Por Ali López

Con un título como “Vampire humaniste cherche suicidaire consentant”, poco nos queda decir sobre la trama. Aunque la traducción para nuestros cines mexicanos olvidó el tan importante ‘consentimiento’, el misterio es escaso.

Sasha (Sara Montpetit), una vampira en plena edad de desarrollo y (a)dolencias, tiene que enfrentarse a la inevitable proeza de conseguir su propio alimento. Sin la posibilidad de asesinar a los humanos portadores de la sangre que le nutre y con una madre cansada de tener que proveer de hemoglobina a su hija, Sasha tendrá que salir y enfrentarse a un mundo que no la comprende, como a tantos otros. Paul (Félix-Antoine Bénard), uno de ellos. Un adolescente, pero este humano, cansado de la mundana vida que le ofrece su existencia, entre el bullying, la soledad y el desamparo.

La solución se torna de pronto sensata, ella busca una víctima y él el abrazo eterno de la muerte; sin embargo, el deseo de Sasha de cumplir una última voluntad para Paul hará que ambas partes se pregunten, y de paso nos inmiscuyan en su interrogante: ¿Cuál es, a final de cuentas, la necesidad de mantenernos con vida?

Sabiendo este cine vampiros, como tantos otros del género, que se hay ya una gran cantidad de títulos que le preceden, da por sentado, y casi de inmediato, las reglas de juego: los chupasangre no pueden ver la luz de sol, presenciar un crucifijo o ser atravesados por una estaca en el pecho; eso le daría fin a sus existencia, lo mismo que comer alguna otra cosa que no sea sangre.

Es por eso que la necesidad de Sasha es tan vital desde el primer momento, ya que no solo es el morbode otra película indie de vampiros que nos tratará de mostrar de una manera preciosista, pero hueca, la vida moderna de los seres noche (si estoy hablando de “Only Lovers Left Alive” de Jim Jarmush), es más bien un filme sobre el proceso de crecer en un mundo que es hostil, sin importar la condición, hasta sobrehumana, del ser que lo habita.

El dolor de ese crecimiento es real, al igual que la soledad. Para fortuna nuestra la directora Ariane Louis-Seize, no cae en el simple panfleto de culpar a la tecnología de toda a la miseria juvenil que acontece. Por el contrario, sitúa el problema en donde está y ha estado siempre: el mismo sistema parco que les rodea. Las ausencias familiares a causa de extendidos horarios de trabajo, un método educativo que se concentra en el adolescente funcional para un proceso económico y deshecha y menosprecia al que no tiene buena pinta de ‘adulto funcional’, una violencia social concentrada en el individualismo y la desfachatez del nihilismo que solo trae las pocas oportunidades que la juventud vislumbra en su futuro; no hay mucho más que el aquí y el ahora.

Paul y Sasha no encuentran más salida que la ruta definitiva, la de la muerte; pero sin saber muy bien por qué, hay algo que los mantiene con la necesidad de seguir adelante. Tal vez un apego a la familia que, a pesar de todo y como sea, están ahí como un soporte; o tal vez a pequeña luz de esperanza que da la compañía de alguien, ese otro con el que se puede compartir un secreto, un desafío un baile o una dosis de sangre.

El vampiro dejó de ser un ente atemorizante para convertirse en vehículo que muestre los verdaderos temores, los de la desesperanza, la soledad y el sinsentido del mundo moderno. La noche perpetúa no solo es el escenario perfecto para el vampirismo, también para demostrar la oscuridad que rodea al individuo, anónimo, perdido entre sombras, encerrado en un ataúd aún antes de perecer; pues ya es un muerto que camina, solo falta que el tiempo confirme el hecho.

Heredera directa de “A Girl Walks Home Alone At Night” (Ana Lily Amirpour, 2014), “Vampira humanista” nos da una dosis de humor negro necesaria para comprender los males que nos aquejan. Mientras la vampira de Amirpour personificaba una sociedad femenina que ya no estaba dispuesta a habitar las sombras y quedarse callada. Ahora, Sasha nos muestra a ese grupo de personas que pretenden aferrarse a los escasos soplos de vida que puede tener un mundo tan atemorizante como en el que vivimos, donde todo parece estar en nuestra contra.

Por que los vampiros nos son bestias, como lo dice Victorine (Marie Brassard) la tía de Sasha. Lo verdaderamente horroroso luce menos macabro y más como un clon de modas y tendencias, menos colmillos y más incomprensiones, menos seres de la noche y más como seres intolerantes; al final de cuentas, menos como Drácula y más como cualquier humano.