Por Hugo Lara Chávez

A raíz del Ciclo Voces y Miradas del Cine Mexicano, que se presenta en la nueva Cineteca Chapultepec, he tenido la oportunidad de revisitar algunas películas mexicanas que fueron un éxito en taquilla, aunque no necesariamente de crítica. Sin embargo, con el paso de los años, se han convertido en filmes memorables que han logrado pasar la prueba del tiempo. ¿Por qué algunas películas consiguen esto?

Este es el caso de “Matando Cabos” (2004), ópera prima de Alejandro Lozano, con guion suyo coescrito junto a los actores Tony Dalton y Kristoff Raczynski. Fue además la primera producción de los hermanos Fernando y Billy Rovzar bajo la firma de Lemmon Films, así como del director de fotografía Juan José Saravia. Se trata de un proyecto que representó, para este grupo, su primera experiencia en el cine profesional.

La trama es un conglomerado de referencias al cine que entusiasmaba tanto a su director como a sus coguionistas —quienes también se convirtieron en los protagonistas del filme. Salta a la vista la influencia de Quentin Tarantino, Guy Ritchie, Martin Scorsese, el cine de luchadores, así como otras citas que en algunas entrevistas han revelado, como “Un muerto… pero de risa” (Weekend at Bernie’s, Ted Kotcheff, 1989). Todo eso lo amalgaman los guionistas y el director en una comedia de humor negro con enredos criminales y giros de tuerca descabellados. Si bien abundan estas imitaciones cinematográficas, también hay una cuota de frescura que le otorgó a la película un sello de autenticidad que el gran público aceptó de buen grado. Recuerdo haberla visto en su estreno y el público reaccionaba con risas y entusiasmo, recomendándola de boca en boca.

Matando Cabos” relata el conflicto de Jaque (Tony Dalton), un joven ejecutivo que trabaja para el iracundo empresario Óscar Cabos (Pedro Armendáriz), quien descubre que aquel tiene un amorío con su hija, relación a la que se opone con lujo de violencia. Sin embargo, Cabos sufre un tonto accidente en su oficina y queda inconsciente ante la presencia de Jaque, quien llama a su amigo El Mudo (Kristoff) para urdir un plan y salir del aprieto. Así, meten a Cabos en la cajuela de su automóvil. Simultáneamente, otros dos sujetos, Botcha (Raúl Méndez) y Nico (Gustavo Sánchez Parra), intentan secuestrar a Cabos, pero lo confunden con uno de sus empleados, a quien meten encapuchado y amordazado en su camioneta. Así comienza una noche de peripecias en torno a los dos encajuelados, donde aparecen personajes exóticos como el exluchador Rubén “El Mascarita” (Joaquín Cosío) y su compañero Tony “El Caníbal” (Silverio Palacios), quienes tratan de ayudar a Jaque y a El Mudo.

El relato se va enredando entre persecuciones y malentendidos, con resoluciones caprichosas que buscan hacer reír mediante el factor sorpresa y la coincidencia. Una de sus escenas climáticas es la legendaria persecución que termina en el Estadio Azteca, en la que uno de los autos sale proyectado por un túnel, cae por las gradas y termina en la cancha. Según se ha dicho, fue la escena más cara del cine mexicano hasta aquella época. Hay que recordar que veníamos de un cine que comenzaba a desplegar sus velas después de la dura crisis de los años noventa, y que ya habían aparecido títulos como Amores perros (2000), con su famosa escena del espectacular choque de autos que une las tres historias. De modo que sí, ya era bien sabido que una escena así impactaba mucho a la audiencia. ¿Pero realmente era tan necesaria? Solo para pensarlo: en el remake español de la película, bajo el título de “¿Quién mató a Bambi?” (2013), se hicieron muchas adaptaciones, incluso desaparecieron a los personajes que se volvieron los más populares en México (“El Mascarita” y “El Caníbal”), pero la escena del estadio se quedó, con un remate excelente: el futbolista estrella Andrés Iniesta entrena en el césped cuando el auto cae violentamente y se acerca a reclamarle al conductor: “¿Tío, estás loco? ¿No sabes que este césped es sagrado?”.

“Matando Cabos” también experimenta con el lenguaje aduiovisual, el que estaba en voga en aquellos años, que abrevaba de la estética de MTV: flashbacks para romper la estructura lineal, pantalla dividida, edición vertiginosa con base en jump cuts, voz en off, mezcla de estilos visuales, entre otros.

Regresando a Matando Cabos, sin duda uno de sus aspectos más destacados es su ensamble actoral, que dota de naturalidad a los personajes y logra moverlos del estereotipo. Tony Dalton, que venía de la televisión, con el paso de los años se convirtió en un actor respetado, y actualmente ha extendido su actividad a Hollywood. Joaquín Cosío y Silverio Palacios dieron el salto para convertirse en figuras necesarias y constantes del cine nacional. Pedro Armendáriz, con su breve participación, aporta la experiencia y presencia de un consagrado. Y hacen lo suyo Gustavo Sánchez Parra (el delincuente favorito del cine mexicano desde Amores perros), Ana Claudia Talancón y Raúl Méndez. “Matando Cabos” fue nominada a cinco premios Ariel sin ganar ninguno, incluyendo dos por mejor coactuación masculina (Cosío y Méndez), mejor edición, mejor maquillaje y mejores efectos especiales.

Matando Cabos

(Matando Cabos, México, 2004, Dur.: 99 mins.)

Director: Alejandro Lozano Guión: ony Dalton, Alejandro Lozano, Kristoff Raczynski. Con: Tony Dalton (Javier)/ Ana Claudia Talancón (Paulina Cabos)/ Pedro Armendáriz Jr.(Oscar Cabos).  Distribuidora: Sin distribuidor. Clasificación: B15

Por Hugo Lara Chávez

Investigador, escritor y cineasta, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Artes (2023). Egresado de la Licenciatura en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Ha producido el largometraje Ojos que no ven (2022), además de dirigir, escribir y producir el largometraje Cuando los hijos regresan (2017) y el cortometraje Cuatro minutos (2021). Fue productor de la serie televisiva La calle, el aula y la pantalla (2012), entre otros. Como autor y coautor ha publicado los libros Pancho Villa en el cine (2023), Zapata en el cine (2019) en calidad de coordinador, Dos amantes furtivos: cine y teatro mexicanos (2016), Ciudad de cine (2011), *Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011* (2011), Cine y revolución (2010) como editor, y Cine antropológico mexicano (2009). En el ámbito curatorial, fue curador de la exposición La Ciudad del Cine (2008) y co-curadór de Cine y Revolución presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso (2010).En el ámbito periodístico, ha desarrollado crítica de cine, investigación y difusión cinematográfica en diferentes espacios. Desde 2002 dirige el portal de cine CorreCamara.com. Es votante invitado para The Golden Globes 2025.