Por Hugo Lara Chávez

Amberes. En la sesión dedicada ayer a la revisión del cine histórico
mexicano, en el Encuentro de Mexicanistas 2010 Educación, Ciencia y
Cultura que se lleva a cabo en esta ciudad de Bélgica, el historiador 
Eduardo de la Vega expuso que La sombra del caudillo (1960),
dirigida por Julio Bracho, sigue siendo la gran película maldita del
cine mexicano, toda vez que, a pesar de haberse podido exhibir y
difundir luego de 30 años de permanecer censurada por el gobierno,
actualmente la versión que circula en video no es una copia
integra, pues carece de la secuencia inicial donde el novelista Martín
Luis Guzmán argumenta frente al crew los fundamentos de su relato. De
suerte que la película, hasta nuestros días, es seguida por la mala
suerte, la maldición de una obra que nunca ha logrado encontrarse
plenamente con el público, por diversas razones.

De la Vega también recordó la anécdota relativa a la misteriosa desaparición de la copia de exhibición, que se encontraba en resguardo del Banco Cinematográfico. Narró que el filme se pudo salvar para la posteridad gracias a la copia que tenía en sus manos el mismo Guzmán. De acuerdo al historiador, la película ya había pasado por los supervisores de la Secretaría de Gobernación, quienes por mayoría la habían aprobado y a fuerza de convencer a sólo uno de ellos que se oponía, pero fue finalmente la opinión de los mandos militares la que determinó que la película no podía llegar a las pantallas debido a las implicaciones políticas que comrpometían al ejército y a las cúpulas del Partido Revolucionario Institucional.

Al respecto, el escritor Hernán Lara Zavala, uno de los asistentes a la mesa redonda, observó que la novela de La sombra del caudillo, a diferencia de la película, nunca fue censurada, por la razón de que el libro no tiene el impacto masivo que el cine. “El cine mata literatura”, afirmó Lara Zavala, haciendo ver el hecho de que una película, por mal que le vaya en cartelera, tendrá miles de espectadores, mientras que una novela suele estar destinada a una minoría, pues a veces con dificultades logra vender un primer tiraje de 3 mil ejemplares.

De igual manera, en la revisión del cine histórico, el especialista Rafael de España hizo un repaso por las películas que han abordado el mundo de la colonia, centralmente aquellas que han tratado el milagro Guadalupano y que recurrentemente aparecen en el cine mexicano desde la época muda hasta el cine contemporáneo, de Tepeyac (1917) a Morenita, el escándalo (2008). Nuevo mundo (1978), de Gabriel Retes, fue uno de los filmes a los que De España se refirió con interés.

El cineasta Víctor Ugalde, que también asistió al encuentro, hizo notar el hecho de que, a diferencia de lo que se piensa, los espectadores mexicanos no suelen ser atraídos por las películas sobre la Virgen de Guadalupe, a pesar de su extendida devoción por ella, puesto que presuntamente no se admite popularmente la asociación entre la imagen “santa” y el cine, un espectáculo pagano a fin de cuentas. Y puso de ejemplo el caso del filme La virgen de Guadalupe (1976), que casi llevó a la bancarrota al productor Guillermo Calderón quien, para recuperarse, logró cosechar gran éxito con un filme totalmente opuesto en su tipo y fondo, Bellas de noche (1976), que inauguró el subgénero del cine de ficheras, un universo poblado de mujerzuelas y albureros, que por veinte años proliferó en México. 

Con lo que respecta al cine sobre la Independencia de México, el historiador Francisco Peredo hizo énfasis en el tono político alrededor de ciertas producciones de carácter panamericanista, como el filme Simón Bolívar (1943), de Miguel Contreras Torres, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, como parte de una estrategia de Estados Unidos en materia de propaganda y de alianzas que fueron impulsados por Franklin Roosvelt y su política de buen vecino. 

En relación al cine que aborda la Guerra de Reforma y el Imperio de Carlota y Maximiliano, a cargo del que escribe estas líneas, estuvo centrado en  la saga “imperial” del cineasta y productor Miguel Contreras Torres: Juárez y Maximiliano o La caída de un imperio (1933), La paloma (1937), Caballería del Imperio (1942) y The Mad Empress (1939), las cuatro protagonizadas por su esposa Medea de Novara. Podría decirse que las cuatro películas de Miguel Contreras Torres son llamativas porque revelan la contradictoria visión sobre el Segundo Imperio que postula el cineasta pero que también se ha mantenido en el imaginario colectivo de los mexicanos, además de una serie de aspectos de carácter social y político que permiten delinear un ángulo de la idiosincrasia nacional. 

Uno de estos aspectos es la ambigüedad política y moral con respecto a los emperadores. Ni Carlota ni Maximiliano encarnan a los villanos de esta historia, ni suponen un peligro para México, sino todo lo contrario. Son movidos por el romanticismo, la nobleza y la ingenuidad, virtudes que son reconocidas reiteradamente incluso por sus adversarios juaristas. Pero esto será un tema que presentaremos a nuestros lectores de una forma más extensa en otro espacio.

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Vicente Sánchez Biosca, Carlos Bonfil, Rafael de España, Eduardo de la Vega, Hernán Lara, Vicente Quirarte, Francisco Peredo, Víctor Ugalde, Hugo Lara.


Por Hugo Lara Chávez

Cineasta e investigador. Licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana. Director-guionista del largometraje Cuando los hijos regresan (2017). Productor del largometraje Ojos que no ven (2022), entre otros. Director del portal Correcamara.com y autor de los libros “Pancho Villa en el cine” (2023) y “Zapata en el cine” (2019), ambos con Eduardo de la Vega Alfaro; “Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos” (coordinador) (2015), “Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-201” (2011) con Elisa Lozano, “Ciudad de cine” (2010) y"Una ciudad inventada por el cine (2006), entre otros.