Por Perla Schwartz

Los hermanos Joel y Ethan Coen, forman una gran dupla en la realización cinematográfica. En la industria se les conoce como “el director bicéfalo” debido a que la mayoría de sus trabajos los filman en forma conjunta. Tienen la gran virtud de manejar con maestría el género cinematográfico que se propongan. Lo mismo filman comedias entrañables como “Educando a Arizona” (1987), que cine negro de primer nivel como “El hombre que nunca estuvo allí” (2001), o neo-westerns como “No hay lugar para los débiles” (2007).

En ocasiones entremezclan géneros con gran fortuna como en “Barton Fink” (1991), una comedia con un humor muy negro. Ahora, de nueva cuenta los Coen nos vuelven a sorprender con su nueva entrega “Temple de acero” (“True grit”), que parte de la novela homónima de Charles  Portis de 1968, ya llevada al cine anteriormente por Henry Hathaway en 1969, con John Wayne como protagonista, actor arquetípico de los westerns.

Estamos ante una parábola del bien y el mal, que se despliega como una fábula tragicómica de primer nivel, tanto en sus elementos cinematográficos, como en el ritmo de la historia y en un sólido reparto presidido por el solvente Jeff Bridges, en el papel protagónico.

La historia es por demás sencilla y tiene una postura donde la mujer queda como un ser valiente y atrevido. Mattie Ross (Hailee Steinfeld) ve como es asesinado a sangre fría su padre por Chaney, un forajido (Josh Brolin) y decide tomar cartas en el asunto y vengar dicha muerte.

Para ello recurre al mal encarado sheriff Gallo Cogburn (Bridges), un hombre tuerto y borrachín pero que se apasiona por imponer justicia. A pesar de las reticencias de éste, parten a buscar a Chaney a territorio indio, y una parte de la expedición los acompaña el tejano La Boeuf (Matt Damon) quien también quiere capturar al mismo maleante.

En la historia se destacan la ética y los valores morales. Y la determinación de Mattie en un mundo dominado por los hombres. Tanto en la fotografía de Roger Deakins y la música de la autoría de Carter Burwell, los Coen una y otra vez hacen guiños a “La noche del cazador” de Charles Laughton, y a pesar de que Hathaway ya había filmado la misma novela de Portis, como se mencionaba, en ningún momento su versión de “Temple de acero” desmerece ante su antecesora y ello rara vez ocurre con un remake.

Los Coen saben de cine y  cómo plasmar las imágenes en movimiento en pantalla. Su actual filme es simplemente delicioso  e inyecta de aire fresco al anquilosado género del western, que parece vivir un nuevo aire.

Para la próxima entrega de los Óscares fueron nominados en 10 categorías, donde se incluyen mejor película, mejor director y mejor actor (para Jeff Bridges, quien le imprime gran fuerza al trabajo fílmico).

“Temple de acero” (“True grit”). 

Estados Unidos. 2010. Dirección: Joel y Ethan Coen. Guión de ellos mismos en base a la novela homónima de Charles Portis. Música: Carter Burwell. Fotografía: Roger Deakins. Intérpretes: Jeff Bridges, Matt Damon, Josh Brolin, Hailee Steinfeld. Duración: 110 minutos.

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