Por Hugo Lara

“Sombras y Niebla” fue la última cinta que Woody Allen filmó al lado de su ex-pareja Mia Farrow, pues esta película, realizada en 1991, se rodó antes del escándalo sexual y familiar que marcó la ruptura de ambas personalidades y cuyos resabios perviven todavía.

El relato tragicómico de “Sombras y niebla” sucede en un poblado anónimo, al parecer europeo, a lo largo de una noche con espesa niebla, el ambiente ideal en que un misterioso extrangulador comete sus fechorías. Max Kleinman (Allen), un judío mediocre y tímido, es despertado por un grupo de personajes, asociados en una especie de milicia ciudadana, que tienen “un plan” para capturar al asesino. En la confusión Max Kleinman, quien no sabe cuál es su función dentro del plan (nadie lo sabrá), recorre solitario la lúgubre ciudad en busca de sus compañeros. Paralelamente, en el circo que se ha instalado a las afueras del pueblo, la pareja que forman el payaso, Paul (John Malkovich) y la trapecista, Irmy (Mia Farrow), tienen un pleito que provoca que ella abandone el circo y deambule por el pueblo. Max e Irmy terminan encontrándose, cuando el grupo de las milicias ciudadanas, alentado por las pesquisas del sabueso humano Spiro, se convence equivocadamente de que Max es el asesino.

La película está repleta de citas cinematográficas, un recurso que suele emplear Woody Allen en la mayoría de sus cintas. “Sombras y Niebla”, ambientada presumiblemente en la década de los veintes del siglo pasado, fue filmada en blanco y negro con el propósito de lograr, más elocuentemente, sus alusiones estéticas al cine expresionista alemán (la música de Kurt Weill lo expresa igualmente), corriente en la que se advirtió el advendimiento del nazimo. Tampoco es extraño que el cineasta revise nuevamente sus preocupaciones personales, manifestadas constantemente en todo lo largo de su filmografía, y de hecho, Allen termina por citarse más a sí mismo que a otros cineastas: el personaje protagonista, encarnado por el propio Allen, es el mismo judío apocado, tímido e inseguro, que aparece desde su primera película y que ha seguido reviviendo en las que le siguieron, más claramente en  “Zelig” (1983) o “Hanna y sus Hermanas” (1986).

Otro de los encantos de “Sombras y niebla” es el solvente reparto, en el que tienen pequeños papeles otras figuras notables además de los ya mencionados: Kathy Bates, Madonna, Jodie Foster, John Cusack. El relato de “Sombras y Niebla”, tiene una relación directa con una anterior cinta de Allen, “Crímenes y Pecados Menores”, en el sentido de que el cineasta aborda sus inquietiudes sobre el bien y el mal, y sobre la inocencia y la culpa, además de su recurrida reflexión sobre la relación de pareja. La fuga del oscurantismo de la realidad al renacimiento de la fantasía, como ocurre en “La rosa púrpura del Cairo” o en “Alice”, es la guarida en la que Max Kleinman-Woody Allen propone como una feliz salvación.

“Sombras y NIebla” (“Shadows and Fog”, 1991) Dirección y guión: Woody Allen. Producción: Robert Greenhunt. Foto: Carlo Di Palma. Diseño de producción: Santo Loquasto. Montaje: Susan E. Morse. Con: Woody Allen, Mia Farrow, John Malcovich, Kathy Bates, Madonna, Jodie Foster, John Cusack.
 

Por Hugo Lara Chávez

Cineasta e investigador. Licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana. Director-guionista del largometraje Cuando los hijos regresan (2017). Productor del largometraje Ojos que no ven (2022), entre otros. Director del portal Correcamara.com y autor de los libros “Pancho Villa en el cine” (2023) y “Zapata en el cine” (2019), ambos con Eduardo de la Vega Alfaro; “Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos” (coordinador) (2015), “Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-201” (2011) con Elisa Lozano, “Ciudad de cine” (2010) y"Una ciudad inventada por el cine (2006), entre otros.