Por Hugo Lara
El cineasta danés Joachim Trier ya lleva un rato entregando excelente material que marcan su ascenso en el cine mundial, por su forma de narrar historias con su especial sensibilidad, a través de personajes que muestran su interior. A él se deben títulos como “Reprise. Vivir de nuevo” (2006), “Más fuerte que las bombas” (Louder Than Bombs, 2015) y “La peor persona del mundo” (Verdens verste menneske, 2021), entre otras, que hurgan en las entrañas de las familias nórdicas y en sus emociones humanas y universales, con drama y humor.
Esta vez, en “Valor sentimental” (Sentimental Values, 2025), Trier nos traslada al gélido y ordenado mundo de una familia noruega culta y sofisticada. La película fue estrenada en el pasado Festival de Cannes donde ganó el Gran Premio del Jurado.
En el centro de la trama están Gustav Borg (Stellan Skarsgård), un cineasta célebre, y sus dos hijas: Nora (Renate Reinsve), una actriz consumida por la ansiedad, y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), una historiadora en busca de su lugar. Aunque se tienen cariño, las hijas llevan una relación tirante con su padre, que tiene una personalidad solar y ególatra, como iremos descubriendo poco a poco. Cuando Gustav ofrece a Nora el papel protagónico de su próximo filme, ella rechaza la oferta. La sombra de una infancia lastimada por un padre exitoso pero ausente—absorbido por su carrera—se proyecta sobre su presente, materializándose en ataques de pánico y un resentimiento profundo. Ante el rechazo, Gustav recurre a una actriz estadounidense, Rachel Kemp (Elle Fanning), quien con titubeos deberá sumergirse en la psique de un personaje suicida. Y con Fanning de por medio, vale la pena recordar otra buena película sobre un padre famoso y su relación con su hija, donde la actriz estadounidense participó: “Somewhere” (2010) de Sofía Coppola.
Regresando a “Valor sentimental”, la película dentro de la película que Gustav busca filmar, una historia íntima y familiar, se convierte en el espejo donde los tres protagonistas —el padre y sus dos hijas adultas— se ven forzados a confrontarse con el pasado, con el momento trágico que supuso un giro en sus vidas. La casa familiar, testigo silencioso de tantos recuerdos, emerge como un personaje más, sus paredes susurrando las historias de un pasado que se niega a ser sepultado. Y los conflictos emocionales de las hijas con respecto a su progenitor, forjados a lo largo de su vida, han creado un nudo gordiano que es imposible desatar.
De forma paralela, Trier construye escenas donde los límites entre la realidad y la ficción—entre la obra de teatro donde toma parte Agnes y el mundo cinematográfico de Gustav—se desdoblan con brillantez y se funden con la realidad. Tan es así, que esto genera incluso una crisis creativa en la actriz Rachel Kemp, quien se da cuenta de la dimensión sentimental y personal que tiene el personaje que le han asignado encarnar.
“Valor sentimental” es una disección minuciosa de los afectos dañados entre padres e hijos. Su guion, inteligente y meticuloso, explora la intimidad de sus personajes con una sobriedad típicamente escandinava, matizada por destellos de humor. La película y el guion son el resultado de la asociación entre Trier con su coguionista Eskil Vogt, con quien lleva trabajando desde sus primeros cortometrajes, en una relación creativa que ha alcanzado, con este filme, su plena madurez, aportando un empaque sofisticado y divertido, con un contenido profundo y reflexivo.

