Por Lorena Loeza 

Para Pablo

El inminente estreno de Eclipse, la tercera entrega de  la serie Crepúsculo, apunta a ser nuevamente todo un fenómeno de taquilla para los miles de fans que los libros y las películas  han generado a lo largo de todo este tiempo.  

El suceso adolescente en que se ha convertido la serie de novelas escritas por Stephenie Meyer ya ha generado discusión y controversia de muchos tipos y en diferentes arenas. Desde agudas críticas a la falta de oficio de la escritora, hasta señalamientos de evidente ignorancia sobre el tema de vampiros y lo sobrenatural, han sido material de discusión a diferentes niveles.  

Y es que quizás algunos nos confundimos al principio, cuando creímos que las historias abonaban algo al relato vampírico, tanto en la literatura como en el cine. Hoy ese asunto parece plenamente superado: el elemento sobrenatural solamente está presente para hacer más trágico el planteamiento romántico, en donde  un triángulo amoroso y una relación que representa un reto para los amantes, es en realidad la materia prima de las cuatro entregas.  

Pero más allá de todo lo que ya se ha dicho a favor y en contra, uno no puede evitar pensar en otro debate, no tan explícito como el antes expuesto. ¿Qué ha pasado con las historias escalofriantes de adolescentes incomprendidos en la pantalla? ¿Porqué esa relación habitual entre adolescentes y thriller ha acabado por convertirse en novela rosa? 

Entre otras cosas, una de las posibles respuestas es que el modelo ya haya sido lo suficientemente explotado. Hemos visto adolescentes en plena de crisis de identidad, huyendo de vampiros, lobos, sicópatas, zombies y demás figuras terroríficas por poco más de tres décadas. Stephen King resulta el mejor exponente del género en esta materia y en buena parte responsable de que así haya sucedido. 

La exposición de la debacle adolescente en su punto de vista más oscuro, definitivamente encuentra en los terroríficos  relatos de King su punto más alto y popular.  King ha declarado en repetidas ocasiones que sus relatos son en realidad estampas oscuras de la vida cotidiana. Lo del diario, pero visto desde su perspectiva más terrorífica.  


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Poner a adolescentes en el centro de la trama, le valió a King  un nutrido número de seguidores  que se identifican con ese punto de crisis expuesto de manera tan espeluznante. Sin embargo, ¿qué es lo que hace tan diferente a Carrie White de Bella Swan?  Entre otras cosas, la manera de resolver los dilemas que ambas enfrenta y que resultan comunes y conocidos para millones de chicas adolescentes en el mundo.  

Carrie (Carrie, Brian De Palma, 1976) es una adolescente atormentada por su madre  y un entorno hostil en plena pubertad. Para ella, conocer el amor será una experiencia tan trágica, que terminará por  exterminarla junto con todos los que la rodean, una condena que por la que terminará enterrada en el mismo cementerio junto a  sus propios demonios.  

Pero lo que para Carrie es condena, para Bella es elección. La posibilidad de ser por siempre adolescente, es para ella la única manera de perpetuar al amor.  Una elección que la dejará atrapada en un mundo sin tiempo, pensando que esa es la manera de vivir feliz por siempre.  

Una por rendirle culto al  amor idílico, otra escapando del horror de su propia realidad, la verdad es que ambas muestran los estragos de una adolescencia no superada.  La inmortalidad parece un regalo que no siempre es bien aceptado,  ni la solución necesaria para un final feliz.   

Y si bien Stephen King  – por su parte- ya ha declarado su aversión por la Serie Crepúsculo, otra infaltable en el tema no ha querido quedarse atrás. Para Anne Rice, es totalmente absurdo que uno desperdicie la inmortalidad repitiendo por siempre la secundaria…. Y puede que definitivamente, tenga razón.

Por Lorena Loeza

Es Maestra en Estudios Latinoamericanos y Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es Profesora en Educación Preescolar por la Escuela Nacional de Maestras de Jardines de Niños. En el año 2000 recibió la Medalla Alfonso Caso al Mérito Universitario, por parte de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue Votante Internacional de los Globos de Oro en su edición 2025. Ha participado como ponente en congresos nacionales e internacionales de análisis cinematográfico como el Coloquio Nacional de Cine Regional, organizado por la UNAM y la Universidad de Guadalajara; el Coloquio sobre Cine Mexicano, organizado por el FestivaL Internacional de Cine de Morelia; también impartió la Conferencia “La idea del mal en El Exorcista” en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Morelos. Participó en la publicación conjunta “Femmes Fatales. 12 escritoras hablan de cine de terror” editado por el Festival Macabro y Editorial Samsara y en “Año Covid. Notas sobre el cine y la cultura en el año de la pandemia” publicación conjunta de Corre Cámara y Alphaville Cinema. Actualmente es consultora en temas de género y derechos humanos. Es colaboradora en Corre Cámara y otras publicaciones electrónicas de análisis cinematográfico; y en la Silla Rota en temas de género y derechos humanos.