Por Hugo Lara Chávez

Le ha tocado al cineasta Antonio Serrano (México DF, 1955) ocupar la fecha de honor de las celebraciones (o mejor digamos conmemoraciones) del Bicentenario de la Independencia, pues su filme Hidalgo, la historia jamás contada (2010) será estrenada en grande con 500 copias justamente el jueves 16 de septiembre, cuando se cumplen  los 200 años del inicio de la gesta insurgente.  

El filme narra ciertos pasajes de la vida de Miguel Hidalgo y Costilla, el héroe que encabezó la Independencia de México frente a la dominación de España. El personaje es retratado en tres etapas de su vida, de su adolescencia a la víspera de su ejecución, pero supuestamente desprendido de su acartonado altar como héroe de la patria para situarlo en un hábitat terrenal, entre dilemas e ilusiones humanas. Así, la película acude a algunas referencias auténticas de la vida del personaje aunque hay una fuerte dosis de  ficción en el relato, basado en un guión de Leo Mendoza.   

“Gran parte es una ficción –comenta Serrano en una conversación realizada cuando concluyó el rodaje— porque del pedazo de la vida que contamos de Hidalgo en la película se conoce muy poco, simplemente que fue expulsado de Valladolidid, lo enviaron a Colima, donde montó a Moliére, no saben si porque se enamoró de una mujer o por su predilección por el Tartuffo… esos son los únicos datos. Todo lo que está tejido alrededor de esto es ficción pura, pero la historia siento que también es pura ficción del que la cuenta, la misma que nos enseñan en los libros. Y al principio sí me daba miedo, porque es un ícono, es un idolo, es un héroe, pero ya trabajando en el proceso del guión y de la película, se convirtió en un personaje de carne y hueso”.  

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Antonio Serrano

Serrano ha dado con este nuevo filme un salto en cuanto a temas y ambientes se refiere, pues su carrera cinematográfica se había centrado en dramas contemporáneos, como la exitosa comedia Sexo, pudor y lágrimas (1998), su opera prima basada en su propia obra de teatro, en la que aborda los conflictos de pareja de hombres y mujeres en plena crisis de los treintantantos, en el ámbito de las clases altas de la Ciudad de México. En su segundo largometraje, La hija del canibal (2002), adaptó la novela homónima de la española Rosa Montero para seguir en el entorno de personajes con aires cosmopolitas arrojados a los barrancos existenciales. Después dirigiría un episodio del filme Cero y van cuatro (2004), alrededor de la violencia y el crimen en la Ciudad de México. Hidalgo es su primera película de corte histórico, que lo pone en el reto de tratar a los héroes y las grandes gestas del pasado, normalmente vistos por el cine nacional con exceso de patrioterismo y solemnidad, como bustos de piedra monolíticos e intocables.  

“Fue difícil sobre todo en un  país tan solemne como el nuestro -reflexiona el director- en el que la cultura siempre se hace seria, se hace profunda entre comillas, pues tiene que ver con el dolor, con el sufrimiento. Al menos lo que plantea esta historia y lo que narra esta parte de este Miguel Hidalgo, es su parte contraria, su parte juguetona, su parte desmadrosa, su parte irrverente, su parte blasfema, su parte más libre en ese sentido. Al final, creo que va a ser la metáfora de la película esa libertad interior, lejos de toda solemnidad, todo patrioterismo, es decir, lo que lo llevó a levantarse en armas contra un imperio”.   

Serrano se inclinó tempranamente por las artes escénicas lo que a principios de los años ochentas lo llevó a estudiar teatro en la Royal Weber Academy of Dramatic Art, en Inglaterra, así como  en Dinamarca, París y Venecia. No parece casual entonces que haya establecido en Hidalgo, la historia jamás contada  un ángulo relevante sobre la afición del cura libertador por el teatro.  

Serrano se ha apoyado en un equipo de trabajo de primer nivel, protagonizada por Demian Bichir y Ana de la Reguera, quienes encabezan un reparto de 50 actores. Hidalgo es una más de las producciones fílmicas que fueron apoyadas por el IMCINE para conmemorar las fiestas bicentenarias. La distribución corre a cargo de la poderosa compañía multinacional 20th Century Fox, que ha planeado uno de los lanzamientos más grandes para una película mexicana.   




Para el cineasta, Hidalgo no es una película que busque explicar la historia de una forma convencional, pues la idea es descubrir al personaje auténtico y su circunstancia dentro de su contexto histórico, a través de una lente cristalino, que permita verlo con frescura y, al mismo tiempo, con verosimilitud, alejado de la imagen de las estampitas de papelería, la de la figura hierática del lirbo escolar para presentar, en cambio, un héroe más sexy.

“Lo que es horrible es que a Hidalgo siempre te lo ponen como un anciano venerable —afirma Serrano— Y es tristísima la asociación que suele tener con la Virgen de Guadalupe, en este país guadalupano hundido en la adoración de una imagen que se cree que va a resolver los problemas. La película es antirreligiosa en ese sentido, contra la religión enajenante y estupidizante que hemos tenido. En ese sentido yo veo una película y un héroe optimista. Es más fácil identificarse en el siglo XXI con un personaje cómo éste, como el que nosotros creeemos que fue Miguel Hidalgo, que con aquel héroe de cartón. Dicen que el que está en los billetes ni siquiera es él, sino un sacerdote belga que era el cura de Maximiliano, porque había que mostrar una imagen benevolente, incuestionable, y religiosa. Y no la de este cura loco, divertido y apasionado, que creo que está reflejado en esta película”.  

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Serrano señala que rodar un filme como Hidalgo —bajo la producción de Luis Urquiza— ha sido complicado, toda vez que el cine histórico requiere de una fuerte inversión para recrear la época adecuadamente, los escenarios, vestuarios, multitudes y demás recursos. Aun así, este filme que tuvo un presupuesto cercano a los 50 millones de pesos (unos 4 millones de dólares) se visualiza como uno de los más vistosos de la temporada del Bicentenario. El director  se apoyó en el diseño de producción en la ganadora del Oscar, Briggite Broch, en el diseño de vestuario de Leticia Palacios, y la músca de Alejandro Yacomán y Herminio Gutiérrez.    

“El camino de siempre es difícil –asegura el director— Para hacer una película le tienes que talachear duro. Este año a mí me tocó la suerte de que llegara a mis manos esta historia, aunque tengo otras guardadas en el cajón. Yo creo que se pueden hacer películas como ésta porque concuerdan con el momento atmosférico, político, social que se está viviendo, y esta historia nos cuenta cosas que queremos oír en este momento. Otras películas se seguirán haciendo por compadrazgos o por puro interés mercantil, o por movimientos subterráneos, porque no existe una industria en México, con el peso del cine estadounidense sobre nosotros y con el peso de los exhibidores, la falta de solidaridad y la injusticia que cometen con los productores. En ese sentido hay que unir fuerzas”.  

La charla se desarrolla en un ambiente de fiesta, en pleno brindis del fin de rodaje, hace algunos meses. Serrano se muestra animoso, entusiasmado con el resultado de la filmación y con el material que, tras varios meses, al fin está listo para llegar a pantallas, en plena semana de la celebración 200 de la Independencia de México. La fecha de honor para una película con este tema. El director se nota orgulloso y satisfecho.  

“Nunca había hecho una película histórica. Yo tenía mucho pánico de que me quedara acartonada, y al parecer y a juzgar por lo que han visto cosas, eso lo superamos. Está viva porque estuvo vivo el proceso de filmación”, puntualiza Serrano.   

Al margen de un debate sobre la historia y sus protagonistas, al que puede invitar de forma directa o parcial esta película, también se ha destapado en ella una brecha de libertad narrativa, haciendo a un lado el “corsé” de la historiografía convencional. “Es una historia universal —afima Serrano— es la historia de un hombre que va a morir y recuerda los mejores años de su vida, que se atrevió a vivir sin tantos prejucios, en la lucha por querer ser lo que uno cree que es, por defender sus principios, siento que esa historia no tiene tiempo.   

“Hay una anécdota muy bonita —continúa Serrano— sobre un actor español que contratamos para un papel. Llegó aquí y hablaba maravillas del guión y de la historia, pero se llevó una gran sorpresa cuando se enteró que Hidalgo existió en realidad, porque él creía que era un personaje inventado… Fue muy edificante saber que había algo que contenía la historia que no necesariamente tenía que ver con el hecho de que es un personaje histórico, no es lo que le da su valor. Claro, para México, sí cuenta esa connotación”. 

Se rechaza de tajo una visión complaciente 

El aguerrido productor Luis Urquiza, cuya experiencia data de filmes como Un mundo maravilloso (2006) y El viaje de Teo (2008), se muestra con mucha confianza sobre el resultado del filme, pues asegura que Hidalgo, la historia jamás contada posee todos los atributos para entretener a un amplio público.

“Es una película donde el público se va a sentir bien tratado -asegura Urquiza- metido en una época con un proyecto histórico donde tratamos de hacer versoimil, y no chafeemos en la ambientacoón, en el vestuario. El público sobre todo se va a divertir, lo vamos a agarrar del corazón, lo vamos a estrujar y soltarlo. Toño Serrano tiene esa gran virtud con sus proyectos”.

Asimismo, Urquiza reflexiona sobre la relevancia de abordar los temas de la historia de México para comprender mejor la circunstancia actual, pero sin hacer concesiones gratuitas al discurso oficialista y al conformismo de la revisión histórica sin un ángulo crítico.

“Si puede destacarse uno de los méritos de estos filmes, es que entre sus realizadores se rechaza de tajo una visión complaciente de nuestra realidad que es decantada en cada argumento: “No hay nada qué festejar —responde el productor Urquiza— lo único que nos saca adelante es algo parecido al espíritu de ese Hidalgo vivaracho, esa misma viveza que nos hace vivir día a día, el que nos permite vivir en Ciudad Juárez, en lugares peligrosos, en esta ciudad que tienes que ir con los vidrios cerrados en el periférico”, remata.

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Por Hugo Lara Chávez

Cineasta e investigador. Licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana. Director-guionista del largometraje Cuando los hijos regresan (2017). Productor del largometraje Ojos que no ven (2022), entre otros. Director del portal Correcamara.com y autor de los libros “Pancho Villa en el cine” (2023) y “Zapata en el cine” (2019), ambos con Eduardo de la Vega Alfaro; “Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos” (coordinador) (2015), “Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-201” (2011) con Elisa Lozano, “Ciudad de cine” (2010) y"Una ciudad inventada por el cine (2006), entre otros.