Por Daniela Creamer
Noticine.com-CorreCamara.com

Cannes. A veinte kilómetros del Palacio del Cine, lejos de la algarabía de los paparazzi y de los cazadores de autógrafos que circulan por la Croisette, el director mexicano Alejandro González Iñarritu ha dado voz y vida a quienes no la tienen, “solo en los noticieros y en las estadísticas”. Se titula “Carne y arena” el infierno virtual que nos muestra las dramáticas condiciones del inmigrante a su llegada a Estados Unidos. Junto a un enorme muro de metal, un pedazo de aquel real que se alza en la frontera entre México y Estados Unidos, hay una puerta de hierro que conduce a un cuarto frio. En el suelo, montones de zapatos destrozados. “Son los de estos inmigrantes, especialmente de mujeres y niños muertos en el desierto”, explica. El espectador es conminado a descalzarse en la antesala.

La experiencia, catártica y conmovedora, dura seis minutos y medio, ha sido filmada por su fotógrafo fetiche Emmanuel Lubezki. En el gran estudio set, un hangar del aeropuerto de Mandelieu, caminas solo y descalzo sobre arena, con una mochila en la espalda y el casco virtual. De improviso, estamos en el desierto mexicano, en el cielo irrumpe un helicóptero atronador, con el faro apuntándonos sin piedad. Al lado, una señora que gime de dolor y se desmaya, una pareja con un niño, gente desesperada corriendo. Tienen terror y se abrazan. Llegan dos todoterrenos, descienden los policías y nos apuntan con el fusil. Un joven con las esposas, sobre la arena, y apuntado en la cabeza, cuenta obligado su historia, como todos los otros. No es como verlos en la pantalla grande, estas allí, de pie, literalmente sufriendo con ellos. Y cuando entras en contacto con sus cuerpos, como un ectoplasma, les ves el corazón, la sangre, la carne…

Está auspiciada por la Fundación Prada que la expondrá en Milán desde el próximo junio. “Si se llega a recuperar dinero de esto, es para una fundación de migrantes”, señaló ayer el cineasta en declaraciones exclusivas a NOTICINE.com, en la terraza del Hotel Marriott, tras las entusiastas primeras opiniones de los críticos.

– Por qué ha recurrido a la realidad virtual para plasmar una realidad tan dura?

La realidad ha dejado de ser relevante. Es bien complejo recurrir a la tecnología para hablar de algo tan horrible. Creo que estamos insensibilizados ante la cantidad de noticias y estadísticas que se pierden dentro de tanta información. Esta es una manera diferente de abordarla.

– Siempre ha estado vinculado al tema de la emigración, como vimos ya con “Babel” y “Biutiful”, pero aquí lo hace en modo muy innovador.

Si. Este viaje nació hace cinco años, pero la tecnología aún no estaba lista para hacerlo. Así que empujamos para llegar hasta lo que tenemos. No es perfecta, pero suficiente para poder explorar esta posibilidad. Me gustó la idea de que el espectador camine en la arena y entre las plantas y los cactus para brindarle esa experiencia tan sensorial. Y aunque haya explorado el tema de la emigración en otras películas, esto es muy diferente porque no es cine. Es una experiencia, más que una narrativa. Este fragmento dice más que una película de dos horas.

– ¿Lo ve como el futuro del cine?

Para nada. El cine seguirá siendo lo que es. Aunque los dos son medios audiovisuales, la Realidad Virtual es todo lo que el cine no es. No es una extensión suya, ni una herramienta de promoción. Es el nacimiento de un medio absolutamente distinto. Quizá el octavo arte. Pero tiene sus propias reglas. El lenguaje cinematográfico no aplica aquí. La definición de cine para mi es el encuadre, la longitud de una escena y la yuxtaposición de tiempo y espacio a través de la edición. Nada de eso es este nuevo medio, cuyas posibilidades son infinitas, pero te demanda. A mí como director me llevo a comenzar desde cero. Tuve que aprender todo. No hay precedentes de esto. Fue un proceso muy liberador, sin preconcepciones y prejuicios.

– ¿Las historias de estos inmigrantes que vemos son reales?

Sí, están basadas en entrevistas que hice con estas personas y en sus experiencias. Las invite a hacer un taller teatral y ensayamos. Para ellos fue difícil pues era un momento emocional fuerte. Luego filmamos en el desierto de California para que ellos encontraran la fisicalidad. Está documentado en algo real. Pero lo que más me gusto fue usar esta nueva tecnología con la que se hacen las películas de superhéroes con la gente más frágil, y explorar su realidad.

– ¿Cómo ha sido la acogida de los espectadores?

Muy curiosa. Nadie ha reaccionado igual. Me sorprende la diferencia entre los hombres y las mujeres. Son mucho más receptivas y protectoras ellas hacia el migrante. El hombre es más objetivo y distante. Unos se protegen detrás de los policías. La mayoría se arrodilla. Van cambiando su identidad y se van solidarizando. Hay gente que ha salido emocionalmente destrozada. Esto dice mucho de quien eres tú bajo una situación extrema.

– ¿Hay alguna posibilidad de que la exponga en Estados Unidos y que Trump la vaya a ver?

No me interesa Trump. Me interesa que la vayan a ver los jóvenes. Creo que todo esto se ha politizado. Creo que los inmigrantes no son una amenaza, son una oportunidad. Son muy subversivos, porque revelan lo que esta fracturado del sistema capitalista, que todo lo ve en términos de dinero y ‘profit’. Creo que estas personas se han perdido, se han diluido literalmente en el agua y en la arena. Por eso el subtítulo “Visualmente presentes, físicamente invisibles”, porque nadie las ve. Y han sido utilizadas para fines políticos de izquierda y de derecha. Nadie ve que esto es una crisis existencial humana. Y no se cuenta realmente su realidad, sus miedos, de que huyen. Esa parte se ha perdido. La han secuestrado los políticos.

– Está ya pensando en otros proyectos con esta tecnología?

Sí. Ya estamos desarrollando algunas ideas. Me va a ser muy difícil volver a la pantalla normal. La gente va a ser menos inocente. Para las nuevas generaciones, con esto ya no hay vuelta atrás. El cine continuara. Pero esto es otra cosa. Gran parte de su valor es la individualidad.