Por Aline Marie Rodríguez

La Habana. Considerada como una de las animadoras más aventureras que trabaja en América hoy, la norteamericana Suzan Pitt llega a La Habana, por primera vez, con una obra que trasciende los límites convencionales de la animación. Sus cortos, de marcada esencia psicológica y surrealista, nacen a partir de su experiencia como creadora en el campo de las artes plásticas.

Desde la década del setenta, la crítica especializada la sitúa como una de las realizadoras más reconocidas dentro de la animación experimental. Obras como “Asparagus” (1978), “Joy Street” (1995), “The Doctor” (2006) y “Visitation” (2011) avalan su prestigio a nivel internacional. La génesis de su arte no proviene de las imágenes en movimiento, sino de los cuadros que realiza. La pintura ha sido una constante en su vida.

«Mis antecedentes en las artes marcan mi entrada al mundo de la animación. Al principio solo ponía en movimiento ideas desde la pintura, luego descubrí que la animación estimula el diálogo entre las obras y el público. Eso me hace trabajar ahora con más conciencia».

«Más que la animación, en el mundo, lo más difícil de hacer es una buena pintura. Creo los colores y estos, muchas veces, se vuelven estáticos, desde el movimiento hacia la pintura. Mezclo siempre las cosas. A veces paso años pintando y aparecen personajes e historias que conmueven y, a partir de ahí, empiezo el trabajo audiovisual».

¿Cuáles son las técnicas de animación que más utiliza?

Empleo distintos tipos de animación. Por ejemplo, en “The Doctor”, utilizo animación con arena, pintura e incluso coloreado directo sobre el celuloide. Mezclo, usualmente, diversas técnicas porque considero que, cada una de ellas, constituyen, en sí mismas, un lenguaje.

¿Cómo concibe su proceso creativo?

Siempre tengo las ideas y los temas bien claros antes de empezar. El concepto se convierte en el esqueleto de la película. Nunca construyo un storyboard completo, solo tengo las partes principales que componen la historia. De esta manera, cada día el trabajo en el estudio se convierte en un reto, algo nuevo en qué pensar.

En sus cortos Joy Street y The Doctor la naturaleza latinoamericana es casiprotagonista, ¿por qué le cautivó este entorno natural?

La inspiración de la naturaleza es una necesidad humana en cualquier lugar del planeta. El ambiente tropical me encantó. Para filmar “Joy Street” viajé a caballo, buscando selvas vírgenes, por México, Guatemala y otras regiones del continente. Sentí que estaba en el paraíso, como si fuera Eva en la naturaleza primigenia del mundo. Durante ese recorrido, acompañada por amigos, hice acuarelas que intentan reflejar los tonos, las variaciones de verde de esa región. Sin embargo, lo que en el corto aparece es solo un fragmento de la diversidad de colores que allí encontré.

¿Cómo logra la armonía entre la animación y la música?

El universo sonoro es, precisamente, la razón para trabajar desde la animación, porque puedo llevar al audiovisual la poesía que transmito desde la visualidad. Pienso las obras como pinturas que se mueven visualmente. Con la música cada película es totalmente diferente.

Resulta increíble la relación de la música con la animación. Las melodías crean el universo emocional de lo que hacemos. Siempre pinto con música. Suelo escuchar jazz, percusión. El ritmo es trascendental para la animación.

El montaje sonoro es muy importante. Los sonidos, sean sincronizados o un poco más creativos, siempre dan el universo espacial y funcional de la imagen que se observa. La música cambia todo dentro de una película.

¿Qué le interesa transmitir a través de sus obras?

Trato de expresar lo que se siente estando vivo. Los cortos que realizo son el resultado de mi imaginación sobre el estado del mundo o aquello que alegra o entristece. Son temas e ideas que vienen de un lugar muy privado y de momento se vuelven públicos.

A partir de su labor como profesora en el programa de animación experimental delInstituto de Artes de California, ¿qué opinión le merece la formación de los jóvenesanimadores?

Existe un énfasis excesivo en la parte técnica. No sirve de nada conocer todo tipo de cámaras y programas si no se tiene un desarrollo creativo. El universo imaginativo se cultiva pintando, escribiendo, observando, leyendo y las escuelas no se interesan demasiado en esa parte del desarrollo.

Basándose en su obra, ¿cómo se definiría a sí misma?

Recuerdo haber sido la estudiante, al fondo de la clase, que escuchaba al maestro, pero tenía la mente en otra parte. Mi inspiración está en los sueños, esos que se sueñan despiertos.

 

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