Por Arturo Garmendia
Sus sueños y pesadillas
Max Ernst nació surrealista. En un panel de caoba en el dormitorio de su infancia adivinó una “enorme cabeza de pájaro con espeso pelo negro”. Otro día, postrado en cama por el sarampión, tuvo un sueño febril en el que “dos niños eran amenazados por un ruiseñor”, una alucinación que más tarde inspiraría su pintura de 1924 del mismo nombre. Cuando el nacimiento de su hermana coincidió con la muerte de su adorada cacatúa, la correlación, en la lógica del inconsciente, se convirtió en causalidad y “pájaros y humanos se mezclaron y confundieron peligrosamente en mi mente”, recordó años después. (Los pájaros rondaban la imaginación de Ernst como los cuervos que se congregaban en el thriller de Hitchcock: son una presencia melancólica en numerosas de sus obras).
Nacido en Alemania en 1891 optó por la nacionalidad francesa al convertirse en una de las figuras fundamentales en el surrealismo. A lo largo de su variada carrera artística, Ernst se caracterizó por ser un experimentador infatigable, utilizando una extraordinaria diversidad de técnicas, estilos y materiales para expresar el mundo de los sueños y la imaginación. La famosa exposición del Museo Sonderbund de 1912, que se celebró en Colonia, proporcionó a Ernst la ocasión de conocer directamente obras de Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Munch y Picasso.
Sirvió como soldado en el ejército alemán por cuatro años durante la Primera Guerra Mundial, y esta experiencia lo dejó conmocionado, traumatizado y crítico con el mundo moderno. Reincorporado a la pintura se integró a otra experiencia vanguardista, el movimiento dadá; atraído por su postura anticonvencional.

Instalado en Colonia comenzó a trabajar en el collage y otras técnicas de su invención. El collage, que integra materiales gráficos de distinta procedencia para producir insólitas imágenes, las más de las veces fantásticas. Con una visión única transformó lo cotidiano en extraordinario, explorando los rincones más profundos de la imaginación. A través de sus creaciones desafió las normas, invitando al espectador a un mundo donde lo real se entrelazaba con los sueños. Ernst no sólo creaba arte; tejía historias visuales que invitaban a la reflexión y al asombro. En cierto sentido fue un precursor de los comics, de las novelas gráficas. Tres de ellas, La mujer de 100 cabezas (1929), Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo (1930) y Una semana de bondad (1934) se distinguen por la maestría en el uso de este recurso, verdaderas Biblias negras de blasfemia y depravación.

Entre los muchos recuerdos de su infancia también está el miedo recurrente y la fascinación que tenía por el bosque que rodeaba su casa, al que consideraba una especie de reino invisible, o mejor, una metáfora ideal de su subconsciente. Por tanto cabe destacar que, en la constelación de obras de Max Ernst, un elemento recurrente es la iconografía del bosque. La vegetación presenta metamorfosis insospechadas: hay anfibios que se transforman en aves…
Experiencias en el cine
Al iniciar los años veinte se trasladó a París, a donde ha sido invitado por André Breton. Ahí comenzó a pintar obras surrealistas en las que figuras humanas de gran solemnidad y criaturas fantásticas habitan espacios futuristas.
En 1924 Ernst conoció al matrimonio formado por el poeta surrealista Paul Eluard y Elena Ivanova Diakonova, mejor conocida como Gala, y se unió a ellos en un triángulo amoroso durante dos años. En el seno del movimiento surrealista Ernst también conoció y se hizo amigo del poeta Jaques Prévert, que también tenía inclinación por el cine y el teatro. En 1928 Prévert fundó una productora teatral y cinematográfica y Ernest se benefició de sus relaciones para conseguir trabajo como extra cinematográfico.
Su apostura y presencia en la pantalla, más la experiencia adquirida fueron claves para que otro amigo del movimiento, Luis Buñuel, lo eligiera para incorporar uno de los personajes de La edad de oro, su segunda película surrealista. Como se recordará, la película cuenta con un prólogo documental sobre las costumbres del alacrán y a continuación narra como un bandido descubre a un grupo de arzobispos (los mallorquinos) que cantan misa en las rocas. El bandido avisa a sus compañeros y todos se dirigen armados para asaltarlos, pero van cayendo exhaustos en el camino. “Max Ernst hará el papel del capitán de los bandidos -le informa Buñuel al a Charles de Noailles, productor del filme[1]– Tiene una cara increíble”; y en su autobiografía recordará “su extraño semblante de ave con ojos claros”. [2] Verdad es que Ernst tiene, en esa secuencia, una presencia muy relevante. A su vez, su amigo Prévert aparece como otro de los bandidos y para su personaje se aprovechó su esquelética figura, pues representaba a no de los maleantes, muriendo de inanición.
Arresto y exilio
La Segunda Guerra Mundial vino a trastocar cualquier plan que se hubiera hecho. En 1939, mientras mantenía una relación extramarital con Leonora Carrington, sufrió un arresto instigado por la Gestapo, al ser considerado por las autoridades francesas como «extranjero enemigo». Su esposa, la periodista Louise Strauss, también fue recluida en un campo de concentración nazi, muriendo en prisión.Ernst fue enviado al campo de concentración de Les Milles, del cual fue trasladado hacia otros campos en repetidas ocasiones hasta que consiguió escapar en 1941.Emigró a Estados Unidos con la ayuda de Peggy Guggenheim, millonaria norteamericana mecenas y coleccionista de arte, protectora de Breton y otros artistas exilados.
En Manhattan se reencontró con Leonora Carrington, que también huía de la conflagración mundial. Intentó revivir su relación, pero Leonora, ahora casada con el diplomático mexicano Renato Leduc, prefirió exilarse en nuestro país. Ernst se casó entonces con quien ya era su pareja, Peggy Guggnheim, mecenas y coleccionista de arte de la que se divorciaría más tarde. En el terreno matrimonial,

en 1946 contraería nuevamente nupcias con la pintora, escultora y escritora estadounidense. Dorothea Tannig. Ernst. La introdujo al círculo de los surrealistas en el exilio y ella adoptó durante algunos años ese estilo, aunque luego regresó a sus otras vocaciones artísticas.
El ambiente snob de su círculo les desagradaba y terminaron por mudarse a Sedona, un pequeño pueblo en el desierto de Arizona, donde, en contacto con la agreste naturaleza, prosiguieron sus tareas artísticas. En 1953 viajaron a Paris para encontrarse con que casi nadie recordaba a Ernst, ni al surrealismo. Regresaron a su hogar.

Cine y surrealismo
Ernst siguió colaborando en otros filmes, particularmente de Albert Lewin, el director de culto de El retrato de Dorian Grey, de Los asuntos privados de Bel ami, protagonizada por George Sanders y Angela Lansbury y de Pandora y el holandés errante, con Ava Gardner y James Mason, de 1945, 47 y 51 respectivamente. Para todas ellas Ernst aportó dibujos y bocetos.
La pintura La tentación de San Antonio de Max Ernst apareció en pantalla, como un breve toque de color en una película en blanco y negro, después de haber sido la ganadora de un concurso entre artistas invitados a colaborar en el filme; entre otros Leonora Carrington, Salvador Dalí, Paul Delvaux, Dorothea Tanning y Leonor Fini. La cinta era El retrato de Dorian Grey, y el detalle había sido muy celebrado, [3]
Sueños que el dinero puede comprar
Hans Richter [4] nació en Berlín en 1888 y fue un pintor y cineasta alemán, nacionalizado más tarde estadounidense. Realizó los cortometrajes abstractos Rhythm 21, Rhythm, 23 y Ghost before breakfast en los años veinte. Esta última pieza, musicalizada por Paul Hindemith, fue destruida por los nazis al ser catalogada como “arte degenerado”. Militó en las filas del movimiento vanguardista dadá, donde se hizo amigo de Max Ernst. En el exilio enseñaba cinematografía en el City College de Nueva York. Juntos emprendieron la realización de una peculiar cinta, Sueños que el dinero puede comprar, financiada, gracias a los esfuerzos de Ernst, por Peggy Guggenheim y Kenneth MacPherson. Para ella proporcionó material gráfico y asesoría artística, lo mismo que Alexander Calder, Marcel Duchamp, Fernand Léger y Man Ray.

Se trata de una fantasía sobre un hombre con apuros económicos que descubre que puede penetrar en la mente de los demás, y decide montar un negocio en el que vende sueños a la medida de sus clientes, mayormente gente frustrada y neurótica. Fuertemente emparentada con el universo visual del poeta y también cineasta Jean Cocteau, el filme también contó con la participación de notables artistas europeos y americanos tales como los compositores Louis Applebaum, el mítico Paul Bowles (expatriado en Tánger durante tantos años y autor de la novela El cielo protector), John Cage, David Diamond y el francés Darius Milhaud.
Filmada en Technicolor en Nueva York entre 1944 y 1947, el resultado final fue un heterogéneo conjunto de historias de contenido onírico, cuyos títulos son: Deseo, Ballet, Discos, Circo, Ruth, Rosas y revólveres y Narciso. En circunstancias normales una película de tales características difícilmente se habría filmado en América y en inglés, aunque las complicaciones derivadas de la Segunda Guerra Mundial habían hecho coincidir en Nueva York a buena parte del colectivo surrealista (Buñuel incluido). Quizá de ahí proceda el provocador título de la cinta, basada realmente en la inquietante figura de un traficante de sueños, cuyo lema es: Todo tiene un precio, hasta lo más íntimo. [5]

La película contiene siete secuencias de sueños, unidas entre sí por la narración del vendedor de sueños. Destaca el segmento de Ernst, El deseo, maravillosamente oscuro y onírico, incluso homoerótico, lo que refleja el estado de ánimo a veces siniestro de sus pinturas. La sección de Man Ray es más una broma que una obra de arte, y supuestamente tiene un cameo de un joven Stanley Kubrick. Los móviles y las marionetas de Calder fueron los que menos éxito tuvieron. Duchamp y Léger fueron mejores: hábiles y visualmente llamativos resultaron breves, dulces y bien pensados. Los discos giratorios de Duchamp, con una banda sonora adecuada de John Cage merecerían haber sido una obra experimental por sí sola. Finalmente, el episodio de Richter, el más alegórico y autobiográfico, es una variación de la historia de Narciso sobre un hombre que descubre que es azul, se mira en un espejo y pasa a través de él a un mundo que refleja su vida interior. Con su paleta de colores suaves, el uso expresivo de una cámara subjetiva, una cinematografía de enfoque profundo y una narrativa enigmática, el episodio simula la textura y el flujo de un sueño, y no sorprende que Richter afirme haberlo hecho en trance.
La cinta fue distinguida con un premio especial en el Festival de Cine de Venecia de 1947.
Diez años después, parte del equipo de Sueños… se volvió a reunir para filmar la cinta experimental 8 × 8: una sonata de ajedrez en 8 movimientos, dirigida al alimón por Hans Richter , Marcel Duchamp y Jean Cocteau, con la participación de con la participación de Max Ernst , Dorothea Tanning, Jean Cocteau , Paul Bowles , Fernand Léger , Alexander Calder y Marcel Duchamp. . La película se filmó parcialmente en el césped de la casa de verano de Richter,en Connecticut, quien señaló “Esta película está relacionada con el mundo de la fantasía. Es un cuento de hadas para adultos. Explora el reino detrás del espejo mágico que Lewis Carroll usó cien años antes para estimular su imaginación. Usamos el ajedrez como el tablero en el que también sucede lo que sucede en la vida, solo transformado simbólicamente, pero no menos real.
“La piedra pesada que el hombre le entrega a la mujer, la mujer se las entrega al hombre y así sucesivamente son la carga diaria que ambos tienen que llevar. El teléfono que el músico-poeta no quiere contestar es el exigente mundo de la realidad, que él se niega a escuchar … Prefiere escuchar la flauta rezumante antes que su voz … y su equipaje robado uno tras otro . Pero son más que eso: son todas representaciones de sus posesiones terrenales. La película fue producida por los artistas. Hemos hecho uso de la tradicional libertad del artista para seguir nuestra inspiración. ” Es un tributo al juego que amaba Richter: “un juego de azar y accidente, de reyes y peones, de retiradas y éxitos; en resumen, las mil y una combinaciones de la vida.


Dos imágenes de la película. derecha, Max y Dorothea. izquierda, Jean Cocteau.
Autobiografías
En 1967 Ernst se acerca nuevamente al cine, produciendo el documental de 10 minutos Maximiliana o la práctica ilegal de la astronomía, para el que se unió por primera vez al director Peter Schamoni. El tema era el astrónomo y litógrafo alemán E. W. Leberecht Tempel, del siglo XIX La astronomía de Tempel era “ilegal” porque otros astrónomos lo consideraban un aficionado, lo que significaba que se le negaba el permiso para nombrar sus descubrimientos. Maximiliana fue el nombre que Tempel decidió darle a un asteroide que descubrió en 1861. Esto se consideró inaceptable, por lo que el asteroide recibió el nombre oficial de Cibeles.El filme fue el inicio de una larga colaboración entre pintor y cineasta, la mayor parte de la cual documentó la vida de Ernst y su esposa.
En 1964 produjeron el documental Jornada al interior del subconsciente, donde exploran la naturaleza de los materiales que emplea el artista, así como el significado emocional de las formas que combina en sus collages. El director y el pintor usan su creatividad fílmica para explicar su desarrollo artístico.

En 1978 Schamoni acomete una biografía de esta última: Dorothea Tanning. Insomnio. A continuación vino Max y Dorothea, y finalmente en 1991 Max Ernst- Mi vagabundeo, mi inquietud, haciendo referencia a la vida peripatética de Ernst, así como a sus peregrinajes artísticos en Alemania, Francia y América.

Max Ernst murió en 1976 en Francia, donde habían ido a residir en los años 60. Póstumamente, el director Eric Duvivier realizó Una semana de bondad, con base en la colección de collages del mismo nombre, que Ernst realizara en 1934.

[1] Cit. en Luis Buñuel y el surrealismo. Museo de Teruel. España, 2000.
[2] Luis Buñuel. Mi último suspiro
[3] Ver La vida privada de Bel Ami en https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=The_Private_Affairs_of_Bel_Ami&action=edit&redlink=1
[4] Hans Richter, pintor. Ver Hans Richter — Biografía completa
[5] La película puede ser vista en Sueños que el dinero puede comprar (1947) | Hans Richter (VOSE)

