(L-R): Miranda Priestly (Meryl Streep) and Andie Sachs (Anne Hathaway) in 20th Century Studios' THE DEVIL WEARS PRADA 2. Photo by Macall Polay. © 2025 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Por Lorena Loeza

Es de sobra conocido el refrán de “segundas partes nunca fueron buenas” y generalmente se acepta como una verdad comprobada. Y no por mera suposición sino porque hay numerosos ejemplos que confirmarían dicha sentencia. Pero como suele suceder en estos casos, también hay excepciones. Y esta película parece ser una de ellas.

El Diablo viste a la moda es la versión cinematográfica del libro “Devil wears Prada” (2003) escrito por Lauren Weisenberg, quien también escribió “Revenge Wears Prada: The Devil Returns” (2013) mismo que es inspiración para la secuela cinematográfica.

Subrayamos por cierto, que es inspiración, porque de hecho hay elementos en la novela que no fueron adaptados de manera fiel en la película, y al parecer ocurre lo mismo con la segunda parte. Sin embargo, ello no impide que la versión cinematográfica sea sumamente popular entre las y los millennials, logrando que personajes como Miranda Priestley y Andy Sachs sean considerados íconos para toda una generación, y la película una de las más populares de la primera década del siglo XXI.

Y la verdad, resulta sencillo entender la razón de semejante éxito. La historia aborda el mundo laboral en medio de los cambios vertiginosos que caracterizan nuestra era:  la vieja escuela, autoritaria e inflexible, compite con personas que ya no toleran el maltrato sin obtener nada a cambio ni persiguen sueños vacíos. Todo esto ocurre en la redacción de una revista de moda y alta costura, donde el periodismo se mezcla con el glamour de la manera más excluyente y aspiracional que se puedan imaginar.

El mensaje es poderoso porque habla del precio del éxito en un sistema que exige demasiado y devuelve poco, sino es que nada. Además, captura la experiencia emocional, laboral y de género de toda una generación de personas adultas jóvenes que se enfrentaban por primera vez a la vida laboral.

La expectativa por la segunda parte, por tanto, no es sólo nostalgia; es volver a mirar en un espejo sociológico lo que pasó mucho tiempo después para quienes crecieron entre expectativas imposibles y mercados laborales implacables.

Es así que diez años después de la famosa película, la secuela – dirigida por Davis Frankel-  nos muestra a Andy Sachs (Anne Hathaway) como una periodista reconocida, aunque viviendo al día en trabajos donde podría ser despedida en cualquier momento. Miranda Priestley (Meryl Streep) enfrenta la tensión de sobrevivir a nuevas tendencias, la era digital y la cultura de la cancelación. También reaparece Nigel (Stanley Tucci), fiel a Miranda y lo que representa, pero consciente de que el mundo ha cambiado; y Emily (Emily Blunt), quien ha hecho carrera en otras firmas de moda.

Es importante destacar que la adaptación imaginó a los personajes en escenarios diferentes, pero fieles a su esencia y a las características que los hicieron tan populares. Quizá lo más relevante es el esfuerzo por humanizar a Miranda, reconociendo que, al final, existen lecciones aprendidas que vale la pena reconocer.

La película conserva su esencia y su mensaje principal: el camino hacia el éxito es sinuoso y está lleno de obstáculos que van más allá de perseguir un sueño. Por ello, seguramente dejará satisfecho al público que ha crecido, tanto personal como laboralmente, con esta historia.

Además, cuenta con una gran producción y un elenco cómodo y seguro con la continuidad de sus personajes, mostrando una evolución creíble para ese peculiar tipo de “coming of age adulto” o comedia con humor, sátira y crítica social que la historia representa.

Quizá lo más interesante de la historia que recupera esta secuela es que nos sitúa en un mundo donde todo gira alrededor de la moda: no sólo como industria, sino como lenguaje cultural capaz de definir jerarquías, identidades y aspiraciones.

La moda es el escenario donde se entrelazan poder, ambición y transformación personal; funciona como el hilo que une a Miranda, Andy y Emily, y como el espejo que revela quiénes son y quiénes están dispuestas a ser. Aunque la historia aborda tensiones éticas, laborales y emocionales, su fuerza radica en ese universo donde cada prenda narra una intención y cada elección estética afirma un lugar en el mundo.

En El diablo viste a la moda 2, la moda aparece como un sistema que define identidades, pertenencias y jerarquías, y ellas lo habitan con plena conciencia de su alcance simbólico. Y eso es posible porque, efectivamente: ellas saben que, a pesar de todo, lo único que queremos es ser como una de ellas.

Por Lorena Loeza

Es Maestra en Estudios Latinoamericanos y Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es Profesora en Educación Preescolar por la Escuela Nacional de Maestras de Jardines de Niños. En el año 2000 recibió la Medalla Alfonso Caso al Mérito Universitario, por parte de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue Votante Internacional de los Globos de Oro en su edición 2025. Ha participado como ponente en congresos nacionales e internacionales de análisis cinematográfico como el Coloquio Nacional de Cine Regional, organizado por la UNAM y la Universidad de Guadalajara; el Coloquio sobre Cine Mexicano, organizado por el FestivaL Internacional de Cine de Morelia; también impartió la Conferencia “La idea del mal en El Exorcista” en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Morelos. Participó en la publicación conjunta “Femmes Fatales. 12 escritoras hablan de cine de terror” editado por el Festival Macabro y Editorial Samsara y en “Año Covid. Notas sobre el cine y la cultura en el año de la pandemia” publicación conjunta de Corre Cámara y Alphaville Cinema. Actualmente es consultora en temas de género y derechos humanos. Es colaboradora en Corre Cámara y otras publicaciones electrónicas de análisis cinematográfico; y en la Silla Rota en temas de género y derechos humanos.