Por Hugo Lara

Tin Tan es vapuleado por el luchador de un circo ambulante, a cambio de los 500 pesos que se prometen a quien lo logre vencer. Luego de la felpa, Tin Tan se ofrece en vano para ceder por dinero una de sus córneas, pero el médico a cargo lo rechaza porque ha llegado tarde. Después comienza a mendigar en la calle hasta que ve una oportunidad para ganar dinero rápido, sustituyendo al intrépido hombre-mosca para trepar por la fachada de Catedral. Todo eso, Tin Tan lo hace para intentar rescatar a su novia, quien ha sido llevada a prisión injustamente a causa de uno de sus enredos. Y es que Tin Tan, en la inolvidable película “El revoltoso”, es el alborotador ideal, el pícaro de buenas intenciones que es capaz de echar todo a perder, el bullanguero que puede causarles estropicios a los que tiene a un lado, el metiche que de las cosas más insignificantes hace una bola de nieve que crece y crece a cada paso.

“El revoltoso” es una de las películas que mejor exhiben el estilo de este cómico inigualable del cine mexicano, el “Pachuco de Oro” que este 19 de septiembre de 2015 cumpliría 100 años de nacimiento, ocurrido en la Ciudad de México, en 1915, en plena revolución mexicana.

Tin Tan era un genio del humor desaforado, frenético, basado en los chispeantes intercambios de palabras y en la resolución espontánea de muchas escenas, fruto del entendimiento secuaz entre los talentos identificado con él y que recurrentemente lo acompañaron en sus películas: desde el director Gilberto Martínez Solares a los actores Marcelo Chávez, Wolf Rubinskis, Vitola, José René Ruiz “Tun Tun”, y Juan García “el Peralvillo”, también hábil dialoguista quien contribuyó en la redacción de algunos guiones.

Como se sabe, desde niño se transladó con su familia a Ciudad Juárez, donde se inició como imitador, locutor y animador de un programa radiofónico, y asimiló una parte fundamental de las influencias culturales del zoot suit que nutrirían a su personaje del pachuco, que a la sazón se hacía llamar Topillo Tapas. Sus diversas habilidades, le valieron ser reclutado en la compañía de Paco Miller, quien lo bautizó como Tin Tan y le hizo formar pareja con Marcelo Chávez, el que sería su “carnal” por más de dos décadas.

En 1943, debutó en la Ciudad de México en un teatro de revista y comenzó a hacer carrera en el cine, a partir de su pequeño papel en “Hotel de verano” (1943), a la que seguirían películas ya como estelar como “El hijo desobediente” (1945), “Con la música por dentro “(La música por dentro, 1946), “Hay muertos que no hacen ruido” (1946), “Músico, poeta y loco” (1947) y “El niño perdido” (1947).

La clave de su humor

Como ocurre con otras películas del mismo Tin Tan, como “El rey del barrio” (1949), dirigida por el mismo Martínez Solares y considerada por muchos como su obra cumbre, la trama de “El revoltoso” se desarrolla a partir del eslabonamiento de diferentes situaciones cómicas, una suerte de sketches independientes narrativamente, que se unen entre sí mediante el hilo que establece la relación amorosa con la novia del personaje protagonista, en este caso, Perla Aguiar. El resultado es una suerte de ferrocarril a toda marcha, a partir de una sucesión de eventos que se vinculan por la imaginativa y extravagante personalidad de Tin Tan, su talento para improvisar y a quien vemos en un rol polifacético, ya sea mostrándose con su campechana torpeza como bolero en un parque, como un errático electricista en su vecindad, como un buscapleitos en el establo de boxeadores, como un presidiario despistado, o como el atarantado cómplice de una defraudadora en un juego de cartas de la alta sociedad.

La virtud de Tin Tan —gran bailarín, buen cantante y besuqueador rompe-récords— es que siempre mantiene su antisolemnidad y su irreverencia, algo que lo ha conectado hasta la fecha con el público joven. La prueba de su irreverencia es que sabe burlarse primero de él mismo, sin conceder compasión ni provocar lástima y eso hace muy disfrutable su humor. Hay ahí una gran cantidad de signos de inteligencia, abrazados por el personaje de Tin Tan quien, luego de hacerse famoso por su imagen de Pachuco y la cultura fronteriza, también se apropió plenamente de la piel del capitalino de barrio que se abre paso a punta de su ingenio y su talento, de su suerte, buena o mala, que puede anteponer al dolor la resistencia de la risa, a la miseria el esfuerzo o a los problemas los desafíos,  y por ello se convierte en un personaje que difícilmente se puede vulnerar, con todo y su humilde condición proletaria. De ahí la gracia de su discurso de clases, otra vez en “El revoltoso”, en la escena del accidente vial, donde clama por la unión de los pobres contra sus enemigos los ricos, una muestra más de su capacidad para chacotear sobre cualquier asunto, sin que jamás se tome alguno a pecho. Lo hace de la misma forma con algunas alusiones a la marihuana en “El rey del barrio” y otras películas. Hoy no es un secreto su afición a la cannabis, quizá un ingrediente que estimulaba su imaginación.

En buena medida, la última escena de “El revoltoso” corona con acierto la espiral ascendente de esta comedia disparatada y subversiva, cuando Tin Tan sube por la fachada de la Catedral metropolitana hasta llegar a la punta de la torre más alta, donde se tambalea sobre la cruz de la cúpula haciendo malabares, emulando al King Kong en su escalada en el Empire States y, ante el asombro general, azuzando el calmor de la multitud que lo observa en la explanada con sus peligrosas acrobacias. Todo lo cual resulta ser un esfuerzo inútil, como se sabrá enseguida, pues su novia ha sido declarada inocente y puesta en libertad. Esta secuencia final es la suma de los elementos que Tin Tan mejor explota en “El revoltoso”, que pondera la atractiva hipótesis de que es mejor un mundo puesto de cabeza a causa del amor, que un mundo al derecho que pone mil obstáculos para alcanzar la felicidad.

Tin Tan y su amada se van a reencontrar cuando él ha reprobado todas las pruebas salvo una, la más difícil: claudicar de los sentimientos. Así que al final sospechamos que Tin Tan es un héroe a medias, que no rescata a su novia, que no vence a sus enemigos, que no supera las pruebas pero, por otro lado, estamos ciertos que es un gran héroe, pues demuestra su valor honesto y su amor incorruptible. Y a nosotros nos demuestra que el humor es un buen método, el mejor, para hacernos más tolerantes, más inteligentes y más sensibles.

El trayecto de Tin Tan

Su vinculación con el cineasta Gilberto Martínez Solares le daría los mejores frutos de su trayectoria: más de una treintena de cintas, entre ellas varias de sus mejores como “Calabacitas tiernas” (1948), “El rey del barrio” (1949), “Simbad el mareado” (1950) “¡Ay amor… cómo me has puesto!” (1950), “La marca del zorrillo” (1950), “El ceniciento” (1951), “El revoltoso” (1951), “El bello durmiente” (1952) y “El sultán descalzo” (1954).

Después, hasta la conclusión de los cincuenta, siguió entregando muestras de sus múltiples talentos. También, fue productor de varios filmes en los que actuó, entre ellos “El mariachi desconocido” (1953), “El médico de las locas” (1955), “El gato sin botas” (1956), “El tesoro del rey Salomón” (1962) y “Gregorio y su ángel “(1966), y en dos ocasiones incursionó como argumentista y guionista: en las cintas “Tintanson Crusoe” (1964) y “El capitán Mantarraya” (1970), en la que, por única vez, fungió como director.

Luego de su muerte, el 29 de junio de 1973 en el Distrito Federal, sus amistades y familiares siempre lo recordaron con mucho cariño, como un hombre generoso, divertido y despilfarrado. Tin Tan en el cine se interpretaba a sí mismo. Hay numerosas anécdotas que dan referencias de ello, que han narrado sus hermanos actores —Manuel “El Loco”, Ramón y Antonio “El Ratón—, su hija Rosalía o sus amigos.  Por todo ello, el Pachuco de Oro quizás sea la figura de la Época de Oro del cine nacional que mejor ha logrado identificarse con las generaciones más jóvenes, incluso por arriba de Cantinflas o Pedro Infante.

(*): Con motivo del centenario de su nacimiento, la Cineteca Nacional de México presenta en sus salas 1, 2 y 3 la exposición “Simplemente Tin Tan”, la cual reúne fotografías, videos y cartas alusivas al actor. También se proyectará a partir del 2 de octubre un ciclo con 12 películas del también cantante, así como se ha editado un libro escrito por su hija, Rosalía Valdés.


Por Hugo Lara Chávez

Cineasta e investigador. Licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana. Director-guionista del largometraje Cuando los hijos regresan (2017). Productor del largometraje Ojos que no ven (2022), entre otros. Director del portal Correcamara.com y autor de los libros “Pancho Villa en el cine” (2023) y “Zapata en el cine” (2019), ambos con Eduardo de la Vega Alfaro; “Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos” (coordinador) (2015), “Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-201” (2011) con Elisa Lozano, “Ciudad de cine” (2010) y"Una ciudad inventada por el cine (2006), entre otros.