Por Pedro Paunero

El espacio ha sido un motivo recurrente en las mejores y más exitosas películas de Ridley Scott, desde su influyente “Alien, el octavo pasajero” (Alien, 1979), que resucitaba el cine de monstruos espaciales de la “Serie B”[1] pero con un diseño de producción artístico aunado a una trama trillada pero efectiva, un ejercicio para escritores primerizos y que consiste en meter en el mismo saco a un pequeño número de personajes, en un sitio cerrado o limitado, enfrentarlos entre sí y a una amenaza extraña[2], con su innecesaria precuela “Prometeo” (Prometheus, 2012), pasando por “Blade Runner” (1982), verdadera joya no sólo del cine de género sino del cine como un tipo de arte y en la cual el espacio constituye un telón de fondo, vuelve a visitarlo con “Misión Rescate” (The Martian, 2015), en la historia de un astronauta abandonado en otro planeta y aún volverá una vez más en “Alien, Paradise Lost” para el 2017.

En “Misión Rescate” no hay una amenaza extraña sino un mundo extraño dónde sobrevivir. Luego que el astronauta Marc Watney (Matt Damon) es dado por muerto y abandonado, tras sufrir toda la tripulación del Ares III una tormenta en el planeta Marte, se enfrenta, solo y herido, con los pocos recursos que tiene a la mano, como raciones alimenticias para un mes, el ahorro de energía o la manera de comunicarse con la Tierra, a su propio ingenio y conocimiento científico (la botánica y otras ciencias y su entrenamiento espacial) hasta que la misión de rescate llegue hasta él con la culpa encima por haberlo dejado ahí.

En una película de Ciencia Ficción -y en este caso en una basada en una novela escrita por Andy Weir-, debemos recordar que la ciencia es usada para conveniencia de la historia y que no se está asistiendo a un documental científico; se puede, pues, gozar con los problemas que se le presentan a Watney y cómo sale adelante al vencerlos: el cultivo de papas en suelo marciano, abonado con excrementos humanos, dividir moléculas mediante procesos químicos para obtener agua y oxígeno (salvando los accidentes y las distancias terrícolas), la telecomunicación mediante cámaras que apuntan sobre cartulinas con letras sueltas al estilo de una  tabla ouija espacial (aunque no se les haya ocurrido mencionarlo en la película) y la forma de acoplarse con la nave de rescate en pleno espacio marciano, por ejemplo, y pasar por encima todas sus inexactitudes (la tormenta apocalíptica que lo mete en todo este embrollo).

Podemos sonreír pensando en que Watney es resultado del vasto conocimiento humano y lo aprovecha, que es un buen chico yanqui (con todo y sus niñerías típicas del cine gringo y sus héroes jóvenes y guapos), que está dispuesto a disculpar al resto de sus compañeros porque, en buena onda, comprende que no fue culpa suya el haberlo dejado en otro planeta sin cerciorarse si estaba convertido o no en cadáver y hasta suponer que debió haber leído a Nietzsche porque voluntad no le falta para seguir adelante, pero también debemos recordar que “Misión Rescate” es resultado de aquella película de Alfonso Cuarón que le valiera el Óscar y que se llamó “Gravedad” (Gravity, 2013) a pesar de su ligero sabor a melodrama latinoamericano y que resucitó ese tipo de películas de aventuras espaciales dónde ya no hacían falta monstruos y se acercaban más a esos clásicos un tanto lentos por su pretenciosa carga de datos científicos y un poco aburridos, pero visualmente asombrosos, como la pionera “La mujer en la luna” (Frau im Mond, Fritz Lang, 1929) que inventó la cuenta regresiva, “Con destino a la luna” (Destination Moon, Irving Pichel, 1950), la primera auténtica película “Sci Fi”, o “La conquista del espacio” (Conquest of Space, Byron Haskin, 1955) que dejó su impronta en la proverbial buena película de ciencia ficción de Stanley Kubrick, “2001: Una odisea del espacio” (2001: A Space Odyssey, 1968).

“Misión de rescate” es entonces una película correcta como gran parte de la filmografía de Ridley Scott posterior a sus primeros y poderosos trabajos; no tan impactante visualmente, ni tan asombrosa, como las citadas “Alien” y “Blade Runner”, auténticas películas –justificadamente- inscritas en el cine de culto, dónde se nota su mano diestra pero, al mismo tiempo, ya inscrita –tiempo ha- en el Mainstream. ¿Dónde están “Thelma y Louise” cuándo se las necesita?

Blockbuster interesante, emocionante por momentos, repleto de esos elementos que tanto gustan a una parte de los espectadores no exigentes (aquí los chinos son buenos y colaboran entre agencias sin que nadie se los pida y los rusos brillan por su ausencia) y que anuncia una nueva racha marciana en el cine de Hollywood. ¿A qué si no obedece el que se hable ya de una nueva versión en la pantalla grande de la fallida historia del John Carter de Edgar Rice Burroughs que Disney no supo adaptar? 


NOTAS

[1] No se pueden negar sus influencias, bastante notables, del clásico El planeta de los vampiros del realizador italiano Mario Bava.

[2] Véase el ingenioso uso de esta trama en Náufragos de Alfred Hitchcok.

Misión rescate (The Martian, Estados Unidos/2015)

Dirección: Ridley Scott / Guión: Drew Goddard, basado en el libro de Andy Weir / Fotografía: Dariusz Wolski / Edición: Pietro Scalia / Música: Harry Gregson-Williams / Diseño de producción: Arthur Max / Elenco: Matt Damon, Jessica Chastain, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Michael Peña, Kate Mara, Sean Bean y Chiwetel Ejiofor / Distribuidora: Fox / Duración: 141 minutos / Calificación: apta para mayores de 13 años.

Por Pedro Paunero

Pedro Paunero. Tuxpan, Veracruz, 1973. Cuentista, novelista, ensayista y crítico de cine. Pionero del Steampunk y Weird West. Colabora con diversos medios nacionales e internacionales. Votante extranjero de los Golden Globe Awards desde 2022.