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Aunque el espectador mexicano puede más facilmente identificarlo con la larga serie de películas de corte comercial que le produjo (y protagonizó) Antonio Aguilar, el guionista y director Mario Hernández Sepúlveda, fallecido este martes a los 79 años en Cuernavaca, se sentía especialmente orgulloso de algunas películas y guiones menos populares, que se incluían también en su filmografía de más de 40 títulos, iniciada con “La yegua colorada” y “Dos gallos de Oro”.

“Descanse en paz este director que tanto aportó a nuestro cine con sus 46 películas. Destacó como hombre comprometido con México y desde siempre con esta Sociedad, los compañeros de su gremio y la lucha por los Derechos de Autor del Director”, ha dicho Víctor Ugalde, presidente de la Sociedad Mexicana de Directores-Realizadores de Obras Audiovisuales, en un comunicado.

Sin formación fílmica previa, Hernández, nacido en Piedras Negras, Coahuila, el 8 de Marzo de 1936, se inició como asistente en diversas labores, en los primeros años 60, en películas de Ismael Rodríguez, como “Así era Pedro Infante”, “El niño y el muro” y “Autopsia de un fantasma”. Debutó como realizador en 1972, con “La yegua colorada”, en la que entabló una gran amistad con el actor Antonio Aguilar, para el que a partir de ese momento se convirtió en director y guionista de cabecera, llegando a dirigirle en una treintena de cintas, entre las que -según el “Diccionario de Directores del Cine Mexicano, de Perla Ciuk, destacan “Peregrina” (1973), “La muerte de Pancho Villa” (1973),  “Los gemelos alborotados” (1981), “El Rey de Oros” (1984), “Zapata en Chinameca (1988) y “La sangre de un valiente” (1992).

Hernández, escritor y realizador, no tuvo problemas tanto para escribir para otros como para dirigir guiones ajenos. Así, hizo guiones para Ismael Rodríguez, Felipe Cazals o Juan Andrés Bueno y Lourdes Deschamps, y realizó otros escritos pro Xavier Robles o Francisco Sánchez. También escribió para la televisión y dirigió “Videohomes” (películas lanzadas directamente para el mercado doméstico en vídeo).

Su último trabajo fue el thriller político protagonizado por Alberto Estrella “Cementerio de papel” (2006), con guión de Xavier Robles, sobre la novela de Fritz Glockner, centrado en un oscuro capítulo de la historia mexicana que ha pasado a la posteridad como la Guerra Sucia (1969 a 1978), donde cientos de personas fueron asesinadas, bajo los gobiernos priistas de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982).

En una entrevista publicada en el mismo “Diccionario de Directores del Cine Mexicano”, en 1999, Hernández contaba: “Mira, lo más importante, yo no sé si lo será para lo demás, para mí es lo más entrañable, las películas en las que creíste, las que amaste, aunque para otros sean malas. La primera que hice realmente mía fue “¡Que viva Tepito!” (1980), por la que obtuve, discúlpame la vanidad, premios en China, en Rusia, en México, todos los que se dan en México. Otras como “El tonto que hacía milagros”, por la que Pancho Sánchez ganó el Ariel al Mejor Guión. Hice el guión de “Emiliano Zapata” (1970) que dirigió Felipe Cazals; era una película, en lo que se refiere a su forma, impecable, porque Felipe es un gran director, pero en su contenido era una película oficialista que está en contra de todo lo que yo creo, era priísta la película. Me saqué la espina haciendo lo que yo hubiera querido que fuera esa película e hice “Zapata en Chinameca” (1988), en la que colaboraron conmigo los que para mí son los mejores actores de cine mexicano, ésa es otra de mis películas muy queridas. Otra fue “La Señorita” (1993)”.