Durante las últimas décadas del siglo XX, la teoría social se enfocó en analizar la realidad a través de dos escenarios predominantes: lo urbano y lo rural, o bien, el centro y la periferia. Esta dualidad no solo implicaba una diferenciación espacial, sino que también establecía una comparación antagónica entre modernidad y antigüedad, progreso y atraso, desarrollo y marginación.
La perspectiva teórica de la época concebía el mundo dividido en polos opuestos. Por un lado, las ciudades y sus centros se consideraban sinónimos de modernidad y progreso, mientras que los espacios rurales y periféricos se asociaban con lo antiguo, el atraso y la pobreza. Esta oposición estructuró gran parte del análisis social y las políticas públicas de ese momento.
Las periferias de las grandes ciudades surgieron como resultado de diversos factores. Entre los más relevantes destacan los rezagos profundos en el acceso a servicios y oportunidades, así como las migraciones masivas y desordenadas hacia las urbes. La falta de planeación urbana adecuada contribuyó de manera significativa a la formación de estos espacios, caracterizados principalmente por la segregación social.
La periferia, sin embargo, siempre considerada un lastre, logró un día respirar y mostrar que no representa el pasado o el atraso. También es de muchas maneras, le futuro y la esperanza.
Esta idea es fuerte en esta cinta. Pablo Gasca Gollás, director del documental “Las Golondrinas: Recuerdos del Futuro y la Centralidad de la Periferia”, encuentra en el relato de cómo se fundó la Colonia la Golondrinas, un semillero de historias que, en conjunto, cuentan no solo la historia de un lugar sino también la de las personas que eligieron ese espacio para edificar su hogar.
A través de un relato coral, el documental da cuenta del largo camino seguido por sus fundadoras por edificar un hogar y afianzar una comunidad. El testimonio adquiere un valor especial porque las principales protagonistas son mujeres. Ellas construyen, limpian, luchan y sobreviven. Pronto, la historia narrada deja de ser únicamente la de un lugar, y se convierte en la de esas mujeres que logran sobreponerse a la violencia, el machismo y la pobreza, mientras edifican el sueño de tener un sitio seguro donde puedan vivir junto a sus familias.
Al final, Las Golondrinas es el reflejo y la materialización de muchas vidas difíciles, de muchas esperanzas, de muchas luchas y también de muchas tristezas y soledades.
Después de ver el documental, cuesta trabajo pensar que este sea un escenario periférico de atraso y subdesarrollo. Porque la pobreza no se expresa en este lugar por el acabado de las viviendas, las calles pavimentadas, los servicios urbanos o el dinero invertido en mejorar el entorno. Aquí lo que hay es la mirada altiva de estas mujeres luchadoras y sobrevivientes. No siempre una cámara puede captar más allá de lo que la luz alcanza. Y son embargo, lo encuadres y los planos pensados para este relato, son capaces de decirnos que la teoría social también se equivoca.
Finalmente “Las Golondrinas: Recuerdos del Futuro” demuestra que la periferia no solo es un espacio condenado al rezago, sino también un lugar donde florecen la resistencia, el esfuerzo colectivo y la esperanza. Es un lugar donde además, se escribe mucho del futuro para los años venideros
A través de las voces y experiencias de sus habitantes, especialmente de las mujeres, el documental reivindica el papel fundamental de quienes, desde la marginación, construyen comunidad y forjan futuro. Así, la periferia se convierte en símbolo de transformación y posibilidad, recordándonos que la centralidad no siempre reside en el centro geográfico, sino en la fuerza y dignidad de quienes luchan cada día por un mejor porvenir.

