“He tenido sueños muy extraños… sueño que un hombre me persigue, luego como que me esculca, y luego me toca ¿eso significa algo?” (Margarita Sanz, como Susanita en El callejón de los Milagros)

Margarita Sanz ha destacado como una actriz versátil, generalmente en papeles de cuadro, donde ha mostrado amplia solidez y sensibilidad. Se le recuerda especialmente por su interpretación como Susanita, en El Callejón de los Milagros (Jorge Fons, 1995), pero sus logros abarcan numerosas películas, obras teatrales y series de televisión.

Sanz nació en Guadalajara, Jalisco, el 20 de febrero de 1954. En su ciudad natal,  Sanz formaba parte de un coro infantil y actuó en varias obras de teatro.

Realizó sus estudios en la Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y en el Centro Universitario de Teatro (CUT). 

Debutó como actriz en el teatro con obras como “La ópera de los tres centavos”, “Misterio Bufo” y “Cómo tener éxito con las mujeres”. Luego trabajó en la televisión siendo su primera telenovela “Santa” en el 1978. En el cine debutó en la película “Frida, naturaleza viva” en  1984.

Actuó por largo tiempo para las televisoras gubernamentales y privadas, en diversos programas y series. En el cine también ha intervenido en largometrajes como El imperio de la fortuna (1985) de Arturo Ripstein, La vida conyugal (1993) de Luis Carlos Carrera, la ya mencionada El callejón de los milagros, Frida (2001) de Julie Taymor; La habitación azul (2002) de Walter Doehner; Bajo la sal (2005) de Mario Muñoz y El garabato (2007) de Alfredo Martínez Solares y Adolfo Martínez Orzynski, entre otras.

Ha obtenido importantes premios como el Ariel a la mejor coactuación femenina por Frida, naturaleza viva; y a la mejor actuación femenina por El callejón de los milagros.

Un acercamiento a su experiencia como actriz y a su visión como
persona, puede desprenderse de una entrevista de Raquel Peguero
publicada en La Jornada (5 de agosto 1995), donde explicaba: “Todavía
no sé que es la libertad, no siento vivir en ella. La veo cómo un
ideal, como algo mitológico tras lo que siempre vamos. Le voy a poner
un ejemplo muy burdo: es como el trozo de carne que colocamos en la
punta del ganchito que le mostramos a un perro. El animal siempre ira
en su busca, pero nunca lo alcanzara por que siempre estará adelante, a
distancia. Nuestra vida es una especie de carrera en pos de la
libertad. Nos esforzamos sin saber a ciencia cierta si algún día la
alcanzaremos. Lo importante es que no desfallezcamos, que no
renunciemos a correr tras la libertad, Ese esfuerza da una sensación de
plenitud y yo me siento una mujer”.