Por Pedro Paunero

Marcielle (Jamilli Correa), tiene trece años y vive con su numerosa familia en la isla de Marajó, en el delta del Amazonas, en Brasil. Su nombre, de cadencia dulce, es el resultado de fusionar los nombres Marcilio (Rómulo Braga), el de su padre, y Danielle (Fátima Macedo), el de su madre, pero todos la llaman familiarmente, Tielle.

La vida de la familia transcurre entregada a las tareas domésticas, la caza, la pesca de camarón, la recolección de bayas, el lavado de la ropa, el ir y venir de los niños a la rústica escuela y la compra de enseres en la tienda local, donde los pobladores de la isla pueden obtener algo tan importante como cuerda para sostener las hamacas donde duermen. Y es que, la cuerda y la hamaca, ocuparán una parte central en la historia de Tielle, que se cuenta con una técnica arrancada del documental, contemplativa, cámara en mano, a través de iniciales primeros planos y movimientos que llegan a resultar mareantes, molestos, pero nos sitúan en el medio de la cotidianidad fluvial, y en el medio de los sencillos seres humanos que habitan el río.

Al principio, Marcilio se lleva al hijo mayor, Danilio (Gabriel Rodrigues), a cazar con él, mientras Danielle se entrega a labores domésticas y las niñas, Tielle y Carol (Emily Pantoja), juegan en el agua que rodea la casa de palafitos donde viven. Por las noches, Tielle desata las hamacas que se han levantado para hacer espacio durante el día, y se da cuenta que la suya tiene la cuerda rota, pero no debe preocuparse por esto. Su padre la llama a dormir a su lado, en la única cama, y le expresa cuánto la quiere. Poco después, Marcilio le ordena a Danilio que se quede a auxiliar a su madre, mientras se lleva consigo a una entusiasmada Tielle a cazar. Cuando le enseña a cargar y apuntar la escopeta, su padre se acerca a ella, hasta situarse sobre su hombro, respirando agitadamente, sin dejar de darle instrucciones. La respiración de Marcilio se convierte en una serie continua de jadeos, pero Tielle no deja de apuntar. Entonces, la respiración de su padre se despliega en gemidos inequívocos que indican que, para Tielle, no hay marcha atrás.

“Manas” (2025), es el primer largometraje de Marianna Brennand, documentalista que se había ocupado de la obra de su tío abuelo, el artista Francisco Brennand, en el documental “Francisco Brennand” (2012), y que ocupara diez años de su vida en una investigación sobre el abuso infantil en la isla de Marajó. Brennand prescinde diestramente de cualquier escena explícita, alejando la película de la mera explotación, haciendo de esta no solamente una denuncia, sino un testimonio preciosista, apoyado por la fotografía de Pierre de Kerchove, que privilegia una mirada naturalista, y un guion excelente que sabe sacar el máximo partido de la actuación de su infantil protagonista.

Hay un cruce de situaciones que no se puede ignorar en “Manas”, la de  Bess McNeill (Emily Watson), abordando un barco para prostituirse en “Rompiendo las olas” (aka. Contra viento y marea, Breaking the Waves, 1996), de Lars von Trier, y el comienzo de un oscuro shockumental que mostraba a un terrateniente brasileño, dueño de miles de hectáreas, que llevaba un bote con parte de su mercancía al puerto. El sujeto llegaba a la orilla y golpeaba con una vara el bote, para que su mercancía se pusiera de pie y se exhibiera para venta. La mayoría, niñas indígenas, desnudas, de alrededor de once años. Vender camarón a los marinos, es lo que impulsa a Tielle a abordar una barcaza, pero el ponerse lápiz labial indica un acto mismo de rebeldía contra el padre, acaso inconsciente, al buscar a un hombre que pueda llevarla lejos del mundo cerrado del abuso infantil, que es ejercido bajo la mirada resignada de la madre y el hermano. El baile, las bebidas alcohólicas y el encuentro con otros hombres, que igualmente saben que están ejerciendo actos de pedofilia, en el bar, forman parte de esa huida a la nada de Tielle, que culminará con una segunda visita a la barcaza y la redada policial, súbita, que rescatará, momentáneamente, a la niña, de un destino oscuro. “Chica de barcaza”, es el mote despectivo con el cual se designa a una prostituta que se vende en las embarcaciones fluviales, pero cuando ella vuelve al palafito, obligada por Marcilio a salir de la casa donde la agente policial la ha puesto en adopción temporal, y quien la ha violentado, incluso llamándola con dicho mote, comprendemos que son los celos de él hacia su “segunda esposa” (como claramente la designa el hermano menor), y no por el dolor hacia una hija que ha cometido dichos actos por necesidad. Para Marcilio, como para el marinero en quien Tielle cree ver un motivo de huida hacia lo incierto, la niña no es sino uno más de los bienes de consumo que se mueven a lo largo del Gran Amazonas.

El final brutal no es, empero inesperado, cuando Tielle, tan resignada como la madre, convive con el resto de la familia, y se percata que su hermana menor, Carol, no se encuentra en casa, sino “cazando” con el padre.  

Hubo una controversia de carácter nacional en Brasil, a la hora de elegir entre “Manas” y el neo noir “El agente secreto” (O agente secreto, Kleber Mendonca Filho, 2025), ambas excelentes películas, para la representación del país en la entrega del Oscar. La película de Brennard fue motivo de una campaña empresarial poderosa, debido a su temática, pero, al final, se eligió “El agente secreto”, por sus valores intrínsecos de producción.

En última instancia, la película de Marianna Brennand transforma un mudo dolor en testimonio. Su mirada, contenida y profundamente humana, rehúye el morbo y el sensacionalismo para mostrar una realidad que aún permanece oculta bajo la superficie del río y del silencio social. La historia de Tielle no solo denuncia el abuso infantil en las comunidades amazónicas, sino que expone una herencia cultural de violencia y de sumisión femenina con mirada universal. El filme nos dice que, mientras haya silencio, el ciclo continuará, así, ese grito que estoicamente Tielle se calla, estoica, repercute en el espectador. En todos los sentidos.

Por Pedro Paunero

Pedro Paunero. Tuxpan, Veracruz, 1973. Cuentista, novelista, ensayista y crítico de cine. Pionero del Steampunk y Weird West. Colabora con diversos medios nacionales e internacionales. Votante extranjero de los Golden Globe Awards desde 2022.