Por Hugo Lara Chávez
Harlem, 1986. La pandilla de los “Hermanos del Dinero”, liderada por el astuto Nino Brown (Wesley Snipes), empieza un acelerado ascenso gracias al comercio del crack. Cuando han dominado el barrio desde el Carter, un siniestro edificio donde producen y venden la droga, el rudo policía negro Scotty Appleton (Ice T) es asignado, junto al oficial blanco Nick Peretti (Judd Nelson), para atrapar al susodicho criminal. Fracasando con un primer intento al infiltrar un espía en el interior de la organización de Brown, la pareja de policías son sacados del caso, pero por su propia cuenta continúan la cacería del cada vez más poderoso narcotraficante. Bajo falsas identidades, Appleton y Peretti logran acercarse a Brown y adentrarse en su organización para conseguir evidencias en su contra. Cuando Appleton es reconocido como policía por uno de los matones de Brown, la situación se ha de complicar. Sin embargo, se ha incubado en torno a la figura destructiva de Brown, la ambición, la traición y la desconfianza, factores que merman la fuerza de los “Hermanos del Dinero” hasta que es desmantelada ésta, y Brown es llevado a juicio.
El actor-director Mario Van Peebles hace su debut con “La fortaleza del vicio”, una historia de gangsters contemporánea que, además de las notables alusiones narrativas y estructurales al cine de este género de los años 30, es también un vistaso al terrible reverso del sueño americano.
Ciertamente, “La fortaleza del vicio” sigue en términos generales, el esquema de las películas de gángster como “Caracortada” (la de Hawks, 1932, que se cita claramente con la versión de De Palma), “El pequeño César” (Mervin Le Roy, 1930) o “El enemigo Público” (1931, William Wellman), en que el vertiginoso ascenso de un criminal es tan veloz como su caída. En este mismo sentido, en una cuestión ambiental es importante señalar el paralelismo de épocas (entre la era de la depresión, y la miseria exacerbada del período Reagan-Bush) y circunstancias que se establece en el discurso anti-crimen. Así, la figura del hampa, encarnadas por Nino Brown, se torna en un personaje que, dentro de su ámbito, posee popularidad por ser la ejemplificación distorsionada del sueño americano, del que accede al poder con artificios (en este caso el crimen), un poder que además está negado para el sector marginal y miserable al que pertenece.
Y por otra parte, la dupla de policías, agentes de la justicia que también se criaron en el bajo mundo: Peretti es un exadicto al crack, Appleton tiene una obsesión de vengar a su madre, muerta años atrás por un drogadicto (melodramáticamente el asesino resulta ser Brown). La conducta de estos personajes no dista mucho de la de los hampones: se mueven en la frontera de la violencia y la legalidad, rayan en la psicopatía y el egoísmo; y la obstinación de venganza, a reserva de una posible preocupación por su comunidad que está siendo detruida por la droga, es el principal estímulo para acabar con los criminales.
Por otra parte en “La fortaleza del vicio” es notable el absoluto predomino racial negro. Posiblemente no sea un afán racista, pero de cualquier modo resulta interesante (aunque al director Van Peebles le falta intención para asumir en realidad la escencia de la comunidad negra estadunidense, área del genial Spike Lee) la óptica del director y del guionista, cuya intención es centrarse en estos perímetros raciales, en que la justicia y el crimen se reparten dentro de una misma comunidad. Sin embargo, a veces se siente una incomodidad por este mismo concepto, que se afloja y permite dudar de la posición anterior: si es una película de negros y sobre negros, ¿qué sentido tiene incluir a Peretti, un policía blanco que no tiene mucha relevancia dramática? Su inclusión parece una necesidad del discurso para expresar el slogan promocional: “las drogas no es asunto de negros, ni de blancos. Es asunto de muerte”.
Con una buscada subexposición, la oscuridad dominante del film dan sobre todo realce a un lugar sórdido y patético. Por otra parte, debe decirse que por lo pronto Van Peebles demuestra tener ciertas aptitudes llamativas para el oficio, aunque flata pulir, sobre todo, el a veces rebuscamiento fotográfico, así como algunas deficiencias narrativas en la primera hora de proyección, y la inevitable incidencia en los lugares comunes del género.
“La fortaleza del vicio” (“New Jake City”, EU 1991). Dir: Mario Van Peebles. Prod: Doug MacHenry y George Jackson. Guión: Thomas Lee Wright y Barry Michael Cooper, en base a una historia de T.Lee Wright. Foto: Francis Kenny. Editor: Steven Kemper. Diseñador de producción: Charles C. Bennet. Música: Michael Colombier. Con: Ice T, Wesley Snipes, Allen Payne, Mario Van Peebles, Judd nelson, Tracy Camilla Johns.

