Por Arturo Garmendia
Rumbo a Hollywood
En las postrimerías de 1930, cuando la gira de Sergei M. Eisenstein y sus compañeros por el continente europeo terminaba sin que hubiera conseguido cumplir cabalmente con la misión que le había sido encomendada (adquirir conocimientos técnicos sobre el sonido cinematográfico y conseguir producciones fílmicas que aportaran divisas a la Unión Soviética, que empezaba a recuperarse económicamente), la situación era desesperada y había que tomar medidas extremas.
En el castillo de La Sarraz (Suiza), donde Eisenstein había asistido a un Primer Encuentro de Cine Independiente, se había hecho amigo de Ivor Montagu, crítico de cine y empresario cinematográfico inglés que tenía contacto con sus afines en Hollywood. Le pidió pues que utilizara sus influencias en su favor: “Estuvimos de acuerdo –recuerda el cineasta inglés- en que podíamos obtener alguna ventaja si yo iba como pionero para ver, discretamente, si podía encontrar algún pez que picara para llevar a Hollywood al grupo completo de cineastas rusos, Eisenstein, Aleksandrov, su asistente y Tisé, su fotógrafo”. 1
El acorazado Potemkin se estrenó en Berlín el 10 de abril de 1926, pese a algunos problemas con la censura que obligó algunos cortes. Conoció de inmediato un éxito impresionante. Más y más cines se sumaron a su exhibición, y el corresponsal del diario cultural parisiense Comedia publicó el siguiente reporte: “No es exagerado decir que las tres últimas semanas el filme ruso Potemkin ha revolucionado Berlín. Los viajeros que llegan a la ciudad y preguntan qué hay que ver en la capital del Reich invariablemente reciben como respuesta. ‘Vayan a ver El acorazado Potemkin. No se habla de otra cosa en los salones. En el curso de la temporada que termina ninguna película, ninguna obra de teatro se aproxima siquiera al éxito de este filme de propaganda bolchevique, que se exhibe simultáneamente en veinticinco cines”. 2
En provincia, el éxito se repitió abarrotando salas en Frankfurt, Dusseldorf, Hamburgo y otras localidades. Ese año el fenómeno sólo lo igualó la superproducción norteamericana Ben-Hur (1925), de Fred Niblo, con el galán de origen mexicano Ramón Novarro.
El éxito en Alemania de El acorazado Potemkin pronto se repitió en otros países. El 1º. de julio de 1927 la delegación soviética en Alemania reportó que el filme había recaudado 20 mil dólares en ese país; y había sido vendido a otros como Austria, Checoslovaquia, Escandinavia y el Reino Unido, donde ingresó 16 mil dólares. Para la primavera de 1928 el filme de Eisenstein se ubicó en el cuarto lugar de ingresos a la Unión Soviética en el renglón de las exportaciones y había sido vendido a 36 países; y concretamente, en los Estados Unidos el estreno de El acorazado Potemkin en 1926 fomentó la creación de cines de arte por todo el país: El primero de ellos fue el Cameo Theater en Nueva York, pero en los años siguientes este tipo de salas proliferó en Washington, Chicago, Baltimore y Cleveland, entre otras ciudades importantes. Tales salas contribuyeron a crear una pequeña pero entusiasta audiencia intelectual para los filmes soviéticos, más allá de Nueva York. En Washington, por ejemplo, el Potemkin atrajo multitudes a una nueva salita, el Little Theater de 225 plazas. No sólo generaba una gran fila de espectadores potenciales alrededor de la manzana, sino que daba funciones con lleno total, ocupándose cada metro de espacio disponible. En 1927 el Variety, diario especialista en espectáculos, reseñó el estreno de Potemkin en el Chicago’s Playhouse, señalando que el local había sido convertido en una sala “para gente con cerebro” y que en su primera semana había logrado ingresar más de 5 mil dólares, “lo que no está nada mal”. 3
Por ello, distintas productoras norteamericanas empezaron a competir para asegurarse los servicios del direc tor soviético.
Un comunista en Norteamérica
De otra parte, de los escombros de la 1ª. Guerra Mundial había surgido una nueva potencia: los Estados Unidos de Norteamérica. Su crecimiento a partir de 1918 fue vertiginoso, pero el manejo irresponsable del capital financiero condujo al desplome de la Bolsa el 29 de octubre de 1929 y a una de las mayores crisis económicas de la historia. La Gran Depresión redujo por igual los ingresos personales, los ingresos fiscales, los precios y los beneficios empresariales. Ciudades de todo el mundo resultaron gravemente afectadas, especialmente las que dependían de la industria pesada. La construcción prácticamente se detuvo en muchos países. La agricultura y las zonas rurales sufrieron cuando los precios cayeron entre un 40 y un 60 por ciento. El desempleo se extendió internacionalmente y la pobreza se generalizó.
En medio de este panorama, el surgimiento de la Unión Soviética, con su promesa de una sociedad más justa llamaba poderosamente la atención de amplios sectores sociales y capas de la intelectualidad, particularmente novelistas y dramaturgos, que a partir de 1925, conforman un movimiento «realista», prosoviético, que adviertía los gérmenes de corrupción existentes en su sociedad y los ponía al descubierto en busca de su saneamiento.
Pero al mismo tiempo aparece una serie de movimientos racistas, antisemitas y anticomunistas que desde posiciones ultraderechistas luchaban por imponer conductas y criterios retrógrados a la sociedad. Ambas corrientes tuvieron oportunidad de manifestarse en ocasión de la visita de Sergei M. Eisenstein quien, a su llegada a Nueva York, fue acogido como la importante personalidad cultural que era.
Ya en América el director ruso quiso tomarse su tiempo para encontrar la idea adecuada para un guion, tratando de conocer la cultura americana. Asistió a lecturas en las Universidades de Harvard, Columbia y Chicago, y pasó unos días en Boston en compañía de H. W. L Dana, el nieto del poeta Longfellow.
Mientras tanto la prensa seguía paso a paso sus actividades, para saber qué haría con los enormes medios de producción puestos a su disposición.
King Vidor, por aquel entonces uno de los productores y directores más influyentes, dijo sobre el director ruso: “Una de las razones por las que me entrevisté con Eisenstein fue porque él había visto mi último filme The Crowd (1928) en Nueva York y el hombre andaba intrigado por algunas de las técnicas que yo había usado. Me dijo que una de las cuestiones que más le interesaban del cine americano eran nuestras técnicas, precisamente. Me satisfizo enormemente acompañarlo por los estudios de la MGM y otros muchos lugares de localización de rodaje. A pesar de nuestras diferencias políticas e idiomáticas, estábamos hablando el mismo lenguaje”.4
La prensa tuvo oportunidad de conocerlo mediante una conferencia preparada por Jesse Lasky, productor de la Paramount, 5que lo había contratado para dirigir tres películas, para lo cual lo vistieron con un elegante traje y lo retrataron haciéndolo parecer serio y formal. No estuvo de acuerdo el ruso, y al siguiente evento publicitario se presentó burlón y desenfadado, con un traje holgado y una barba de tres días.
“No dejen que mi apariencia les engañe –les dijo a los reporteros-, aún puedo dirigir una película con Clara Bow”. ¿Hablaba realmente en serio? Después de todo, la Bow había sido llamada ‘la chica del it, entendiéndose con ello que tenía “eso”, o sea, según sus publicistas, “Ese extraño magnetismo que atrae a ambos sexos… Descarada, con autoconfianza e indiferente al efecto que produce…»
Hay que considerar que el productor de la Paramount que los había contratado, Jesse Lasky, había contratado para su siguiente película, Alas (Wings) a la propia Clara Bow para protagonizarla,

Cabe añadir que el mismo Lasky, junto con otros directivos de la Paramount promovían la creación de una Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que premiara anualmente lo mejor de la producción fílmica, hecho que ocurriría en 1927 y en cuya primera premiación Alas se llevó el Oscar a la mejor película. La hipótesis de que la dupla Eisenstein – Bow era una posibilidad se fortalece al saber que el director ruso propuso, como inicio de su contrato, filmar una adaptación fílmica de la obra del dramaturgo inglés George Bernard Shaw Arms and the man (Las armas y el hombre).

Sátira al militarismo
El proyecto despertó dudas. ¿Una sátira política? ¿Qué tenía que ver el cine épico e histórico que hasta entonces Eisenstein había producido (La huelga, Potemkin y Octubre) con una comedia saturada de humor británico que hacía mofa de la guerra en los Balcanes casi medio siglo antes? Veamos el caso con más detalle.
El título viene de una línea de la Eneida, de Virgilio y alude a las armas y los hombres que levantaron al imperio romano. La comedia de Shaw fue representada por primera vez en 1894 bajo el subtítulo “una comedia anti-romántica” y es desde luego una sátira contra la valentía militar, y un ataque al nacionalismo y al ardor imperialista prevalecientes en el siglo XIX. Su heroína, Raina Petof, hija de un alto mando del ejército búlgaro y prometida de un héroe nacional (si bien éste tiene amoríos con su doncella) se ve confrontada con un soldado que huyendo del enemigo llega a esconderse a sus aposentos, portando en sus bolsillos no cartuchos, sino chocolates.
El “soldado de chocolate” la corteja, y su novio militar lo reta a duelo. Pero Raina descubre que su novio es un cobarde que teme enfrentarse en un duelo armado, y a fin de cuentas le gusta más el intruso. Todo ello da lugar a múltiples enredos, en donde los valores militares y el honor castrense son puestos en ridículo.
Una trama así se antoja como vehículo para un filme de Erich von Stroheim, o de Ernest Lubitscht pero ¿de Eisenstein? Aun cuando uno recuerda que en La huelga hace burla de las autoridades metamorfoseándolas en animales; o que en Octubre reduce al general Kerenski a un envanecido pavorreal, no se acierta a descubrir cuáles eran sus propósitos al presentar esta propuesta. ¿Sería que, en efecto, quería dirigir a Clara Bow? Mejor no arriesgarse; en lugar de ello el estudio prefirió financiar otro de sus proyectos, largamente acariciado por él: La casa de cristal. El estudio, entusiasmado, inició la construcción de los costosos escenarios requeridos, pero había un obstáculo: el equipo de Eisenstein no conseguía terminar un guion conveniente para todos los involucrados. Vamos, no era satisfactorio ni para el propio autor. En estas circunstancias, y dado que el contrato de Eisenstein tenía una fecha limite para su conclusión, el estudio exigió proyectos alternativos.
Negocios de guerra
Como hemos narrado en otro capítulo, otro de sus objetivos personales en este viaje era ver la posibilidad de conseguir financiamiento para filmar El Capital, según el libro de Karl Marx. Debe haberse dado cuenta que ello no sería posible, por lo que trató de lograr por lo menos una aproximación al tema.
En sus bocetos-ideas para filmar El Capital, Eisenstein consideró la posibilidad -para hacer una crítica de la economía política capitalista- de emplear la figura del industrial Krupp o del Aga Khan. Este último representaría, escribió: “el cinismo del chamanismo llevado al extremo. Un Dios educado en la Universidad de Oxford, que lo mismo juega rugby o ping-pong, que atiende a las oraciones de sus fieles”. Y en 1932, fracasada la aventura americana, Eisenstein anunció el proyecto de un filme sobre el ocaso del capitalismo. Antes de regresar a Moscú le dijo a los reporteros alemanes: “Quisiera crear un día en un filme, un moderno Gotterdamerung (Crepúsculo de los dioses), una historia visual de la muerte de los titanes contemporáneos,de Basil Zaharoff, Lowenstein, Krüger, Detering… una especie de friso, posiblemente con música de fondo de Richard Wagner”, siendo todas las personas nombradas cabezas de la industria cuyos intereses políticos y financieros eran de escala internacional. 6
Así pues, cuando ofrece a la Paramount filmar la biografía de un empresario tan notorio como Basil Zaharoff, lo que tiene en mente es seguir con su idea de denunciar, de alguna manera, los mecanismos expoliadores del capitalismo. Véase si no la siguiente síntesis biográfica del personaje: Basil Zaharoff fue un negociante en armamentos y financiero griego-ruso, que se hizo millonario durante la Primera Guerra Mundial. Fue apodado El Mercader de la Muerte. El primer trabajo del joven Basil fue de guía turistas en Gálata (el barrio de la prostitución de Constantinopla), a donde llevaba a sus clientes a buscar placeres prohibidos. A los 24 años fue contratado por una empresa fabricante de armas, donde hizo una carrera espectacular. Las circunstancias políticas y militares de los estados balcánicos, particularmente Turquía y Rusia, ofrecían una oportunidad excelente para el joven vendedor. Todos los estados estaban más que dispuestos a gastar en armamento para hacer frente a las intenciones agresivas que percibían en sus vecinos.
Con la promesa de facilidades de pago, Zaharoff logró vender el primer submarino a los griegos. Luego convenció a los turcos de que el submarino griego resultaba una amenaza para ellos, y les vendió dos unidades. A continuación, persuadió a los rusos de que en el mar Negro había ahora una grave amenaza, y éstos compraron también dos. Ninguno de estos submarinos llegó a entrar en batalla. En unas pruebas realizadas por la Armada turca, uno de sus submarinos intentó disparar un torpedo y se desestabilizó de tal modo que se hundió.
Aunque se ha podido documentar muy poco su carrera bélica, Zaharoff aparece como un maestro del soborno y la corrupción. Los pocos casos de sus negocios que llegaron a

hacerse públicos, como las extraordinarias comisiones pagadas al almirante Fuji del Japón, sugieren que tuvieron lugar muchos más de forma oculta.
Los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial vieron el crecimiento de la fortuna de Zaharoff en otros campos, siempre en apoyo de sus negocios armamentísticos. Con la compra de la banca Union Parisienne (tradicionalmente ligada a la industria pesada) le resultó más fácil controlar sus necesidades financieras. Al obtener el control del diario Excelsior, pudo asegurarse editoriales favorables a la industria armamentística.
Por otro lado, su asociación con el rey Luis II de Mónaco le llevó a la compra de la endeudada Société des Bains de Mer que era la dueña del famoso casino de Montecarlo, principal fuente de ingresos del pequeño país, y consiguió que el casino volviese a ser rentable. En 1913 obtuvo la ciudadanía francesa. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se mantuvo en el bando de los aliados. Gracias al apoyo prestado a los ejércitos francés y británico, Francia le recompensó con la Legión de Honor e Inglaterra lo ennobleció concediéndole el título de Sir. Murió, colmado de honores, en 1936. 7
Capitalismo salvaje
Paramount declinó la posibilidad de filmar la vida de Zaharoff y en su lugar Eisenstein propuso llevar a la pantalla una adaptación de la novelaEl Oro del escritor franco-suizo Blaise Cendrars, según algunos autores; o la obra de Jack London Sutter’s gold, según otros.7 Poco importa cuál, ya que ambas son biografías noveladas de otro aventurero internacional, Johann Augustus Sutter (1803 1880), originario de Suiza, quien emigró en 1934 a América en busca de fortuna. Se estableció en la Alta California en tiempos en que tal región pertenecía íntegramente a México. Obtuvo la ciudadanía mexicana para enlistarse como capitán del ejército mexicano, y como tal obtuvo la concesión de extensos latifundios en el centro y norte de ese territorio. Se trató de nada menos que de 23.000 hectáreas, de terreno tan fértil que las tribus de la región permanecían pacíficas, a diferencia de los indios que viven en los Grandes Llanos, donde lidiaban por los escasos recursos y temían la llegada de los colonos europeos.

Sutter (ahora llamado John) denomina a su concesión Nueva Helvecia e intenta atraer a la mano de obra suiza y europea para sus distintas empresas: plantaciones de trigo y de algodón, huertos, criaderos, aserraderos, cervecerías, destilerías de whisky, transportes fluviales y comercio con pieles. Sin embargo, los europeos pensaban que los indios de California eran tan hostiles como los sioux de los Llanos. Sutter se ve obligado a buscar mano de obra barata e importa obreros hawaianos, con los que construye el Fuerte Sutter que luego promociona en el extranjero. En ciertos períodos, se resguardan en él hasta 300 inmigrantes de un peligro inexistente. Más tarde el Fuerte se convertiría en Sacramento, la capital del estado de California.
Sutter fue fundador de un pequeño imperio, donde ejercía todos los poderes: era alcalde, juez de paz, empleador, capitán del ejército y representante del gobierno mexicano. Pero nada le era suficiente: una vez consolidado su dominio fue uno de los principales conspiradores en favor de la anexión de la región a los Estados Unidos. Sin embargo, todo cambia para Sutter el 24 de enero de 1848: Uno de los obreros de la serrería descubre casualmente una pepita de oro. La novedad se divulga rápidamente (aunque se intentó mantenerla en secreto) y en ese momento nace literalmente la Fiebre del Oro. Los empleados de Sutter dejan sus puestos para ir en busca del metal. Multitudes de inmigrantes ocupan las granjas de Sutter, destruyen sus cosechas, estropean sus equipos y se comen su ganado.

Sutter no supo adaptarse a una economía descontrolada por el oro en una sola jornada, y a pesar de haber tomado la ciudadanía estadounidense cuando los Estados Unidos se apropiaron de California, nunca consiguió cambiar. Ante los hechos, Sutter decidió abandonar su ciudad e intentó recuperarse económicamente gestionando indemnizaciones del gobierno estadounidense por las pérdidas sufridas. En vano. Murió en un hotel de Washington en 1880. Irónicamente, Sutter no se enriqueció con la fiebre del oro, ya que su propiedad fue invadida por los buscadores de este metal, y sus proyectos industriales se vieron truncados por el fenómeno migratorio que siguió al descubrimiento.
No sólo la posibilidad de hacer una profunda crítica marxista al sistema capitalista interesaba a Eisentein, sino la oportunidad de probar sus teorías de renovación de la banda sonora cinematográfica eraq una de sus prioridades: La anotación “terrible sinfonía de sonidos” en el guion de El oro de Sutter es indicativa de la forma en que Eisenstein aludía al diseño del montaje audiovisual. Por ejemplo, para mostrar la perturbación emocional de Sutter, el sonido debía “elevarse a un nivel colosal” y habría una marcha melódica de Sutter basada en sonidos concretos: “sonidos de los instrumentos del herrero, la risa de una niña, el relincho de los caballos, los gritos de un hombre que pierde sus dientes; la flauta y los hachazos se armonizarían con ritmo, sin bien retendrían su inconfundible sonido natural’.
Ante la sinopsis presentada por el equipo los estudios productores aceptaron que se hiciera un guion, tarea a la que se aplicaron Eisenstein y sus colaboradores. Enviaron el guion terminado, así como un presupuesto muy detallado a fin de que los estudios se hicieran una idea de lo barata que podía salir la película. Pero Paramount no se mostraba en lo absoluto impresionado y aun menos convencido por estas propuestas (de por si se sentían muy incómodos por las ideas de Eisenstein, en especial tras ver La línea general (The general line) estrenada en América, en vísperas del viaje a México. Así, su historia de cómo el oro descubierto en el rancho de Sutter destruía a un legítimo pionero era demasiado radical para los capitalistas de Nueva York, que tenían la última palabra en las decisiones de los estudios. Y esa palabra fue NO.
NOTAS
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- Ivor Montagu, Con Eisenstein en Hollywood. Editorial ERA, México, 1968.
- Kristin Thompson. Los primeros filmes de Eisenstein en el extranjero. En Varios autores: Eisenstein rediscovered. Ian Christie y Richard Taylor (compiladores). Rutgers University Press, USA, 2001
- Cit. en Wellcome to Hollywood, Mr. Eisenstein, en la revista virtual Las puertas de Babilonia. Ver an-ro.blogspot.com/2009/11/welcome-to-hollywood-mr-eisenstein.htlm
- Jesse Louis Lasky (1880 – 1958) Nació en San Francisco, California e inició su carrera como comediante. Más tarde derivó hacia el cine: cuando su hermana se casó con Samuel Goldwyn –quien más tarde sería parte de la firma Metro – Goldwyn – Mayer- en 1913, Lasky se asoció con su cuñado y con Cecil B. DeMille para para rodar su primera película The Squaw Man (1915), dirigida por DeMille en un granero,que tuvo gran éxito. El sitio en que se ubicaba el granero se llamaba Hollywood: lo demás es historia.
- Cit. en James Goodwin. Eisenstein, cinema, and history. University of Illinois, USA, 1945.
- Consultar la página es.wikipedia.org/wiki/Basil_Zaharoff
- Quizás el tema le fue sugerido por su amigo Charles Chaplin, quien en 1925 había filmado su filme clásico La quimera del oro (1925), en el curso de cuyo rodaje se había hecho amigo de Blaise Cendrars.
- Consultar la página es.wikipedia.org/wiki/John_Sutter

