo el relato cambia de una a otra por las libertades que se toman los cineastas. En la cinta dirigida por Jack Smight (1973) para la televisión británica, la carne de los cuerpos con que el ente fue “armado” se descompone y el ente es consciente de lo que le está pasando, además de que exige una compañera que Frankenstein sí le llega a “fabricar”.

En la icónica y legendaria versión “El doctor Frankenstein” de 1931 a cargo de James Whale, el monstruo no habla en la película, pero lo instituye como un ícono de la cultura popular con la imagen de Boris Karloff y su caracterización con la cabeza enorme y plana y los tornillos en el cuello, además de la mítica frase “It’s alive!, It’s alive!”. Más tarde, Whale también filmaría “La novia de Frankenstein” (1935).

Y así han sido muchas versiones de la obra de Mary Shelley, desde la producida por Edison en 1910 hasta la de Del Toro de 2025, más “The bride” que se estrenará en 2026 con Christian Bale y Penélope Cruz a la cabeza del reparto, bajo la dirección de Maggie Gyllenhaal. Lo anterior pasando por adaptaciones cómicas, como “El joven Frankenstein” (1974) del gran Mel Brooks, y hasta musicales.

Volviendo a la propuesta de Guillermo del Toro, tenemos una cercanía con la novela de Shelley en torno al monstruo lleno de sentimientos, inteligencia y sensibilidad, y en la narrativa por capítulos, además del ambiente sombrío y gótico.

Del Toro aprovecha para plasmar su estilo personal en tanto criaturas raras, altas, esbeltas y estilizadas, el monstruo lo es también en este caso, personificado de manera muy eficiente por el australiano Jacob Elordi, y en los elementos tétricos que ha mostrado a lo largo de su carrera. El ente le viene bien como personaje al cineasta mexicano, tal como le apasionan, porque es sufrido, es incomprendido, es solitario (como el vampírico Jesús Gris en “Cronos” o el Fauno), también pide una compañera y es atacado a muerte incluso por su mismo creador, el doctor Victor Frankenstein, encarnado de manera excelsa por Oscar Isaac.

Esta historia nos deja ver ciertas condiciones de mediados del siglo XIX, en plena industrialización de la producción y de la magnificación de las ganancias, con un mecenas, Henrich Harlander (Christoph Waltz), que ve un gran negocio en el experimento de Victor. Es el mérito visionario de Mary Shelley adelantarse a las condiciones aún más modernas de la sociedad precisamente industrial, con el enfoque y relación con la ciencia que buscaba retar a Dios y a la muerte.

El gran villano pues es Victor, tal cual. Marrullero y ventajoso, además de celoso ante el genuino interés de su futura cuñada Elizabeth (Mia Goth) por el monstruo, ya que el doctor se ha enamorado de ella a pesar de querer mucho a su hermano William (Felix Kammerer). Vemos en Victor el resentimiento social generado por su muy estricto padre, el también médico Leopold (Charles Dance), que le obstaculiza en cierta forma la convivencia con su madre Claire (también Mia Goth). Es decir, las emociones son bien planteadas gracias a la brillante dramaturgia de Shelley fiablemente adaptada por del Toro.

También el artista tapatío se luce en el plano artesanal dirigiendo y creando artificios técnicos como la marioneta del primer engendro a medias que presenta a la convención de médicos; el maquillaje para Elordi; los escenarios donde el agua abunda; y muchas cosas más. Destaca también la forma de presentar a la muerte como prolongación de la vida (vivir muerto o morir vivo) y a los cuerpos como esculturas. Es decir, la corporeidad como lo que es: el centro del mundo, que incluye carne, huesos, vísceras y órganos como vehículos y expresión de la esencia humana, en busca de la inmortalidad. En este sentido, destaca la secuencia donde Victor está en el proceso de integración del ente, en el castillo que le asignó el desdichado Harlander, amputando extremidades, escogiendo partes de cadáveres y desechando otras mientras suena una sinfonía hasta cierto punto alegre y acorde con el entusiasmo del creador.

Si vemos esta versión como una propuesta autoral pues vale mucho la pena, aun cuando no deje de ser una producción altamente comercial y le dé un tratamiento algo cursi al pobre monstruo (no se nos olvida que Elordi alguna vez fue Elvis). Está en boca de todos y por eso es necesario ver “Frankenstein” en Netflix, o volver a verla y releer la novela para ampliar la discusión.

País: Estados Unidos, México, Reino Unido. Año: 2025. Dirección: Guillermo del Toro. Producción: Guillermo del Toro, J. Miles Dale. Guion: Guillermo del Toro, basado en “Frankenstein” o “El moderno Prometeo” de Mary Shelley. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Dan Laustsen. Edición: Evan Schiff. Diseño de producción: Tamara Deverell. Compañías productoras: Double Dare You, Demilo Films y Bluegrass 7. Distribución: Netflix. Reparto: Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz, Franz Kammerer, Charles Dance, David Bradley, Lars Mikkelsen, Ralph Ineson.

Por José de Jesús Chávez Martínez

Comunicólogo egresado de la UAM Xochimilco. Profesor investigador en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Occidente Unidad Culiacán, con las líneas comunicación y educación, y el cine como dispositivo didáctico, de las cuales se han desprendido diversos artículos científicos y tres libros. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Desde 2021 es colaborador de correcamara.com