Por El More

Una de las grandes triunfadores de la edición 54 del festival internacional de  cine de Tesalónica en Grecia —junto con la mexicana “La jaula de oro” de Diego Quemada-Diez— fue la cinta venezolana “Pelo Malo.” Dirigida por Mariana Rondón y producida por Marité Ugás la cinta venía precedida por su sorpresivo triunfo en San Sebastián como mejor película y por el polémico recibimiento de este premio en algunos sectores de la política en su país.

De eso y más platiqué con sus creadoras en el puerto antiguo de Tesalónica poco antes de que se supieran ganadoras de Premio Especial del Jurado por su originalidad e innovación (el “Alexander de Bronce”) y el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) a la mejor película en la competencia internacional.

 
El More: Mariana y Marité, sabemos que ustedes han trabajado juntas antes, así que ¿cómo nace el proyecto de la película “Pelo Malo”?

Mariana Rondón: Después que estrenamos la película anterior “El Chico que Miente” —que dirigió Marité y produje yo—, “Pelo Malo” se empezó a mover muy rápido, por lo que además de bonito fue un incentivo para trabajar velozmente. Era un proyecto muy chiquito pero en el que para mí eran importantes dos cosas: una, hacerla muy rápido para mantener esa energía y vitalidad, sobre todo de los pequeños gestos y miradas; y, segundo, de cómo eso puede construir el inicio de una vida muy dura. Por eso, fue fundamental concentrarme en esos pequeños gestos y miradas de dolor, de violencia, que pueden marcar una vida por siempre.


El More: ¿Cómo es esto de trabajar en duplas? Sabemos que no son sólo ustedes dos y que para hacer una película se necesita mucha más gente, pero cómo cambiarse el rol de ahora tú dirigir y ella producir ¿Cómo son estas complicidades, estas sociedades creativas?

Mariana: Efectivamente, también está la fotógrafa Micaela Cajahuaringa que trabaja con nosotros siempre, y Lena Esquenazi que hace el sonido.


El More: Un crew de mujeres, además…

Mariana: Sí. Ojo, esto no es un tratado feminista en lo absoluto [risas]. Se dio casi azarosamente, aunque la complicidad existe desde el momento que estudiamos cine juntas en San Antonio de los Baños (Cuba). Yo creo que Marité es el mejor productor que puedes tener. Lo digo desde mi momento en la dirección, ella es el mejor productor que puedes tener porque es alguien que está trabajando no para resolver un problema ni económico ni de logística, sino para darte lo mejor para la historia que estás contando. Es realmente un acto de complicidad.


El More: ¿Qué te produzca alguien que también dirige seguramente le da una óptica distinta?

Mariana: Claro, va a pensar antes de tiempo las necesidades de un director, antes de que yo las pida. Lo primero que va a hacer, o lo primero que yo hago como su productora, es decir ‘¿qué va a necesitar Marité para que su escena le quede?’.

Marité Ugas: Complementaría que además conocemos muy bien los proyectos, ya que realmente los escribimos en gran parte juntas. Yo participo mucho más en la escritura, Mariana también aunque escriba menos pero es la montadora después, así que buscamos ser muy efectivas porque vamos a tener que cumplir otros roles en esas mismas películas. Es mucho más sencillo de lo que parece.


El More: ¿Cómo es el panorama del cine en Venezuela actualmente? En un momento en donde en Chile o Argentina pasan cosas interesantes, o películas mexicanas están saliendo y teniendo éxito, ¿qué está pasando en Venezuela en ese sentido?

Marité: Después de muchos años de los cineastas de mover una Ley de Cine, que tanto gobierno como oposición finalmente aprobaron hace ocho o diez años, esa Ley de Cine en estos momentos empieza a dar sus frutos. Es una Ley que crea un sistema de pago de impuestos que hace que todo el gremio audiovisual (publicidad, televisión, exhibición de cine, que son los que pueden tener más riqueza) aporten dinero para el cine nacional, lo que ha creado un fondo muy grande. Por otro lado, en la exhibición y la distribución nacional hay una obligatoriedad de mantener en sala a las películas mínimo dos semanas. Todo esto está dando un panorama muy interesante al cine nacional sobre todo internamente porque el espectador venezolano está yendo muchísimo a ver películas. Este año, además, ha sido muy particular ya que por primera vez se están estrenando treinta películas en un año, y la taquilla más grande está siendo la del cine venezolano.


El More: Al contrario de los que pasa en otros lados…

Mariana: Sí, al contrario de todos lados, internamente se está viendo el cine venezolano, y eso está buenísimo.

Marité: Y las películas empiezan a salir. Nosotros desde Sudaca Films hemos estado siempre, desde hace rato, desde nuestra primera película, yendo mucho a festivales tratando de mostrar nuestro cine afuera. Casi todas nuestras películas, por ejemplo, han tenido distribución gracias a la Cineteca en México, a diferencia del resto del cine venezolano que se ha nutrido internamente. Eso es lo que marca la diferencia del cine venezolano con respecto a las industrias fuertes en el continente que han tenido, como por ejemplo el cine argentino, una presencia internacional masiva y abrumadora, pero en sus salas con mucho esfuerzo llegan a veinte mil espectadores. Estoy hablando de un cine de autor, ‘festivalero’, que es el que más se ha caracterizado. El cine venezolano tiene esta meta más comercial en el interior.

Marité: De hecho, nos pasó un fenómeno interesantísimo. “El Chico que Miente”, que estrenamos en Berlín, es una película de cine de autor que se supondría que tendría una menor posibilidad de proyección popular, y sin embargo hicimos ciento cincuenta mil espectadores dentro de Venezuela. Nosotros que somos el cine que puede salir afuera a festivales, también adentro le está yendo muy bien. Abarcar esas dos instancias es maravilloso.


El More: ¿Y qué se siente tener un pie en cada uno de esos dos mundos? Porque normalmente sucede justo lo que dices: las películas que funcionan bien en los festivales no las va a ver nadie en sus propios países o al revés, las películas que funcionan taquilleramente en los países no son aceptadas en los festivales. Recién en Argentina y en México hay dos o tres fenómenos de taquilla importantes que no podrían salir o no podrían aterrizar en un festival.

Mariana: La experiencia con “El Chico que Miente” fue súper interesante porque lo que decían los espectadores al salir fue ‘no sé si entendí o no, no sé qué es lo que tengo que entender pero me gustó’. Y el otro fenómeno es que hubo mucha gente que la fue a ver dos veces para ver si entendían algo que no habían entendido la primera vez, lo que nos duplicó la taquilla [risas]. Y está pasando que “Pelo Malo” todavía no se ha mostrado pero los comentarios son ‘qué raro tráiler, la voy a ver’. Es un trailer normal, no tiene nada de raro, pero esa es la palabrita que nos ha acompañado en cartelera. Ha generado curiosodad.

Marité: Yo creo que una cosa grave que ha pasado en Venezuela es que, de repente, la distribución comercial ha prescindido de películas importantes para la cinematografía y nos ha llenado de un cine comercial que no ha dejado ver al espectador venezolano muchas otras opciones que existen. Creo que hay mucha gente que le gustaría este cine interesante o extraño, pero que no ha tenido chance de verlo, tan sencillo como eso. Estamos teniendo la oportunidad de mostrar nuestras películas porque está esa Ley también.


El More: Y ¿cuántas películas se producen al año en Venezuela?

Marité: Estamos entre doce y veinte, dependiendo del año; en promedio unas catorce.


El More: Pero ¿entonces este fenómeno de treinta películas que mencionaste se estrenaron es algo inusual?, ¿habían películas que estaban esperando a ser estrenadas?

Marité: Sí, había un poco de todo. También debe haber un par de coproducciones, uno de Venezuela como coproductor. Están llegando y se están pudiendo estrenar también de otros países. ¡Está buenísimo estar haciendo cola para poder estrenar!


El More: ¿Qué significan para ustedes los festivales, qué significó ir a Berlín, qué significó San Sebastián y la Concha de Oro, qué significa Tesalónica? ¿Qué tipo de gasolina son para las películas o para los proyectos?

Mariana: Para Sudaca Films, en concreto, son importantísimos porque hacemos lo que se define como ‘cine de autor’. Estamos buscando tratar de definirnos, de buscar un lenguaje propio y en estos festivales, y por ende sus mercados que los acompañan, es que tenemos nosotros nuestra difusión, la ventana que se nos abriría es ésta.

Marité: Después de todo, es un gesto también de cómplice llegar a un mercado donde es pedido. Se quiere un cine comercial pero venir con un respaldo, en este caso de los festivales, te ayuda porque la gente dice ‘bueno, ¿qué es esto que está gustando afuera, que se supone que es mío pero yo no lo estoy yendo a ver’. Venir desde afuera no sé si es por aquello de que ‘no hay profeta en su tierra’, o qué sé yo, pero es un espaldarazo también internamente para el país.


El More: Por cierto, ¿cómo ha reaccionado la política y el régimen en Venezuela con el premio en San Sebastián que recibió “Pelo Malo”?

Marité: En realidad no hay mucha reacción porque nadie ha visto la película todavía. No la han visto porque nosotros recién la terminábamos cuando no las pidieron en Toronto y en San Sebastián, entonces realmente hace un mes y medio que estrenamos y que empezó a circular la película.

Mariana: Su primera proyección pública fue en Toronto. Ahí la vieron los actores…

Marité: Sí, ha sido una semana tras otra y tres festivales. O sea no pasamos de cinco semanas que la película se ha visto. Sí hubo un conflicto pero fue a raíz de unas declaraciones que yo hice previo al premio en San Sebastián, sólo que las publicaron en simultáneo. Muero de curiosidad de saber cómo le va a la película en Venezuela.


El More: La película es sobre alguien que es diferente, ¿qué tan difícil será ser diferente ahora en Venezuela?

Mariana: Yo creo que como en todas partes: está duro ser diferente. Está duro porque Venezuela y el mundo están bastante polarizados. Ahora ser diferente casi que es pararse en el lugar que sea y no irse a los extremos, no querer pertenecer a cualquier cosa que te uniforme, y eso está muy difícil porque realmente esa polarización tira para los extremos; tira para abajo, arriba, a un lado, y no quiero darle ninguna connotación al espacio hacia donde tira pero pararse y no querer pertenecer a nada en específico que te marque, que te cuadricule está muy difícil. Eso es lo que ha sido más interesante de la película en estas cinco semanas que la hemos mostrado. Yo te decía al inicio que para mí es una película fundamentalmente sobre la mirada, cómo se miran los personajes entre ellos. Me esmeré mucho, trabajamos mucho también en la edición el dejar un espacio abierto para la mirada del espectador; un espacio de libertad del espectador para posicionarse en esas miradas, para decir ‘¿qué estoy creyendo yo?’. Como directora no te entregué ninguna respuesta a eso, pero el espectador está teniendo una información más allá de la que tiene la madre, entonces ¿tú dónde te paras? Dejar ese espacio de libertad de qué estás creyendo ha sido muy impresionante en el retorno que he tenido en las proyecciones porque la gente desde muchos lugares empieza a buscar cómo pararse, cómo ver. En Toronto era vista mucho más desde el racismo, en otros lugares ha sido más como desde la homosexualidad. O me ha pasado también en proyecciones de discusiones entre hombres y mujeres, o sea, partir de que una madre no puede ser así y encontrar personas diciendo: ‘yo soy así, ¿por qué me vas a decir que no puedo ser así?’.


El More: Ciertamente el retrato de la madre es muy interesante y desde luego puede dar lugar a polémicas. Pero ¿cómo armaron el casting?, ¿de dónde sacaron ese maravilloso niño, cuál fue el proceso para seleccionarlo en concreto a él?

Mariana: Él fue el primero que hizo casting, después trabajé como con cincuenta o veinte más, aunque el jefe de casting vio a cien o ciento cincuenta antes de llegar a mí, y volví a él; hizo más pruebas, estuvo conviviendo con más niños y sin decirle que él ya era el elegido trabajamos construyendo el personaje. A mi la idea de los actores naturales y ‘robarme la vida ajena’ no me interesa, me interesa construir mi personaje, lo que me imaginé. Entonces, cuando vi que él iba a tener la fuerza de aguantar una película entera le dije ‘ok, es hora de irme a trabajar’. Y conseguí a la madre, que también fue una de las primeras que hizo casting, y junto con ellos dos empezamos a construir esos personajes. Creamos una relación muy estrecha y muy simpática entre nosotros para poder establecer un espacio que era la película, donde había violencia, donde era duro, donde había un maltrato real pero que no iba a afectar sus vidas porque ya habíamos construido otro espacio donde había mucha armonía y mucho juego entre nosotros. Me funcionó muy bien el no robar vidas ajenas, sino crear realmente unos personajes.


El More: ¿Qué edad tiene el niño, ya actuaba?

Mariana: Él tiene en este momento once, hizo la película entre nueve y diez años. Su mamá trabaja en cine, entonces siempre estaba ahí; es un niño del mundo del cine, había hecho un extra aquí, extra allá y a él lo que le gusta es actuar.


El More: En esa construcción de personaje, ¿cómo dirigir a un niño actor para que esté tan bien y para que consiga ese nivel?

Mariana: Fueron muchos días y horas de trabajo, la verdad. Sí trabajamos muchísimo y el punto de partida del trabajo fue el poder. Yo los tenía a ellos dos (madre e hijo), incluso a la abuela y a la otra niñita, y muchas veces ensayábamos todos juntos -hasta el bebé ensayó [risas]-, porque había que crear una convivencia. Ahí está la gran diferencia: en ese juego yo les iba otorgando poder a uno o al otro y fue que pudimos construir ese grado de sumisión, o de poder de uno sobre el otro y jugar a la igualdad de condiciones. Niño y adulto están enfrentándose a un trabajo por igual, tienen que respetarse por igual, tienen que cuidarse por igual, pero fue un trabajo a partir del poder.


El More: ¿Y qué tan largos eran los días de rodaje? Evidentemente los niños tienen un nivel de concentración y un espacio mucho más limitado comparativamente a los adultos. Pero aquí el niño aparece prácticamente en toda la película…

Marité: La clave fue el diseño de producción del rodaje. El valor máximo de producción era el tiempo y en eso se fue el dinero: en el tiempo. No se podía trabajar más de diez horas, incluyendo las comidas, y cuando el niño se cansaba ‘ya está’. Él nunca decía estoy cansado o estoy fastidiado pero uno se daba cuenta. O su comparsa, Samanta nos hacía señas, entonces a bajar el ritmo. Fue un rodaje ideal en el sentido de lo holgado que era y tuvimos que recortar en otras cosas. Rodamos nueve semanas.


El More: “Pelo Malo” es interesante porque es muy evidente que hay una conexión del espectador y que a fuerza de ser, creo yo, muy latinoamericana y muy venezolana y muy local, la película se vuelve universal. Lo que cuenta la película podría pasar en casi cualquier lado, y ese multifamiliar podría estar en la Ciudad de México o en Sao Paulo o en Atenas o en Tesalónica. Con lo que vive en su propia casa, no hace falta contar necesariamente una historia de bullying en una escuela o ver discriminación laboral, para que veas esta relación tan tirante, dura y compleja entre la abuela, la madre y el hijo.

Mariana: Sí, es otra vez el juego del poder. Es el juego de cómo se maneja el poder internamente en una familia, que se parece a cómo se maneja en un país, que se parece a cómo se maneja en el planeta. No hace falta ir a contar a violencia más grande ni una guerra para saber que en lo ‘chiquitico’ puedes vivir la peor de las violencias.


El More: ¿Qué sigue? Suponemos le van a dar la vuelta al mundo con “Pelo Malo” y se estrenará, esperamos, en muchos lugares. ¿Ya está vendida en algunos territorios?, ¿a dónde va la película?

Marité: Su distribución mundial va a empezar en Francia, luego en España, luego en Suiza, luego en Brasil. Está vendida también al Reino Unido, y estamos en proceso de saber de los Estados Unidos. A México vamos al festival de Guadalajara en el segundo semestre del próximo año, esperando estar en cartelera aunque siempre hemos salido en el circuito de la Cineteca empezando por foro o muestra.

Mariana: Somos muy ‘mexicanófilas’ nosotras…

Marité: Sí, totalmente. Hemos dado clases y vivido en México, contamos con grandes amigos, simplemente nos encanta.


@elmoremoreno conduce El cine y… en Ibero 90.9, Es socio en productora Los Olvidados y da clases en la Ibero.
 


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