Por Manuel Cruz

Cada año, los estudios hollywoodenses hacen cientos de películas con la misma promesa de “Gravity”. Experiencias para quedarse al borde del asiento, una montaña rusa de emociones, causante de pesadillas durante semanas después de verla, etc. Es una industria de muchísimos espectáculos, pero tal ambición estrictamente numérica no garantiza el éxito de su premisa. Hay muchas películas que anuncian misterio y suspenso palpitante, pero “Marathon Man” solo existió una vez. Los asesinos seriales son la nueva estrella en cintas de crimen y terror, y sin embargo “Seven, Silence of the Lambs” y “The Exorcist” se distinguen orgullosos entre las masas. Finalmente, las excepciones nacen al romper la fórmula.

En su primera secuencia, parece que “Gravity” juega con la tradición: la gran toma inicial del planeta Tierra recuerda al vals de 2001, pero esta no es una historia que tome al espacio como un lugar lleno de maravillas a descubrir: es la peculiar oficina de Ryan Stone (Sandra Bullock) y Matt Kowalski (George Clooney), arreglando el telescopio Hubble. Cuando a los rusos se les ocurre reventar uno de sus propios satélites, aparece una considerable cantidad de basura industrial. ¿Y qué pasa si hay grandes trozos de metal a mil por hora? Nada bueno, y llega entonces la hora de volver a la Tierra o dejar el pellejo – literalmente – flotando.

En una entrevista sobre la película “The Bourne Legacy”, el director Tony Gilroy (quien también colaboró con Clooney en la excelente “Michael Clayton”) hablaba de la importancia que tiene la orientación en las películas de acción: en medio de las explosiones, disparos y carreras de autos, el espectador debe saber en qué enfocarse. Desconozco el tipo de coordinación entre el director y editor Alfonso Cuarón, el fotógrafo Emanuel Lubezki, el co-editor Mark Sanger y el compositor Steven Price, pero el objetivo ideal se cumple: desde su inicio hasta el final, “Gravity” es un hermoso caos organizado: Ryan Stone jamas elude a nuestra visión en pantalla, aunque no tenga un segundo de calma.

Pese a ser un trabajo de ficción, esta cinta arroja por la ventana las fotos de calendario intergaláctico en favor de algo más genuino: el espacio como un estado de movimiento perpetuo; y no sólo en los objetos flotantes que aparecen en las naves: Emanuel Lubezki escribe nuevas reglas de geometría con la cámara, componiendo una veloz tésis donde el universo esta de cabeza, ahora en diagonal, y ahora de frente, etc. Es el efecto desorientador popularizado en todos los “Call of Duty”, pero sin pretensiones de hacer espectáculo. Y yace ahí la característica más notable de esta película: pese a sus millones de dólares en presupuesto y los años de tecnología que la hicieron posible, nunca dejé de pensar la fría similitud entre Sandra Bullock dando vueltas ‘ad infinitum’ (pronto se hablará de ella) y la vida de austronautas reales. Cuarón afirma que la cinta no es un documental, pero la experiencia tampoco parece muy alejada de las reglas y parámetros que caracterizan a la vida millones de km lejos de la Tierra. No es estrictamente ciencia ficción, es ciencia moderadamente respetada en favor de contar un relato coherente: Cuarón logra una atmósfera que oscila entre lo extraordinario y lo verdadero, coronando su trabajo en esta cinta como una dirección potencialmente más memorable que James Cameron y sus criaturas azules (más transparentes que una servilleta en términos narrativos). La audiencia puede temer a lo inexistente o desconocido, cuando la verosimilitud se juega bien. Pero a veces, la realidad provoca aún más terror, porque sencillamente existe.

Detrás de su proeza técnica, el trabajo actoral de Sandra Bullock la coloca junto a sus colegas Brad Pitt y Tom Cruise como una intérprete capaz de encarnar personajes complicados, siempre y cuando haya un buen director y guión de por medio. Pese a la cómica y atinada presencia de George Clooney, la película es completamente de Bullock, y no estoy convencido de que sea muy fácil realizar escenas de alto tono dramático al estar rodeado de pantallas azules (para sorpresa de dos o tres reporteros, esta película no fue filmada en el espacio). Pero ella lo logra, especialmente en ciertas secuencias dentro de la nave espacial: otra vez, se acerca mucho más al recuerdo de los tripulantes del Columbia y el Challenger. Es evidente que nunca sabremos como se sintieron, pero Sandra Bullock provee una interpretación tenebrosamente cercana a la realidad

Finalmente, queda la pregunta: algunos buscan que Cuarón gane el Oscar como merecido punto a una gran carrera (y en efecto, “Children of Men” es su otra y muy diferente obra maestra), otros por su nacionalidad (lo cual carece de sentido) y al final, atrapada en una esquina, vive el motivo más extraño, pero racional: su extraordinaria dirección en una memorable película. El cine es a fin de cuentas una experiencia, y su industria se ha dedicado por décadas a manufacturar gritos, lágrimas y escalofríos para los consumidores que asisten diligentemente a observarlas. “Gravity” podría haber sido una aventura espacial, donde tras un poco de tensión los humanos siempre ganan. Pero va mucho más allá: re-escribe los estándares técnicos para demostrar tensión y miedo, y es verdaderamente capaz de arrastrar medio cine al borde su asiento. Es una película que se siente, como otras grandes cintas lo han logrado, independientemente de su historia o estilo. “Gravity” sube las expectativas a un nivel que quizás merezca Óscares o no, pero ciertamente ha garantizado un lugar en la historia fílmica, al lado de “2001” y “HAL 9000”, quien podría haber dicho a Sandra Bullock cuando busca volver a la Tierra: “Sorry, I’m afraid I can’t do that”.

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@cruzderivas

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