Por Hugo Lara
Desde Morelia
«La reserva», película de Pablo Pérez Lombardini que obtuvo el premio a Mejor Largometraje Mexicano de Ficción e n el Festival de Cine de Morelia, se erige como una de las voces más urgentes sobre la problemática rural del México contemporáneo. Ambientada en las profundidades de Chiapas, la cinta narra la historia de Julia, una guardabosques interpretada con singular fuerza por Carolina Guzmán —ganadora del premio a Mejor Actriz—, quien descubre una red de deforestación clandestina que amenaza el corazón de la selva.
La película construye un retrato tan íntimo como desgarrador de las comunidades rurales mexicanas, atrapadas entre la defensa de su territorio y el miedo a las represalias. Julia, movida por un sentido de responsabilidad que trasciende el deber, busca el apoyo de su comunidad, pero se topa con el silencio cómplice que impone el terror. La soledad de la protagonista —esa decisión de enfrentar sola lo que muchos no se atreven ni a nombrar— se convierte en el eje de un drama que explora no solo la crisis ambiental, sino la fractura social que provoca la impunidad.
Pablo Pérez Lombardini, joven cineasta con una mirada tan firme como sensible, asumió el desafío de filmar en la Reserva El Triunfo, integrando a sus habitantes no como extras, sino como parte fundamental de una narrativa que les pertenece. Este enfoque colaborativo dota a la película de una autenticidad palpable, donde el paisaje no es solo escenario, sino personaje: la tierra herida, testigo y víctima.
Filmada en un blanco y negro austero y evocador, «La reserva» trasciende el realismo para adentrarse en un tono casi lírico, donde la luz dibuja sombras que son metáfora de la dualidad entre la vida y la destrucción. La fotografía, lejos de ser un mero recurso estético, enfatiza la crudeza de un México rural donde confluyen intereses criminales, abusos de poder y la resistencia silenciosa de quienes, como Julia, deciden plantar cara al cáncer del narcotráfico y la devastación ambiental.
Más allá de su trama, la película se convierte en un espejo de numerosas comunidades en México donde el tejido social ha sido roto por la violencia y la corrupción. Lombardini no solo dirige con oficio —razón por la que también fue reconocido con el premio a Mejor Dirección—, sino con una ética clara: dar voz a quienes han sido silenciados.
«La reserva» es, en última instancia, un llamado a la conciencia y a la acción. Una obra que no se conforma con denunciar, sino que honra la dignidad de quienes luchan por preservar lo último que les queda: su tierra, su identidad, su futuro. Un cine necesario, filmado con el valor de quienes saben que contar una historia puede ser, en sí mismo, un acto de resistencia.

