Redacción. El documental “Sones mixes en la ciudad”, de Yovegami Ascona, recibió  el premio de mayor reconocimiento del certamen “Miradas sin tiempo”, por su creatividad y propuesta acerca de la historia de la migración musical y de una
nueva tradición en la Ciudad de México que rescata del olvido sones y jaranas del norte del
Istmo de Tehuantepec, desde los años 70. En el mismo acto recibieron premios siete trabajos fílmicos en las tres categorías: Documental y Cortometraje de ficción,
Videoclip y Proyecto Fílmico.

El Primer Concurso Nacional de Documental y Cortometraje para Jóvenes “Miradas sin tiempo” fue convocado por los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) y Mexicano de Cinematografía (Imcine), con la intención de estimular la creación de cine antropológico que ofrezca nuevas miradas sobre la diversidad cultural tanto del ámbito rural como urbano, porque con la migración, en las ciudades se están recobrado importantes tradiciones de comunidades indígenas, señaló el director general del INAH, Alfonso de Maria y Campos.

Otro de los premios de “Miradas sin tiempo” fue el que se entregó a
David Rodríguez Jaramillo (DF), por su trabajo titulado Cardenche, en la
categoría de Videoclip. Se trata de una propuesta animada, basada en
calaveras que representan antiguas y casi olvidadas voces cardenchas,
como una alegoría a la muerte que amenaza este canto popular mexicano,
hoy en peligro de extinción, propio de los campesinos de Durango y
Coahuila.

El primer lugar en la categoría de Apoyo al Desarrollo
de Proyectos Fílmicos se otorgó al trabajo Vestigios del paraíso,
elaborado por Antonio Hernández Martínez. Es un ensayo visual basado en
la historia de tres niñas de familias distintas que buscará hacer un
retrato etnográfico y antropológico de la sociedad de la Costa Chica de
Oaxaca, particularmente de las afrodescendientes, y de los problemas que
enfrentan por la gran afluencia de turismo y las afectaciones en la
reserva natural, a su vez origen de conflictos sociales dentro de la
comunidad.

En la categoría de Documental, el premio del segundo
lugar se entregó a Sin Norte, de  Eveidy Ma. Pineda Barrón, que narra la
historia de dos jóvenes de Ciudad Juárez que optan por la vida y la
esperanza en una situación de conflicto y violencia; y el tercer lugar
fue para el documental Negro Cimarrón, de Mauricio Talamantes Ojeda, que
toca la historia de Yanga, esclavo que se rebeló contra la sumisión en
Veracruz.

Mientras que en la categoría de Videoclip, el segundo
lugar se entregó a U Jets’mek’il Aurora,  que recrea una tradición de
bautizo yucateco, realizado por Mario Braga Miranda; y el tercer lugar
correspondió a El callejón del beso, dirigido por Oscar Palacios, que
recupera esa antigua leyenda de Guanajuato, con animación y a ritmo de
hip hop.

Durante la ceremonia de premiación, el titular del INAH destacó que, precisamente, con la finalidad de apoyar trabajos de propuestas frescas y novedosas, el certamen estuvo dirigido a jóvenes de entre 18 y 30 años. “Quisimos poner un tope en la edad de los concursantes a fin de que se convirtiera realmente en un espacio para jóvenes realizadores, con o sin experiencia, pero con la suficiente creatividad e interés por nuestra realidad, para plasmarla en proyectos fílmicos”.

De Maria y Campos reconoció la participación de los 47 trabajos presentados al certamen, algunos de los cuales —dijo— sorprendieron al jurado por su gran calidad, capacidad narrativa y compromiso con los temas establecidos en la convocatoria, aspectos que, más que la técnica, fueron considerados para otorgar los reconocimientos.

Asimismo, agradeció el interés del Imcine y de los convocantes asociados: Once TV, Fundación Grupo Acir y Google México, para hacer posible este primer concurso de cine y video antropológico.

“Sones mixes en la ciudad” recibió el premio del primer lugar de la categoría de Documental. Su realizador, Yovegami Ascona Mora, originario de la comunidad mixe de San Juan Guichicovi, Oaxaca, en la región norte del Istmo de Tehuantepec, comentó que su trabajo es una recreación de la presencia de esta etnia en la Ciudad de México, a través de la historia de la Banda Rey Condoy Mixe, cuyos integrantes llegaron en los años 70, originarios de la comunidad de Tlahuitoltepec.

En esta primera edición del concurso “Miradas sin tiempo” participaron 47 trabajos, de los cuales 8 aspiraban al apoyo a desarrollo de proyectos, 13 a videoclip, 9 a cortometraje y 17 a documental. Las propuestas recibidas provinieron de muy variadas entidades de la República, como Chihuahua, Veracruz, Colima, Campeche, Nayarit, Estado de México y el Distrito Federal.

Los trabajos ganadores de “Miradas sin tiempo” estarán disponibles en breve en el canal de INAHTV en YouTube: http://youtu.be/Q0uEHq1xGtM
 

Sones mixes perviven en la gran ciudad
 
El realizador de Sones mixes, Yovegami Ascona comentó que en estas comunidades las bandas de música juegan un papel social predominante porque enlazan a toda la comunidad; durante las fiestas, los velorios, en las misas, siempre está la banda, y resulta que esa  tradición viajó a la ciudad con los migrantes.

Pudiera pensarse que al llegar a la ciudad, la música mixe sufriera cambios en el proceso de adaptación a un nuevo entorno, sin embargo, aquí ocurrió lo contrario, advirtió el joven creador de 22 años,  “la Banda Rey Condoy Mixe sigue tocando los sones y las jaranas igual que en los pueblos, incluso los sones más antiguos, llamado ‘sones abuelitos’, es aquí en la ciudad donde más se tocan y escuchan. Esta tradición se ha reforzado en el ámbito urbano mucho más que en las propias comunidades, donde actualmente hay más influencia de las bandas de música sinaloense y moderna que han ganado espacio”.

Yovegami Ascona comentó que los bailes ya no se amenizan como hace algunos años, con las bandas mixes, sino con grupos de música sinaloense o duranguense, “y con el cambio de música se modifica todo: desde cómo se baila hasta el vestuario. Eso se está viendo actualmente en la región mixe y resulta que aquí en la ciudad es donde están guardados y se tocan los sones de los abuelos”.

El joven mixe dijo sentirse comprometido con su cultura, quiere colaborar en su rescate, mostrarla a su generación para que le entre el interés de conservarla, por eso emprendió la aventura de grabar el documental de 35 minutos, donde cuenta en un primer momento la historia de la Banda  Rey Condoy Mixe: cuándo y cómo llegaron los integrantes al DF, qué propició su integración, los primeros pasos para formar la agrupación; la mayor parte de la historia narra cómo se desenvuelve la banda en la ciudad.

A partir de la historia de la banda, la narrativa involucra la música en ámbitos culturales mucho más amplios de los mixes: las fiestas, la preparación de los tamales, la lengua. El documental termina con las escenas de una gran kermés, porque en la urbe las fiestas patronales se han tenido que sustituir con otras celebraciones que sirvan para integrarse como comunidad mixe.

El realizador concluyó que en otros tiempos la tecnología se ha visto como un atentado a las culturas indígenas, pero las nuevas generaciones “la hemos agarrado para ponerla a nuestro favor”. Hoy existen muchas páginas de Internet de la región mixe alimentadas por jóvenes que suben fotografías e información de nuestra cultura. Yo rescato mis tradiciones a través del video, me vinculo con mis orígenes y los exploro”.