Por José de Jesús Chávez Martínez
Este documental sobre un hecho reciente ocurrido en una comunidad del condado de Marion, Florida, es uno más que expone la realidad de una sociedad en desintegración por temas añejos en Estados Unidos: la impartición de justicia, el derecho a la propiedad, el derecho a la tranquilidad y sobre todo la cuestión racial.
El relato aborda la historia de Susan Louise Lorincz, una mujer mayor que se dice doctora y que vivía en la comunidad de Ocala, donde enfrentaba un problema de convivencia con sus vecinos, en especial con unos niños que solían jugar enfrente de su casa, en un terreno con césped (muy cómodo para retozar, propiedad de otra persona), mismo que solo tenía un letrero que prohibía allanarlo, claro que a los chiquillos no les importaba eso. Lo que a Susan le molestaba era el bullicio y que se acercaran demasiado a su puerta, por lo que los encaraba, regañándolos e insultándolos con improperios y frases racistas, siendo los infantes negros en su mayoría.
Lorincz por lo tanto hacía múltiples llamadas al 911 y los policías estaban ya hartos por esos problemas ociosos, aunque inclinándose hacia el lado de los menores. Sin embargo, Susan también debía enfrentar a las madres, y es aquí cuando surge el conflicto mayor con una de ellas, Ajike Owens “AJ”, lo que deriva en tragedia. AJ, madre de cuatro niños, reclamó enérgicamente a Susan golpeando a su puerta porque le quitó una tableta a uno de sus hijos, y la señora responde con violencia inusitada.
Dicen los expertos que el montaje es esencial en la hechura de un documental, ya que el registro de imágenes y sonidos si bien es planeado, no es del todo controlado al no haber puesta en escena intervenida como en una película de ficción. El caso de “La vecina perfecta” es singular porque su contenido está integrado en buena parte por el material grabado con las cámaras que portan los oficiales de policía y la organización del material se guio evidentemente por la cronología de los registros en video y por la relevancia del multivariado tema. El visionado no es fácil porque la imagen es borrosa por momentos y lánguido el accionar.
Vemos muchos diálogos que los agentes obtuvieron entrevistando a los vecinos y a la misma Susan. Las situaciones aquí van subiendo de tono con un dramatismo real desde los primeros escarceos en 2022 hasta el asunto de la tableta en 2023. Con muchas pausas porque el material es el “oficial” y se deja correr como tal, complementado también por cámaras de vigilancia en las casas y en la comisaria en los interrogatorios a Susan por la agresión a AJ. Es la misma curva ascendente de toda construcción dramática, algo que nos deja claro que el cine se mueve mucho en torno a este elemento creciente e indispensable (al igual que en la literatura, el teatro, la danza, la ópera, etc.).
Por otra parte, este asunto adquirió notoriedad por dos vías: la de la Ley de Defensa Propia en Estados Unidos -que permite utilizar la fuerza para defenderse ante una amenaza- y la de los vacíos legales que propician y fomentan el racismo. Susan argumenta que se vio forzada a agredir con un arma de fuego a AJ porque ésta la atemorizó con los fuertes golpes a su puerta, con lo que se estableció a sí misma como víctima. Después, al ser detenida, es llevada a un hotel con el argumento legal de que no podía ser encarcelada hasta que se determinase si su acción fue con base o no en la defensa propia. Esto último desencadenó protestas en toda la Florida, con los parientes (de color) de AJ declarando que si ellos fueran los investigados, sí estarían en prisión mientras se desarrollasen las investigaciones.
Respecto de la primera vía, la Ley de Defensa Propia, según se lee al final del documental, ha incrementado la tasa de homicidios en el país entre un 8 y un 11%, es decir, unas 700 muertes al año; a eso se aúna la facilidad con que cualquier persona adulta en ese país adquiere un arma, un tema que el cine también ha abordado, basta citar otro documental fundamental: “Masacre en Columbine” (“Bowling for Columbine”, 2002) de Michael Moore. Y la segunda vía que ya se comentó es el racismo, ya que las sospechas de que una persona blanca obtenga un veredicto favorable en un juicio no son infundadas, según casos anteriores (el de Rodney King en 1991, por ejemplo).
Pero también se abre el debate sobre el derecho que tienen las personas mayores a vivir tranquilas sin ser molestadas, frente al derecho también de las personas a solazarse al aire libre -cabe mencionar que la directora Geeta Gandbhir tenía una conexión personal con el caso: Ajike Owens era la mejor amiga de su cuñada, Kimberly Robinson Jones. Los policías que acudieron a los llamados de Susan charlaban con un vecino acerca de que el hecho de vivir en un barrio implica la ineludible convivencia con niños, y que estos siempre actuarán con inocencia; también argumentaron que es mejor que se recreen fuera de casa en lugar de “ver videos en TikTok”.
Se advierte igualmente cierto deterioro mental de Susan Lorincz: cuando platica con la policía asume un papel de damnificada y se le ve cooperativa. En los interrogatorios igualmente se ve perturbada. Sin embargo, se presenta en un pasaje de la historia un detalle: en una de las visitas, un agente toca el vidrio de la puerta corrediza de la vivienda de la señora y ésta grita con marcada furia “¡un momento!”, para inmediatamente después tranquilizarse y atender al oficial.
El triste caso de Ajike Owens y de Susan Lorincz ejemplifica los aturdidos tiempos que se viven en los Estados Unidos, con problemas irresueltos por razones políticas e ideológicas que no cierran la añejísima brecha entre pobres y ricos, entre negros y blancos, entre liberales y conservadores. Este caso se presentó todavía en la administración de Joe Biden. Lorincz recibió sentencia en noviembre de 2024. Imaginemos qué hubiera ocurrido si estos hechos hubiesen ocurrido un año después, en plena redada del ICE. Vale mucho la pena revisar este documental en Netflix, bien elaborado por Geeta Gandbhir y su equipo (con todo y la situación personal de Geeta), y comprobar mucho de la cultura estadounidense en términos sociales, legales, ideológicos e incluso psicológicos.
Título en inglés: The perfect neighbor. País: Estados Unidos. Año: 2025. Dirección: Geeta Gandbhir. Producción: Alisa Payne, Geeta Gandbhir, Nikon Kwantu, Sam Bisbee. Guion: Geeta Gandbhir. Música: Laura Heinzinger. Montaje: Viridiana Lieberman. Cinematografía adicional: Alfredo Del Lara. Productoras: Message Pictures, Park Pictures, SO’B Productions. Distribución: Netflix. Protagonistas: Susan Lorincz, Ajike Owens (metraje de archivo).

